
“Recuerdo que estábamos volviendo en el colectivo desde Buenos Aires, luego de salvarnos del descenso y en ese momento, el de más euforia, tomé la decisión de que el lunes a las 17:30 estaría nuevamente dirigiendo a los chicos. Era lo que sentía”...
La anécdota tiene 27 años y el protagonista es Ricardo Bojanich, una eminencia de la dirección técnica del Minibásquet (11-12 años), que en aquel momento estaba dirigiendo circunstancialmente –y con mucho éxito- en la Liga Nacional. “Yo era asistente del equipo principal de Gimnasia de Pergamino y, cuando los resultados no se dieron en la primera fase y echaron al entrenador, los jugadores pidieron que siguiera yo como coach y tuvimos una segunda rueda fenomenal. Pero, pese a que me fue muy bien, yo me sentí mal, como que no era lo mío, que debía volver al Mini, a la formación de jugadores. Porque eso es lo que soy. No soy un entrenador, un constructor de equipos. Yo soy un desarrollador de talentos. Me formé en el sistema educativo y si bien tuve ofertas para estar en el básquet profesional, preferí volver con los chicos. Necesito eso, estar rodeados de ellos y enseñarles a jugar, lo mío no es sacar equipos campeones”, explica hoy, a semanas de asumir como nuevo Director Nacional de Minibásquet.
Bojanich tiene 65 años y 45 dedicados al Mini. Es una eminencia, el más respetado coach de esta categoría. No sólo en el país sino en Latinoamérica. Pero, extrañamente, nunca había estado como cabeza de un proyecto nacional y ahora será la primera vez que cumpla una función desde la Confederación Argentina, la entidad madre del básquet nacional. “Mi aporte siempre fue desde otro lugar y ahora por primera vez me toca desde la Confederación. Vamos a intentarlo, todos estamos muy ilusionados con el nuevo equipo que se armó”, resume este profe de Educación Física que también ama la docencia.
—¿Qué tiene de especial esta llegada a la Confederación?
—Lo especial es la ilusión de poder trabajar en equipo. Siempre creí en eso y con el tiempo pude comprobar que los esfuerzos individuales no duran. Uno se cansa y abandona. Ahora me sedujo la chance de formar parte de una estructura con muy buenos profesionales. Me genera algo especial ser parte y tener responsabilidades para poder usar lo bueno que se hizo en la gestión anterior del Mini y hacer las cosas que uno, en el transcurso de la vida, pensó que deberían hacerse y nunca se pudieron consolidar a lo largo de los años. Sigo creyendo que el Mini es la real usina del básquet nacional y yo sigo en la lucha para potenciarlo.

Bojanich apunta a mejorar la estructura nacional de una categoría esencial. “Siempre cuando uno mira desde afuera es fácil hacer críticas, pero cuando uno tiene una posibilidad así, es otra cosa y yo trataré de no desperdiciarla. Nuestro Minibásquet es el mejor de Latinoamérica y está rankeado en el quinto lugar mundial, pero todos sabemos que tenemos un montón de déficits y no nos podemos quedar con esos títulos. Existe un problema de control y legislación, en cuanto a la unificación de reglas de juego y el respeto por la organización. Si hay algo importante para sentar las bases de la masificación es justamente la organización y ya tenemos listo el plan sobre cómo tiene que trabajarse en el Minibásquet, con los roles de cada sector en el país. Uno de los puntos claves es que el club sea el primero que controle a los docentes que trabajen en el Mini, con la filosofía y el espíritu de la categoría. Los Asociaciones tienen que velar porque las reglas a nivel nacional sean cumplidas, las Federaciones deben fiscalizar que las reglas de juego y el espíritu se reflejen en la cancha y el Departamento Argentino de Mini necesita estar relacionado con todos ellos”, explica.
Por lo pronto, ya puso manos a su obra. “Estuve teniendo reuniones con las federaciones y los profes del Mini todo el país, sobre todo avanzando en las provincias en las que no tienen tanta estructura”, informa Ricardo. Aunque, claro, lo primero es lo urgente, poniendo énfasis en “atacar” los perjuicios que ha dejado esta pandemia. “La primero que nos preocupa es la parte cuantitativa porque, según una encuesta nacional que hicimos, cinco de cada 10 chicos no volvieron a las actividades del Mini y nuestro foco para 2021 será ver cómo hacemos para que estos pibes y pibas retornen a nuestro deporte. Nosotros tenemos la masificación como gran objetivo, pero hoy es más recuperar que masificar, volver a motivarlos para que regresen a jugar al básquet. Porque detrás del número, tenés el problema cualitativo, que es aún más preocupante. Un deportista de alto rendimiento pierde un año y lo puede recuperar, pero un niño que pierde el segundo año de Mini es más complejo. Los estadios evolutivos que pasan en la edad de oro del aprendizaje motor son muy trascendentes”, arranca con su diagnóstico.
Bojanich hace foco en el tema emocional, que es lo primero que les recomendó enfatizar a los profes durante las diversas reuniones virtuales que tuvo. “Nunca debemos olvidarnos que los chicos son seres sociables, que necesitan el intercambio y el Mini es un lugar donde comienza un aspecto clave, que es la capacidad de diferenciación. Los chicos arrancan a reconocer en uno y en el otro las diferencias y es una etapa muy importante en la sociabilización. Este tipo de cuestiones sociales son cosas que los chicos van perdiendo”, analiza.
Para el final, Bojanich deja tal vez lo más importante, al menos lo más profundo, “lo que nos tiene que guiar siempre, la parte filosófica”. Y se extiende sobre un concepto clave, pero que no es tan lineal, asegura. “Hoy todos pensamos en masificar. Pero masificar no es juntar 100 chicos en un entrenamiento y luego que sigan cuatro o cinco en los clubes. Eso es juntar para la foto… Debemos ver cómo logramos una masificación creativa. Si vos hacés una competencia escolar, porque querés masificar a través de la escuela, programa en el cual está trabajando Emilio Gutiérrez (NdeR: es el Director Nacional de Básquet en Edad Escolar y Deporte Universitario) y que a futuro va a ser determinante, tenemos que ser muy creativos. El entrenador debe tener una capacidad de desarrollo. Si es capaz, va a ser el primer masificador, el que atraiga el chico al club y el que lo sostenga por capacidad, docencia, conocimiento y valores. El principal masificador es el docente, el profe, el entrenador. Y para eso, por caso, uno de los proyectos que tenemos con ENEBA es un título o posgrado de especialista en Minibásquet. Como existen especialistas defensivos u ofensivos, de fundamentos en la alta competencia, consideramos que necesitamos lo mismo en Mini, que tiene algunos aspectos diferenciales a los contenidos del Nivel 1 de ENEBA”, expone Ricardo.
—¿Y usted es de copiar modelos de otros países?
—Todos los modelos pueden ser buenos en un lugar pero no necesariamente en otros. Por eso hay que tener cuidado lo que se copia. Por ejemplo, España y Argentina llegaron a la final del Mundial con dos escuelas distintas: los 12 de España jugaron minibásquet competitivo y los de Argentina, uno formativo, con muy buenos entrenadores. Ninguno de los dos está absolutamente bien. Ni mal. Si los dos se hacen con nivel y se los adapta al contexto donde se vive, se puede llegar a un resultado final con un proceso que no es el mismo. A nosotros nos falta mucho trabajo para que nuestro Mini tenga la calidad de enseñanza que queremos. Pero apuesto al terrible espíritu de los entrenadores. Son envidiables. Admiro que quieran seguir mejorando, capacitándose. Nosotros, desde la mirada macro, debemos ofrecerles un contexto donde puedan y deban ser mejores, porque el nivel y la vara la vamos poniendo cada vez más alta.
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