No tuvo su mejor partido, pero fue el jugador más influyente de la final de la Copa Libertadores. Una injusticia más en el mundo del fútbol. Gabigol pasó desapercibido durante más de 85 minutos. Se mostró impreciso, tibio, con falta de carácter y agresividad para dañar a la defensa de River. Ni siquiera pudo aprovechar el flojo desempeño de Lucas Martínez Quarta, porque Javier Pinola tuvo una producción casi perfecta.
El ídolo del Flamengo llegó a la definición del certamen continental como una de las figuras más rutilantes del espectáculo, pero su brillo recién se pudo observar en el desenlace del choque cuando encandiló a Franco Armani y a todos los presentes con sus dos goles en el epílogo del cotejo.
A tres minutos del final falló Lucas Pratto en una salida limpia del MIllonario y el destino del duelo cambió definitivamente. De Arrascaeta se filtró por la izquierda y encontró a Gabriel Barbosa, quien anotó el 1-1 cuando el combinado porteño parecía empezar a alzar el trofeo. Y 60 segundos después la pelota le volvió a quedar al goleador, que festejó el impensado 2-1, después de un grosero error de la dupla central. Para esas alturas, ya nadie se acordaba del grito de Rafael Santos Borré.
“Después del partido quería hablar con Gallardo y lamentablemente no lo pude conseguir. Soy un fanático suyo, un gran admirador, porque ha hecho de River un gran equipo", dijo Gabigol después de festejar la coronación en la capital incaica, y remarcó que su rival “realmente es un gran equipo". "Fue el primero en esta Copa que nos puso en serias dificultades. Así como ganó la edición pasada, también pudo haber ganado ésta”, argumentó
Con la euforia por la segunda Copa Libertadores que sumó el Flamengo en su historia, el artillero se mostró entusiasmado con la hazaña al mostrar una bandera del conjunto carioca desde la ventana del avión que trasladó al plantel brasileño a Río de Janeiro.
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