Nos robaron la credibilidad, avanzaron sobre nuestra ilusión, avasallaron la ingenuidad. Lo más extraordinario que tiene el fútbol como juego, lo más atrapante, por eso es universal, por eso es comprendido, admirado y seguido por religiones y lenguas diversas, en todos los continentes. Porque tiene la mudez, porque se expresa a través del juego y porque cualquiera, desde el más erudito hasta el más lego, ubicado en una posición de privilegio junto al campo de juego o en el lugar más distante, puede tener conocimiento sobre lo que pasa y lo que pasa es imprevisible. Ese era el fútbol antes del VAR, era el fútbol de abrazarse tras un gol sin retroceder en la imagen, sin la necesidad de desabrazarse con el hijo, el padre, el sobrino, el ahijado… porque el gol cuando el árbitro marcaba la mitad de la cancha, era gol.

Y viene el VAR, como una herramienta de perfectibilidad, para encontrar la perfección del comportamiento. ¿Y sabe qué pasa después de esta impresentable Copa América?: sospechas, dudas, suspicacias.

Los brasileños organizaron la Copa América para que no les pase lo que les pasó en el Mundial. Asegurar de que la ganarían. Nos ganaron el partido sin apelar al VAR. Y hoy le ganamos a Chile con un árbitro que bajo emoción tampoco consulta al VAR, pero consulta para un penalty a favor de Chile cuando el balón estaba en el otro campo.

Entonces el VAR, ¿cómo está sistematizado? ¿Cómo está reglado? Esta Copa América está bajo sospecha, la va a ganar Brasil, en la revancha de un partido que ya le ganó a Perú 5 a 0 en la clasificación. Y si no le gana, buscarán la manera que con el VAR actuando o con el VAR en silencio, con los árbitros comunicados o con los árbitros incomunicados, el VAR aparezca cuando le haga falta a Brasil.

Arruinaron los mejores partidos, arruinaron a un partido -Argentina-Chile- que era para goleada, echaron al mejor del partido en ese momento y al mejor del mundo desde hace años. El árbitro no necesitó recurrir al VAR para asegurar la sanción, pero sí para sancionar el penal contra Argentina.

Es una burla. La Conmebol nos toma el pelo, juega con nuestra ingenuidad, juega con nuestra credulidad. Y está arruinando lo más bello del fútbol, ir a la cancha con ilusiones de ver un espectáculo bajo el imperio de las reglas limpias del deporte.