
Los estudiosos de la política internacional distinguen el “poder duro” del “poder blando” (soft power) de los países. El primero está dado por su gravitación económica, militar, presencia comercial y capacidad de innovación. El segundo, por su irradiación cultural en el sentido más amplio del concepto. Dentro de este último ocupa un lugar relevante el deporte por su aptitud de llegar a públicos extendidos y selectos, de mejorar a quienes lo practican y de difundir aspectos positivos que los “intereses nacionales” no siempre reflejan.
De allí que el hecho que la señorita Isabel Di Tella se haya clasificado medalla de oro en los últimos Juegos Panamericanos -hace pocos día - en la especialidad espada femenina batiendo a su rival, la campeona de los EEUU, es algo que merece ser destacado. Igual que la medalla de bronce en sable haya sido para Pascual Di Tella, otro joven y promisorio deportista. Pero lo más significativo es que ambos esgrimistas son hijos de Rafael Di Tella - hoy profesor de economía en Harvard - también campeón Sudamericano y argentino de espada. Esto es significativo porque Guido Di Tella, intelectual, benefactor y ex Canciller de Carlos Menem, padre de esa dinastía de esgrimistas no tenía inclinación alguna por el atletismo de alto rendimiento ni por el deporte de competición. Una vez más se da que los hijos y los nietos respetan a sus ancestros, pero siguen sus propios caminos.

Para no excluir, consignemos que el equipo masculino de florete también obtuvo sus medallas. Pero además de todo esto es de destacar la cantidad de mujeres que hoy se dedican a la esgrima. Hace pocos días se celebró la tradicional competición de espada entre el Club Francés y el Jockey Club, imponiéndose el primero por ajustado margen.
Buena parte de los participantes eran mujeres, algunas con títulos internacionales como Josefina Méndez Bello, los hermanos Soriano subcampeones juveniles de pentatlon y Belén Pérez Maurice. Otro aspecto significativo es que casi todas estas esgrimistas practican esgrima de “escuela francesa” distinta de la italiana y la centroeuropea. Sus maestros y entrenadores, los Saucedo, José Casanova y José Domínguez son herederos de Edward Gardere, un campeón olímpico francés que fundó una escuela de esgrima en el antiguo College Francais de Belgrano, en el Club Francés y en el Jockey Club. El caso de la difusión entre jóvenes mujeres es para reflexionar.

Un deporte de defensa, ataque, reflejos y velocidad - derivado de una actividad que las personas hacían para sobrevivir- estaría reflejando la autonomía de las jóvenes, su independencia y, por qué no, su voluntad de prevenir y neutralizar abusos, lamentablemente tan corrientes hoy en día. Vaya pues un homenaje para quienes a través del deporte y sin merma de sus estudios y trabajos, llevan la bandera argentina y su “poder blando” (soft power) hacia los cuatro puntos cardinales.
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