Fue multicampeón con River Plate, pasó por la Selección con Menotti y Bilardo y se retiró a los 29 años: “Vendí todas mis camisetas por necesidad”

El Araña Amuchástegui surgió de Racing de Córdoba y marcó una época con sus gambetas y su look: hoy trabaja sacando chicos de la calle y su familia vende comida casera para llegar a fin de mes. Sus anécdotas en el Millonario y en el Ciclón y el pase a Europa que duró solo cuatro días

El Araña es un símbolo del fútbol cordobés
El Araña es un símbolo del fútbol cordobés

“Me gustaba divertirme en la cancha y era lo mismo jugar con cien personas que con 100 mil en las tribunas, como lo hice en el Estadio Azteca de México. Yo quería jugar al futbol, tirar un cañito, un sombrero, una pirueta, dar un pase y marcar goles. Me daba lo mismo jugar en La Bombonera que en el potrero de la esquina de mi casa”, recuerda Luis Amuchástegui, quién debutó a los 17 años en el Racing de Córdoba dirigido por Alfio Basile.

“Tenés que ser muy bueno para que te manden a la cancha a esa edad, porque el promedio en esa época era de 22 pirulos. Tuve un debut tranquilo, ya que tomaba al fútbol como un divertimento, nada más; nunca lo tomé tan profesional”, recuerda el ex delantero de 61 años.

La carrera de Amuchástegui tocó fondo cuando los dirigentes del equipo cordobés lo vendieron al Valencia de España sin que él diera la venia. Eran épocas en las que no era tan común ser transferido al exterior, pero “El Araña” la estaba rompiendo en el club de Nueva Italia, con el que venía de ser subcampeón del Nacional de 1980, y había sido convocado para jugar en la Selección nacional comandada por César Luis Menotti. No quería saber nada y terminó viajando. Pero apenas duró cuatro días.

“Quería volver a mi país y no estar allá. Un dirigente español me tiró un fajo de 10 mil dólares arriba de la cama, me regaló un Mercedes Benz y hasta Mario Alberto Kempes vino a tratar de convencerme, pero le dije ´la plata no la quiero, me voy a ver a mi familia a Córdoba y no juego más´”, le respondí al mandamás del Valencia, me subí a un avión y volví a la Argentina”.

En 1984, por pedido de Héctor Rodolfo Veira, recaló en San Lorenzo, pase que pagó el ex presidente Fernando Miele. Un año más tarde, se fue a River Plate, donde ganó dos títulos, el torneo local y la primera Copa Libertadores.

“Mas allá de todos los nombres importantes que había en el plantel, era un equipo de hombres. Lo tenía todo ese River del Bambino. Se mostraba unido y fue el mejor equipo en la historia millonaria. Ganó todo lo que se propuso: el campeonato local, la Copa Libertadores 86 y salió campeón del mundo”, se sincera, y lo compara con el actual River de Gallardo.

“El Muñeco ya ganó lo que tenía que ganar. Hace cuatro años que no gana nada y la gente lo sigue bancando. La única diferencia es que Gallardo es de River y el Bambino no, es de San Lorenzo y de Huracán. Ese plantel del 86 tenía mejores jugadores que el actual, que sacando a Matías Suarez y a Enzo Pérez, el resto son jugadores medio pelo”, sostiene en un mano a mano con Infobae.

Pasó por San Lorenzo, donde también estuvo bajo la tutela del Bambino Veira
Pasó por San Lorenzo, donde también estuvo bajo la tutela del Bambino Veira

-¿A qué te dedicas hoy, Luis?

-Estoy trabajando en el departamento social del Poder Legislativo del Gobierno de Córdoba. Hace 14 años que me desempeño en la Defensoría de Niño, Niña y Adolescentes. Voy a los barrios carenciados a rescatar chicos para sacarlos de las calles y meterlos en el deporte. Son chicos de bajos recursos y que están metidos en las drogas. Les recomendamos que vayan al colegio para evitar que delincan. Es un tema muy complejo.

-¿Cómo es el procedimiento para sacarlos de las calles?

-Les cuento cómo fue mi vida de chiquito y toda la que tuve que pasar para ser futbolista. Hacemos un trabajo desde lo social. Además, como ex deportista les remarco lo que hice en mi carrera y cómo salí adelante. Nací también en una familia humilde y sé lo que es lucharla todos los días.

-¿Te ves reflejado en alguno de estos niños?

-Es diferente, los tiempos cambiaron mucho a cuando yo era un pibe. Yo era un bohemio pero con un poco más de recursos. Estos chicos están en las calles porque los padres viven trabajando para mantenerlos y no tienen cultura. La idea es meterlos en el deporte para que sepan lo importante que es. Y que no vivan en las calles para evitar las drogas. Ya rescatamos a varios chicos y fuimos a varios lugares en los que solo pueden ingresar personas recomendadas porque son barrios muy peligrosos.

-¿Cómo llegaste a cumplir esa labor?

-Empecé a trabajar en el Gobierno de la provincia cuando existía la Fundación “Córdoba futbol”, que integraban los mejores futbolistas de Córdoba como Fernando Galetto, el Diablo Monserrat, Víctor Sotomayor, Diego Rivadero, entre otros. Armamos un grupo y empezamos a trabajar en la parte social. Construimos seis comedores y potreros para que los chicos jueguen a la pelota. En cada barrio humilde había una canchita y cada ex futbolista que viviera cerca lo hacíamos trabajar en ese lugar. Le dábamos todos los recursos necesarios para que saquen al chico de la calle.

-¿Vivís cómodo desde el punto de vista económico?

-Vivo con el sueldo que me da el Gobierno, pero no me alcanza. No puedo vivir con el dinero que me dan, si no lo cobrara, estaría viviendo en la calle. Llegó con lo justo a fin de mes y debo hacer otros negocios familiares. Mi señora, por ejemplo, vende pizzas y empanadas caseras. No me alcanza porque está todo caro por acá. Vivo en el día a día totalmente. Por suerte, no alquilo y soy dueño de una casa, pero debo pagar mis impuestos.

-¿Por qué no pudiste hacer un buen colchón de dinero para vivir cómodamente?

-En mi época no se pagaba tan bien como ahora. Ganaba bien, pero muy diferente a lo que perciben en la actualidad. Hoy ganan mucha más plata, pero son muy pocos los jugadores que juegan bien; la mayoría son futbolistas de medio pelo para abajo. No existen los futbolistas del nivel de antes, ya que hay muy pocos que sobresalen del resto porque el fútbol argentino es muy parejo.

-Desde tu época a la fecha, ¿cambió para bien o mal el fútbol local?

-Para bien. Cuando jugaba, había muchos como yo o mejores, varios cracks que no llegaron a Primera División porque no les gustaba entrenar. En los años 90 fue cuando empezó a pagar bien este deporte, yo me retiré como profesional a los 29 años.

-¿Por qué tan joven?

-No quería jugar más. Estaba cansado de los entrenamientos y de los viajes; de las concentraciones. Pasa que debuté a los 17 años en Racing de Córdoba de la mano del Coco Basile en 1978.

-¿Qué recomendación te dio antes de debutar?

-Ninguna. Son entrenadores de la vieja escuela que te piden que juegues como vos sabés y que demuestres, nada más. Me daba la libertad para hacer lo que quería. Además, aproveché para copiar algo de su personalidad y por eso Racing llegó adonde llegó.

-¿Qué copiaste del Coco Basile?

-Su personalidad, carácter y el trato al jugador. Pero no solo de él, sino que copiaba cosas de futbolistas que se destacaban en Buenos Aires, como la gambeta de René Houseman, que fue siempre mi jugador preferido y el mejor de todos; lo único que le faltaba era cabecear. También, trataba de imitar las diagonales de Ernesto Mastrángelo y los centro de Ponce. A todo esto, le sumaba mi parte técnica como futbolista.

-¿Como te sentiste al debutar a tan corta edad?

-Es muy difícil hacerlo de tan chico y tenés que ser muy bueno para que te manden a la cancha a los 17 años, porque el promedio en esa etapa era de 22 pirulos. Tuve un debut tranquilo, ya que tomaba al fútbol como una divertimento, nada más; nunca lo tomé tan profesional. Me gustaba divertirme en la cancha y para mí fue lo mismo jugar con 100 personas que con 100 mil en las tribunas. Yo quería jugar al fútbol, tirar un cañito, un sombrero, una pirueta, dar un pase y marcar goles, no pretendía otra cosa. Me daba lo mismo jugar en La Bombonera que en el potrero de la esquina de mi casa. Fíjate que jugué en el Estadio Azteca con 120 mil espectadores como sí nada.

-¿Fue el Coco Basile quien también te llevó al seleccionado argentino?

-Sí. Recuerdo que compartí equipo con René Houseman y enfrenté a Jorge Olguín, que no me podía parar. Terminó la práctica, estaba hablando con el Coco, vino René y le preguntó: “¿De dónde sacaste a este (por mí)?”. Alfio le respondió: “Salió del semillero de Córdoba”. En ese momento lo conocí al Loco. El Coco laburaba en el cuerpo técnico de César Luis Menotti. En mi carrera me di mis gustos ya que fui dirigido por Menotti, por Carlos Bilardo en la Selección, y por Alfio Basile.

-¿Notaste diferencias futbolísticas entre Bilardo y Menotti?

-Tienen diferentes personalidades, pero les gusta el mismo fútbol. Se dice que uno es defensivo y el otro ofensivo, pero no es así. Igualmente, me siento más identificado con Bilardo que con Menotti, que es un tipo que habla, habla pero no labura. El Flaco es un motivador.

-¿Cuál es el primer recuerdo que tenés de Bilardo como entrenador?

-Cuando estaba en la Selección, el Narigón me convocó a su pieza para mostrarme un video. Le dije: “No, eso no, Carlos, porque me aburro mucho. Usted dígame qué hago en la cancha y yo lo cumpliré. Pero videos no quiero ver”, le rogué. Y me dejó ir. Era un técnico muy obsesivo y trabajador, sin dudas.

-¿En qué momento fuiste citado por primera vez a la Selección nacional?

-Soy un caso atípico. Fui citado en 1978 cuando jugaba en Racing de Córdoba, en un equipo que no era popular pero militaba en la máxima categoría. Pasa que en mi época eran llamados muchos futbolistas del Interior y no hacía falta destacarse en River, Boca e Independiente, por ejemplo.

El abrazo con Francescoli: ambos integran el grupo de WhatsApp con el plantel de River multicampeón en 1986
El abrazo con Francescoli: ambos integran el grupo de WhatsApp con el plantel de River multicampeón en 1986

-En 1984 recalaste en San Lorenzo de Almagro. ¿Qué recuerdos tenés de tu paso por esa institución?

-Teníamos un equipazo. Lo único que le faltó al grupo fue una unidad. Para salir campeón, todos en el plantel deben tirar para el mismo lado, pero estaba dividido, ya que existía gente joven y vieja. Yo estaba en el medio. De un lado estaban Cousillas, Higuaín, Quintero. Del otro, Rinaldi, Insua, Perazzo y Madelón. En el medio, estábamos con el Negro Sosa y el uruguayo Navarro. El entrenador era el Bambino Veira, antes de que se fuera a River.

-Justamente en la temporada 85/86 te fuiste a jugar al Millonario, donde fuiste parte del plantel campeón de la primera Copa Libertadores…

-Mas allá de todos los nombres importantes que había en el plantel, era un equipo de hombres. Lo tenía todo ese River del Bambino. Se mostraba unido y fue el mejor equipo en la historia millonaria. Ganó todo lo que se propuso: el campeonato local, la Copa Libertadores 86 y salió campeón del mundo.

-¿Se le da más importancia al River del Muñeco Gallardo que al de Veira?

-Gallardo ya ganó lo que tenía que ganar. Hace cuatro años que no gana nada y la gente lo sigue bancando. Los que ganan los partidos son los futbolistas, no los entrenadores. El 15 por ciento es mérito del entrenador, el resto es de los futbolistas. Los que corren y transpiran la camisetas son los que están en el campo de juego. Los que ganan, pierden o empatan son los futbolistas, no el entrenador. La única diferencia es que Gallardo es de River y el Bambino no, es de San Lorenzo y de Huracán.

-¿Tus ex compañeros de River piensan lo mismo?

-Sí, tenemos un grupo de WhatsApp y pensamos todos igual. Ese equipo del 86 tenía mejor plantel que el que hoy maneja Gallardo. Sacando a Matías Suarez y a Enzo Pérez, el resto son jugadores medio pelo. No es más el River que te presiona y asfixia.

-¿Por qué no te quedaste en el Millonario para disputar la Intercontinental frente al Steaua de Bucarest?

-Meses antes de que River se consagrara en Japón me fui al América de México. No soy campeón del mundo por días, pero mis ex compañeros me hacen sentir que gané también la Intercontinental. Tuvieron que pasar 40 años para que le hicieran un homenaje a ese equipazo. Recién el año pasado nos invitaron a festejar la conquista en el Monumental.

-¿Seguís teniendo relación con Enzo Francescoli?

-Sí, cada dos por tres hablamos; es un tipazo. En ese grupo todos los días nos estamos dando manija, nos ayudamos entre todos. Si alguno tiene algún problema, lo tratamos de ayudar. Hay ex jugadores que no tienen laburo o están enfermos. Y después de tanto tiempo seguimos siendo amigos. Cuando un grupo está unido, es muy difícil que lo volteen.

-¿Qué conservás de tu etapa como futbolista?

-No tengo nada, porque vendí mis camisetas por necesidad económica en 1997. Se las vendí a un coleccionista antes de que mis hijos las regalaran. Salí adjudicado de un auto, tuve que pagar un patentamiento y por ende, vendí las camisetas de River para poder pagar la deuda de patente. Conservo algunos cuadros en un museíto que armé en mi casa con fotos y recortes de diarios.

-De Europa, ¿alguna vez te vinieron a buscar?

-Sí. Vino el Valencia, fui cuatro días a España y me volví, porque no quería estar allá. Luego de un partido que jugué con la selección de Bilardo, me llamó el presidente de Racing de Córdoba, pero no pude hablar porque Carlos no me dejó agarrar el teléfono. Era una costumbre del Narigón, con la idea de no perdiéramos la concentración. Entonces, cuando volví de la gira a Buenos Aires ya está vendido y viajé a Europa, pero estuve cuatro días y me volví.

-¿Qué argumentó le diste al presidente del Valencia?

-Que me quería volver a mi país y que no quería estar ahí. Me tiró un fajo de 10 mil dólares arriba de la cama, me regaló un Mercedes Benz y hasta Mario Alberto Kempes vino a tratar de convencerme, pero le dije que no a todo y a todos.

-¿Te arrepentís de no haber jugado en España?

-No, nunca me arrepentí de nada; no me importaba la plata. El dinero es parte de la vida, pero los sentimientos no se compran. Por más que me dieran un millón de dólares, preferíao estar con mi familia y no aceptar la plata que me ofrecían. Lo mejor que tenemos es la familia, porque cuando dejás de jugar al fútbol no suena más el teléfono. Cuando jugaba tenía 10 mil amigos y ahora no tengo a nadie al lado mío; así es la ley del fútbol y de la vida. Cuando era un ganador estaban todos a mi lado, cuando no jugás más no te busca nadie.

-¿Tuviste a los denominados “amigos del campeón”?

-Sí, tuve muchos amigos que luego se borraron; ayudé a mucha gente. Existen los amigos del campeón en esta profesión, como decía Maradona, no tengo dudas y me pasó. El que juega al fútbol es un privilegiado, porque cobra bien, trabaja de lo más le gusta, va a los mejores hoteles y come muy bien. Cuando iba a un restaurante o a un banco me decían “¿Cómo estás, Arañita?”. Hoy, apenas me saludan. Lo más importante que me dejó este deporte fue haber sido conocido en el ambiente y el cariño que recibo cuando voy a River y a San Lorenzo.

-¿Cómo era su vida fuera del fútbol?

-Siempre me gustó la pesca. Desde chiquito me iba todos los días a pescar al Río Suquía. Resulta que jugaba de día y me iba a pescar a la noche, porque el agua te seda. No importa si erraste un gol o diste mal un pase, nada, el agua te tranquiliza.

-¿Quién te puso Araña?

-Un amigo mío, vecino del barrio también. Me puso Araña porque cerca de la Maternidad Provincial había un algarrobo. Yo era morochito con muchos rulos, y me subía rápido al árbol. Y un amigo mío, el Rengo Marotto, me puso el Araña. Andaba siempre arriba de los árboles, esperando algún partido. Si faltaba alguno, entraba a jugar con los más grandes. Y se popularizó el Araña.

-¿Quién es el Araña Amuchástegui?

-Un buen tipo. Un humilde bárbaro que no le gusta la joda ni que le mientan. No tiene pelos en la lengua. Para mí es blanco o negro. Una persona que va de frente y no le importa que se enoje el otro. Nunca me mandé una cagada ni nada, siempre me porté bien. En Córdoba mucha gente tiene muy buen concepto mío y me quedo con eso. Algo bueno habré hecho, ¿no?

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