Entrevista con Nicolás Kicker, tras volver a jugar luego de la suspensión por arreglo de partidos: “Fue una tortura, pero me mandé una cagada y pagué”

El tenista argentino jugó su primer partido profesional en el Córdoba Open tras afrontar una suspensión de dos años y ocho meses: “Se hizo larguísimo, iba tachando los días. Pero di la cara y hoy puedo andar con la frente en alto por la calle”

Nicolás ya había actuado en el Argentina Open Pre-Qualy. En el cuadro principal del Córdoba Open volvió a los primeros planos
Nicolás ya había actuado en el Argentina Open Pre-Qualy. En el cuadro principal del Córdoba Open volvió a los primeros planos

El regreso al circuito profesional, los nervios de su hijo Bastian al verlo nuevamente en la tele, el apoyo de sus colegas argentinos y la sensación de poder caminar con la frente en alto, después de haber pagado “mi gran cagada con una dura suspensión”, marcan la felicidad de la vuelta de Nicolás Kicker a la competencia, después de 32 meses de inhabilitación por haber sido encontrado culpable de haber arreglado partidos de tenis.

Fueron casi tres años en los que debió asimilar el golpe, refugiarse en el apoyo familiar y focalizarse en lo que sería su reconstrucción después del error: “Había una cuenta en las redes que contaba los días que faltaban para mi regreso y un día dije ‘¡no, basta!, parezco un preso tachando los días para la vuelta’. Y me dediqué sólo a entrenar y a mi familia”

“Me comieron los nervios en el primer set, empecé quebrando y terminé perdiendo 6-1, en 20 minutos”, cuenta acerca de sus sensaciones en la vuelta a las competencias, que se dio en la derrota en dos sets ante Facundo Bagnis. Y agrega que no la pudo disfrutar porque estuvo “muy nervioso y muy tenso. Pero feliz de volver al circuito y muy agradecido a Mariano Ink -director del Córdoba Open-, que me dio la invitación que posibilitó que yo pudiera volver”.

- ¿Cuál fue el momento más difícil de estos 2 años y 8 meses?

- Y, el momento más difícil fue cuando me suspendieron porque, además, tuvo mucha exposición mediática. Recuerdo que estaba en París (para jugar Roland Garros), me llamaron al hotel y me dijeron: “Mañana ya no podés ingresar al club”. Fue muy duro. Además, también recuerdo que me castigaron mucho en las redes, pero por suerte me encontraba con mi familia, estaba contenido y lo fui transitando.

El relato del “León de Merlo”, como se lo conoce al hijo de Ricardo y Mariana, nacido en esa localidad bonaerense hace 28 años, comienza a entrelazar momentos, esos que atravesó desde mayo de 2018. “Durante los días de la suspensión hubo momentos buenos y malos. Días en los que me levantaba y no tenía ganas de entrenar… Y, sí, hubo días en los que se me hizo duro y otros en los que me sentía listo para volver a competir. Pero creo que es parte de la vida, aprendizaje”, comenta levantando los ojos, como rememorando esos instantes. “Pero debía seguir”, insiste, “porque es lo que me gusta y amo hacer. Yo juego al tenis desde que tengo cinco años”.

Demasiadas sensaciones que pudieron haberlo llevado a dejar la actividad, sin embargo, su meta era volver. “Nunca pensé en abandonar. Obviamente, es como en cualquier trabajo, un día te levantás y decís, ‘no quiero ir a laburar’, pero se transita, se pasa y seguís mirando para adelante.”

Kicker fue sancionado por arreglar dos partidos (uno con Giovanni Lapentti en Barranquilla, Colombia, y otro en Pádova, Italia), ambos en 2015. La sanción le llegó junto con las de Patricio Heras (hoy retirado) y Federico Coria (3 meses), luego de un juicio en el que el tenista argentino Marco Trungelitti tomara protagonismo luego de dar testimonio a través de una videoconferencia, mientras que todos los demás estaban presentes en la audiencia. Se disputaba el Masters 1000 de Miami y, por esa audiencia, Kicker llegó con el tiempo justo para enfrentar al estadounidense Frances Tiafoe, con el que perdió 6-3 y 7-6.

A partir de allí, hubo un quiebre en la relación de Trungelliti con los jugadores argentinos, en especial con los de su camada (’92), lo que provocó que, desde hace dos años, no quiera venir a jugar a la Argentina. Por eso, el santiagueño empezó a hacer llegar sus mensajes a través de las redes, que abre y cierra, y de algunos medios. En una de esas ocasiones, Trungelliti dijo que no lo aplaudiría a Kicker por su arrepentimiento y que pensaba que “no hay peor castigo que tener que mirar a tu hijo y no poder decirle que no podés jugar al tenis porque te mandaste una macana o te metiste en cosas en las que no hay que meterse”. Algo que pudo haber sido tomado como algo hiriente. Sin embargo, el de Merlo tiene otra mirada. “No, eso fue una anécdota de cuando nos fuimos de vacaciones como un mes a La Lucila. Allí, Bastian (su hijo de 8 años) me preguntó por qué no me veía más en televisión y le conté. Pero fue sólo eso, una anécdota que queda ahí, para mi historia, es algo muy personal. Yo no soy de meterme con la familia de los demás, así que la verdad lo que hayan dicho, me chupa un huevo, y menos ahora, que estoy focalizado en mejorar, en seguir entrenando y en disfrutar, porque es lo que me gusta”, da su versión Kicker, quien parece transitar este momento con relativa tranquilidad, alejado del nerviosismo que demuestra cuando está dentro de la cancha y de los rencores que podrían nublar los objetivos y oscurecer su camino. “Estoy re tranquilo, sin rencores. Obviamente que fue un castigo muy duro, pero yo me mandé una cagada y me hice cargo. Uno comete errores y, cuando lo hace, debe hacerse cargo, por eso di la cara y creo que ahí está el punto en donde reconozco algo bueno de mí. Creo que eso es muy importante y por eso, hoy, puedo andar con la frente en alto por la calle, tranquilo”, redondea.

Kicker y su hijo Bastian, su motor
Kicker y su hijo Bastian, su motor

El regreso de Nicolás al circuito cruzó sensaciones en las redes, en esas mismas en las que se lo ve jugando y compartiendo risueños momentos con su hijo o entrenando con el Polaco Brzezicki, su entrenador; también en las que hubo quienes lo recibieron favorablemente y quienes aún le señalan la falta, abriendo otra grieta en el tenis argentino. “Yo creo que fueron más los que se pusieron contentos, aunque no leí mucho. No me enteré de que haya habido gente en contra, pero tal vez a quienes están más metidos en las redes les llegaron esos mensajes; a mí, no”, comenta Nicolás sobre las repercusiones de su vuelta.

- Lo cierto es que, con tu regreso al circuito, mucha gente piensa en la posibilidad de que haya un torneo, un partido, una red en el medio, vos de un lado (comienza a sonreír, mientras Infobae le pregunta) y, del otro, Marco Trungelitti…

- No, no (se ríe), para nada. Con él (no lo nombra) creo que habré entrenado dos veces. Como persona no lo conozco, por eso no puedo decir nada de él (sigue sin nombrarlo) y, aunque lo conociera, tampoco hablaría mal. A mí, mis viejos me inculcaron que debo mirar hacia adentro y focalizarme en mí y no tanto en los demás.

En ese focalizarse, vuelve a aparecer la figura de Bastian. “Me volvió a ver en la televisión en la final del Pre Tournament (torneo amateur que entregaba una invitación al Argentina Open) frente a Facu Bagnis y me estuvo enviando videos alentándome (sus ojos empiezan a brillar diferente, en los únicos gestos que permite visualizar el barbijo) y lo ves cómo se ponía re nervioso mirándome (ahora le agrega una risa audible y un sacudón de su cuerpo). Me puso muy contento”, dice con cierto regocijo, como revancha de aquellas vacaciones en La Lucila.

Nicolás Kicker sabe que esto es un volver a empezar, que si no le otorgan el wildcard (invitación) a la clasificación del torneo de Santiago de Chile, deberá viajar a disputar torneos Futures, en donde participan las nuevas generaciones, en donde los premios sólo alcanzan para cubrir los gastos de unos pocos almuerzos y los puntos que otorgan para el ranking son tan pocos que requiere de un gran número de victorias para empezar a pensar en saltar a los challengers. Y pensarlo en pandemia se hace aún más difícil, como para proyectar un futuro.

“Es difícil planificar, porque con el tema de la pandemia todo puede modificarse. Yo había hecho una preparación para ir a jugar a Túnez, desde comienzo de año, en superficie dura y se canceló todo. Pero, gracias a la organización del Córdoba Open, pude jugar acá, que es espectacular, aunque mi preparación no había estado enfocada al polvo de ladrillo”, dice, pensativo. A pesar de esas dudas, se lo ve feliz de estar de nuevo en su hábitat: “Estoy muy feliz y fui feliz aún estando suspendido, porque tengo un hijo de 8 años, una familia, tengo un club, me baño dos veces al día y tengo qué comer (se ríe)… ¿Qué más puedo pedir? Nada más, sólo que me vaya bien en tenis, que eso lo voy a lograr con sacrificio y trabajo”.

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