Cavallo posa con la 10 que cambió con Garrafa Sánchez cuando lo enfrentó jugando con Nueva Chicago (Mario R. Sar)
Cavallo posa con la 10 que cambió con Garrafa Sánchez cuando lo enfrentó jugando con Nueva Chicago (Mario R. Sar)

Darío Cavallo es uno de esos especímenes raros dentro del fútbol. En lo que respecta a los estrictamente deportivo se destacó como un laborioso mediocampista que debutó en Gimnasia y Esgrima La Plata y también supo vestir los colores de Banfield, Nueva Chicago, Unión de Santa Fe, Atlético y San Martín de Tucumán. Pero el diferencial lo marca con los estudios que inició sobre el final de una carrera que tuvo que abandonar antes de tiempo por las lesiones.

Se ubicó en una vereda opuesta a la del jugador promedio de hoy, que con muchos millones en su cuenta bancaria tras debutar profesionalmente, desvía el foco y se guía por lo material. Vio siempre el fútbol desde otra perspectiva gracias a Carlos Timoteo Griguol, del que aprendió lecciones con la pelota y de vida. Y por si fuera poco, comparte un lazo sanguíneo por ser su sobrino.

DE LA ESCUELA DEL VIEJO GRIGUOL

“Comprate una casa antes del auto. No andes con celulares. Estudiá, que es importante. Se puede jugar al fútbol y estudiar al mismo tiempo”. Los consejos quedaron grabados a fuego en la cabeza del cordobés que debutó en el 96 con la camiseta del Lobo platense.

En diálogo con Infobae, rememora los finales de los 90 en Gimnasia junto al Viejo: “Timoteo ha sacado jugadores del equipo porque se compraban autos y no estudiaban. Hoy no sé si está ese tipo de técnicos que se meten. Capaz los pibes de hoy te dicen ‘qué te importa lo que hago con mi plata’. Algunos le hacían caso y otros no, pero el consejo estaba. Se metió en el corazón del hincha porque estaba en todo. Tenía gente laburando en la pensión que le avisaba si los pibes iban al colegio y, cuando no aprobaban las materias, se los reprochaba”.

Cavallo marca a Riquelme durante sus inicios como profesional en Gimnasia y Esgrima La Plata (Foto Baires)
Cavallo marca a Riquelme durante sus inicios como profesional en Gimnasia y Esgrima La Plata (Foto Baires)

Otro de los maestros que tuvo en el fútbol Cavallo fue Víctor Marchesini, quien lo ayudó con su primera inversión cuando tenía 21 años: “Yo ganaba 1.700 pesos en Gimnasia, pero el equipo pasaba por un gran momento y pude ahorrar bastante con los premios. Lo primero que compré por su recomendación fueron dos departamentos con cuatro cocheras”.

Es un agradecido a la vida por haber contado con pilares a su lado que le hicieron mantener los pies sobre la tierra. Resulta fundamental tener voces bienintencionadas para no derrochar en tiempos prósperos. Los -prematuros- ricos futbolistas pueden llegar a caer muy bajo si no son contenidos por quienes los rodean: “Conozco muchos casos de compañeros que no estuvieron preparados o no contaron con personas adecuadas a su lado. Que terminaron la carrera y empezaron a perder su patrimonio y calidad de vida. El fútbol te lleva a ganar más plata que tu viejo a los 22 ó 23 años, cuando vos viste que él se rompió el lomo laburando toda la vida y tenés que saber vivir con eso”. La reflexión continuó: “El fútbol está tan globalizado que se manejan números irrisorios, exhuberantes. Siempre se vio al jugador en una isla de vacaciones, con los mejores autos, mujeres y comiendo afuera. Pero es difícil cuando te retirás... Podés caer en la depresión y, si no te tratás, no ves la salida. No le encontrás sentido a la vida y por ahí terminás tomando una decisión que no es la correcta”.

LAS LOCURAS DE JOSÉ LUIS SÁNCHEZ EN PRIMERA PERSONA

Cavallo no se lo había cruzado. Solamente había oído hablar de él por compañeros y amigos en común. Ya sabía que era un diferente, de esos rivales a los que uno no podía alcanzar nunca, de los que sabían adónde iba a ir la pelota antes de que les llegara. Los Gorosito, Beto Márcico, Ortega, Riquelme, Tito Pompei... Los que ya no abundan.

“Garrafa era un tipo muy ameno, hacedor de grupos. Era el típico que cuando llegabas te decía ‘lo que necesites, lo tenés’. Se hizo tan querido por cómo era él, sus locuras, las jodas a los utileros en las pretemporadas con el Loquito González, Javier Sanguinetti y Lucchetti... Ellos manejaban el vestuario”, recuerda sobre la temporada 2002/2003 que lo tuvo como jugador de un Banfield recién vuelto a la Primera División.

José Luis Garrafa Sánchez, ídolo y leyenda para el Club Atlético Banfield
José Luis Garrafa Sánchez, ídolo y leyenda para el Club Atlético Banfield

Las monerías del talentoso 10 con sus secuaces incluían desde introducir a los utileros en los baúles de la ropa hasta dejarlos desnudos en la bodega del colectivo con el que se trasladaban en la pretemporada: “Era un loco hermoso. Vos ibas al predio de Banfield por Camino de Cintura y te pasaba por al lado a 200 kilómetros por hora. Tenía un cuatriciclo con el que se iba a unas rampas cerca de Ezeiza para saltar. Necesitaba esa adrenalina. En lo futbolístico era crack, pillo. Tenía hablados a los alcanzapelotas para que le pusieran rápido la pelota antes de patear los córners. Era capaz de hacerte echar. Era muy vivo y aunque no le tocara jugar siempre tenía energía positiva”.

El protagonista de esta historia disfrutó al máximo su estadía en un Taladro conducido por el uruguayo Luis Garisto, que sirvió como base al de Julio César Falcioni, que dio el salto de calidad. Recién se percató del tamaño de la figura de Garrafa en una fiesta del club a la que fue invitado y en la que los fanáticos ovacionaron cada jugada del zurdo en pantalla gigante.

“Murió a su manera, en una moto y haciendo cosas raras. A un loco eso no se lo ibas a sacar. ¿Qué le ibas a decir? Son decisiones o formas de ser. No nos parecía meternos en su gusto personal porque era un tipo grande. Las muertes espontáneas son más chocantes. Cuando se trata de una enfermedad, tenés la posibilidad de prepararte e ir masticándolo. Cuando pasa algo así, repentinameante, te pega y te hace pensar ‘por qué no lo disfruté más’”.

Camisetas, cuadros y pelotas: el rincón de los recuerdos de Cavallo en su casa en Córdoba (Mario R. Sar)
Camisetas, cuadros y pelotas: el rincón de los recuerdos de Cavallo en su casa en Córdoba (Mario R. Sar)

Una mueca triste se apodera del semblante de Cavallo al repasar en su mente la salida del equipo al lado de Sánchez con sus respectivas hijas en brazos. Pudo darse el gran gusto de cruzarlo una vez más en un Banfield-Chicago y se quedó con un trofeo invaluable: la número 10 naranja con mangas largas del Taladro, una de las pocas camisetas que le quedaron tras una entradera que sufrió en su hogar.

LAS LESIONES, EL RETIRO Y LA PSICOLOGÍA SOCIAL

Después de un par de años en Nueva Chicago, Cavallo se mudó a Santa Fe para afrontar la B Nacional con la camiseta de Unión. Una rotura de ligamentos cruzados de rodilla trastocó sus planes. Desde allí la articulación no volvió a ser la misma y su carrera empezó a ser más sufrida que disfrutada: “Terminé dejando el fútbol a los 33 años y para mí fue una tragedia. Estaba medio cansado porque me había ido de casa a los 17 y el último año en Atlético Tucumán (Argentino A) los viajes eran en micro y muy largos. Yo era de correr mucho y me costaba recuperarme, tardaba uno o dos días”. El clic en su cabeza fue cuando se vio solo en Tucumán ejercitando en una vieja máquina para cuádriceps llena de excremento de paloma sin un médico ni kinesiólogo a disposición.

Para colmo de Atlético pasó directamente a San Martín (B Nacional), sin escalas, algo que cayó muy mal entre los fanáticos del Decano: “Fue una de las peores decisiones que tomé en mi vida. Me puteaban en la calle, recibía mensajes de texto con amenazas de muerte y deseándome las peores enfermedades. Paseaba por la calle con mis hijas y escuchaba ‘la puta que te parió’, ‘te vamos a matar’... Por suerte no pasó nada, pero perdí el respeto que había ganado en Atlético. Yo no fui a San Martín para hacer la contra, pero en Atlético no me renovaron, tenía a mi hija recién nacida y estaba cómodo en la ciudad”.

De la desazón y frustración a su reiniciación como profesional. La transición del Cavallo futbolista a entrenador se desarrolló en el lugar de donde es oriundo: el club cordobés Las Palmas. El Indio Jorge Solari, al que tuvo como DT en Atlético Tucumán, le refrescó muchos de los conceptos que había absorbido con Griguol y se decidió. Colgó los botines en octubre de 2007 y en enero de 2008 adoptó su nueva función.

"La carrera de psicología social es un gran complemento para ser entrenador de fútbol" (Mario R. Sar)

El cordobés armó un cóctel interesante y complementó la carrera de director técnico con la de psicólogo social, en la que cursó con el Colorado Facundo Sava, ex compañero en las inferiores de Ferro. Fueron 5 años arduos pero que valieron la pena: “Es una carrera movilizadora porque vas para atrás, para adelante... Yo hice la tesis en una pensión de fútbol, el espacio en el que me tocó vivir a los 17 años. Me había planteado muchas veces largar todo. Mi noviazgo con la que hoy es mi señora fue a la distancia durante 6 años. Era hablar por teléfono público porque ni había celular”.

Para Cavallo la psicología social es un complemento magnífico pese a que no ejerza. Permite identificar a los líderes y portavoces de un grupo, lo emergente, lo que se oculta. Facilita una lectura grupal. Es una herramienta más para comandar un plantel.

Tras sus experiencias en inferiores, liga cordobesa, AFA, ayudante de campo de Sava en San Martín de San Juan y entrenador de la Reserva de Belgrano (inclusive dirigió un partido por Copa Argentina como interino en la Primera) aguarda por una nueva oportunidad en el fútbol grande. Y mientras tanto despunta el vicio con el buzo de DT puesto al lado de Juan Carlos Olave en su querido Las Palmas, al que le enderezaron el rumbo en la actual campaña de liga local.

SEGUÍ LEYENDO