Vista aérea del Autódromo de Parana. Todo el perímetro lleno de gente. En 2019 hubo 53.000 personas en el circuito entrerriano (Prensa ACTC).
Vista aérea del Autódromo de Parana. Todo el perímetro lleno de gente. En 2019 hubo 53.000 personas en el circuito entrerriano (Prensa ACTC).

Lejos de aquellos inicios hace 83 años donde todo se hacía a pulmón hoy el Turismo Carretera mueve un negocio millonario. Desde 1997 que dejó de correr en ruta buscando más seguridad en los autódromos donde los clubes organizadores y las provincias, en su mayoría, pagan un canon de ocho cifras. Pero el impacto económico que arroja en las regiones que visita es muy fuerte. Hay sedes que quedaron afuera en 2020 y ya hay pedidos de fechas para 2021. Es que nadie se quiere perder el gran circo. Infobae averiguó cómo es la movida de la categoría más antigua de la Argentina y la segunda más longeva del mundo detrás de la IndyCar.

Independizada del Automóvil Club Argentino (ACA) en 1979, a partir de ese momento la Asociación Corredores Turismo Carretera (ACTC) comenzó con su propia fiscalización. Eran épocas difíciles donde organizar una carrera en ruta en plena Dictadura era todo un mérito por los permisos que debían recibir para montar el evento. También era un momento delicado con pocos autos, a diferencia de los 40 de promedio que hay en la actualidad a pesar de la crisis.

La gestión del evento es similar al de la Fórmula 1 u otras categorías. Hay que pagar un canon para tener una fecha del TC y su principal promocional, el TC Pista, que ofrecen un total de siete carreras en un fin de semana: tres series del TC, dos del TC Pista y sus respectivas finales. Este año vuelve a disputarse la primera clasificación (que ordena la grilla de partida) los días viernes para captar mayor presencia de público en esa jornada.

Postal del TC: los autos y una tribuna llena en cualquier rincón del país. (Prensa ACTC).
Postal del TC: los autos y una tribuna llena en cualquier rincón del país. (Prensa ACTC).

Una fuente importante de la ACTC afirmó que se pagan 11.900.000 pesos para tener el evento. Si se toman las 15 fechas en el año sería una ganancia para la entidad de 178.500.000 de pesos. Esto sin contar los ingresos por la provisión a los equipos de las gomas, amortiguadores, otros elementos o las licencias médicas y deportivas para los pilotos a quienes la entidad les paga un viático de 50.000 pesos por carrera. También se recibe dinero por la publicidad estática en el circuito. Y se suma lo percibido por los patrocinantes fijos que tiene la categoría que cuentan con su espacio en las transmisiones televisivas.

A propósito de la TV, la ACTC desde que se desvinculó de la productora Pistas Argentinas en 2015, creó su propia empresa para difundir las carreras en la pantalla de la Televisión Pública. Entre 2012, cuando rompió con Carburando (empresa del Grupo Clarín) y hasta fines de 2015, la entidad habría recibido unos 400.000.000 de pesos del Estado por el programa Automovilismo Para Todos. Con el cambio de Gobierno, en 2016 el ingreso fue de unos 50.000.000 de pesos. Desde 2017 no hubo aporte público y se debió correr con todos los gastos para la televisación.

Para poder abordar el canon que cobra la ACTC en su mayoría el presupuesto viene de los gobiernos provinciales como Río Negro, Neuquén (en 2019 tuvo dos fechas incluida la definición del campeonato), La Pampa, San Juan, Santiago del Estero, Entre Ríos, Misiones, San Luis y la ciudad bonaerense de San Nicolás. Hay casos como Rafaela donde el club local logra pagar la fecha con la ayuda de sponsors.

La ACTC le deja la venta de las entradas al organizador local para que pueda recuperar la inversión por el pago de la carrera. Es variable el precio de los tickets. Depende de los mayores masculinos, las mujeres en muchos casos pagan la mitad, y los menores de 12 años y jubilados con carnet no abonan. Los valores, por los tres días de actividad (viernes, sábado y domingo), van de 500 a 800 pesos un acceso general para un varón mayor de edad. El precio más bajo corresponde a las carreras que se pagan con aporte estatal y las más caras cuando es un club el que solventa el canon. A esto hay que sumarle el estacionamiento que puede rondar los 300 pesos por día. Los que quieran tener acceso a los boxes deberán pagar 1.200 pesos por la experiencia.

En 2019 el promedio de público por carrera fue de 38.333 personas (Prensa ACTC).
En 2019 el promedio de público por carrera fue de 38.333 personas (Prensa ACTC).

Según datos provistos por la ACTC, en 2019 tuvo una presencia total en los circuitos de 575.000 espectadores, un promedio por fecha de 38.333. La carrera con más público fue la segunda competencia que hubo en Neuquén que fue la definición del título con 65.000 personas, 20.000 más que en el cierre de 2018 en San Nicolás. Le siguieron Rafaela (60.000), La Pampa (54.000) y Paraná (53.000). La de menor presencia fue en Termas de Río Hondo con 15.000. Varias localidades cercanas a donde se corre es posible que tengan menos habitantes que la cantidad de gente que acude a las carreras.

Respecto de la concurrencia de 2018 hubo algunas subas en el número del público en 2019 como en San Luis (de 26.000 a 30.000 personas), en Paraná (45.000 a 53.000) y en La Pampa (38.000 a 54.000). Aunque también hubo bajas en otros trazados tales Viedma (30.000 a 20.000), la primera carrera de Neuquén (36.000 a 30.000) y en San Juan (40.000 a 36.000). Al no informarse la cantidad de público en varias fechas de 2018 no se pudo hacer un comparativo anual.

¿Cómo es posible que en su mayoría los autódromos “revienten” en plena crisis? La respuesta es la pasión que sienten por el automovilismo. También, la misma fuente de la ACTC da sus razones: “Hoy si una familia tipo, un matrimonio y dos chicos, van al cine y luego a comer, se gastan no menos de 3.000 pesos. Y me quedo corto. Por ese precio o un poco más, el público puede disfrutar de un fin de semana al aire libre mirando carreras”.

Como la mayoría de las carreras son abonadas por los gobiernos provinciales la respuesta a ese gasto está en el impacto económico que se genera a nivel regional. En la temporada 2019, para dar dos ejemplos, ese impacto significó 30.000.000 de pesos en Paraná y 80.000.000 en Viedma. Dentro de esas cifras está la plena ocupación hotelera en cada ciudad donde hay carreras y en localidades aledañas.

Este año serán otra vez 15 fechas. Se irá a 12 autódromos y 11 provincias. Durante el fin de semana de carrera se empieza a gestionar la visita para la siguiente temporada. Cuando el aporte es provincial en los tres días asisten funcionarios públicos y es común que el Gobernador esté el domingo para las dos finales. Ahí se suele cerrar de palabra la nueva competencia de la categoría.

Hay cuatro provincias que este año repiten eventos: Entre Ríos (3), Neuquén (2), San Juan (2) y La Pampa (2). La Patagonia está dulce y desde 2016 en Viedma se abre la temporada y el año pasado Neuquén se dio el lujo de cerrarla en donde también el Súper TC 2000 culminó su campeonato. El fuerte capital proveniente de las gobernaciones atentó contra bastiones teceístas como Olavarría (la tierra de los hermanos Emiliozzi) que está fuera del calendario desde el año pasado.

Autos de TC con la Copa de Oro que se le entrega al campeón (Prensa ACTC).
Autos de TC con la Copa de Oro que se le entrega al campeón (Prensa ACTC).

¿Por qué no se corre en Buenos Aires? Es insólito que en el autódromo más importante del país solo haya una carrera nacional de importancia como los 200 Kilómetros del Súper TC 2000. Hay buenas intenciones de la ACTC y el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (GCBA) para poder llevar a cabo una carrera. Pero cumplir con las exigencias de la Agencia Gubernamental de Control (AGC), un ente autónomo que regula las condiciones de seguridad de escenarios para eventos públicos y privados, demanda un alto costo por ser el predio más grande la ciudad con 180 hectáreas. Además, por la concurrencia que tiene el TC hay que habilitar 16 tribunas (no se cuentan las tres de la recta opuesta), algo que no pasa con las categorías menores donde solo se abren las tres plateas frente a los boxes. La última vez que la octogenaria divisional corrió allí fue en 2018 con su segunda edición de los 1.000 Kilómetros y los números no cerraron. Para tener una idea en la carrera de 2017 la ACTC habría asumido un costo operativo de 12.000.000 de pesos. En esa ocasión el público ingresó a los sectores generales de forma gratuita ya que se celebraron los 80 años del TC. Hubo un total de 67.000 personas.

Por lo mencionado cada vez es más difícil pensar que vuelva a haber una definición de campeonato en Buenos Aires, la Catedral del automovilismo argentino. La última vez fue en 2014. Los tiempos cambiaron. Incluso el territorio bonaerense, que supo ser la “Capital del TC” por su gran número de circuitos en ruta y autódromos, en 2020 tendrá apenas una fecha. Hoy el dinero de otras provincias marca la pauta.

En tanto que a pesar de que la mayoría de sus carreras entregan un pobre espectáculo en pista, tener un promedio cercano a 40.000 personas en cada fecha demuestra que el TC está más allá del automovilismo. Supo sobrevivir en sus ocho décadas con todas las vicisitudes económicas que tuvo el país. Su folclore con la lucha de marcas (Ford, Chevrolet, Dodge y Torino) y la convivencia de sus cuatro hinchadas en un mismo escenario durante tres días (algo que no tiene el fútbol), es su caballo de batalla. Un diamante preciado. Por eso la ACTC cuida ese punto como la joya de la abuela. Sabe que el fenómeno popular convoca a multitudes. Permite este enorme negocio, tan grande como la historia de la categoría.

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