Alejo Ferraras (primero de la izquierda en el paravalanchas) con Leandro Ferraras, Mariano Patanchón, Alejandro Medina, Mauro Ferraras y Gustavo Larrain
Alejo Ferraras (primero de la izquierda en el paravalanchas) con Leandro Ferraras, Mariano Patanchón, Alejandro Medina, Mauro Ferraras y Gustavo Larrain

Mañana no sólo se jugará el primer Superclásico después de la final de Copa Libertadores 2018. A nueve meses y tras una paciente obra de reconstrucción que incluyó un trabajo subterráneo con políticos, dirigentes y policías, la barra de River está dispuesta a volver. Con nuevos líderes, tras la caída de Martín Araujo, alias Martín de Ramos, quién terminó alejándose voluntariamente después de acumular procesos judiciales en contra, y Héctor Guillermo "Caverna" Godoy, quien fue la cara visible de los violentos hasta que la Justicia, un día antes de la final frustrada en el Monumental, allanara su casa y le retirara todos los tickets de la barra y todo el dinero producto de la reventa de entradas, que sumaba casi 11 millones de pesos, según el recuento que hizo el fiscal de Núñez, Norberto Brotto.

Aquel día y con los nombres de las 300 personas que conformaban el grupo de choque, parecía que la barra de River entraba en la historia. Pero lamentablemente, los violentos siempre se reciclan. De a poco, y aunque el club tomó una política muy activa de no darles tickets, impedir el ingreso de nuevos socios vinculados a ellos y denunciarlos cada vez que merodeaban la institución, "Los Borrachos" empezaron a cobrar nuevos bríos. Y este jueves por la noche, aún cuando pesa sobre la mayoría de ellos el derecho de admisión, hicieron su presentación en el paravalanchas de la Olla, el estadio donde River jugó y empató 1 a 1 con Cerro para clasificar a la semifinal de la Copa. Ingresaron con entradas de protocolo, presuntamente otorgadas por la dirigencia de Cerro Porteño, y allí cantaron contra Rodolfo D'Onofrio y compañía y prometieron copar la parada hoy, en el primer Superclásico de la serie de tres que enfrentará a River y Boca.

¿Quiénes son los nuevos jefes de la barra? Todos hombres muy pesados y la mayoría con antecedentes judiciales de temer. El que asumió como número uno es Sergio Alejandro Medina, alias Ale de Budge, y que bajo su ala moviliza a más de 250 barras de la zona sur del Conurbano. Medina no es un recién llegado a estas lides: tuvo en 2015 una condena de tres años de prisión cuando la Policía lo atrapó liderando una caravana con armas de guerra. Junto a él estaba su hijo Braian, también miembro de la barra. Pero sólo pasó ocho meses en prisión.

Sergio Alejandro Medina
Sergio Alejandro Medina

A la semana de salir, otra vez debió sentarse en el banquillo de los acusados, por ser uno de los violentos que amenazó en el vestuario del Monumental al árbitro Sergio Pezzotta, el día que River terminó descendiendo.

Insólitamente y a pesar de sus antecedentes, le concedieron una probation. Se suponía que podía recapacitar, pero no: acumuló otra causa por extorsionar a los puestos de comida y bebida que se montan los días de partidos. Pero siguió en libertad. Claro que sus negocios no parecen estar vinculados sólo al fútbol: en 2016 fue baleado a dos cuadras de su casa en lo que la Justicia orientó como un ajuste de cuentas por negocios poco santos en el predio de La Salada y además comenzó a vérselo muy cerca de Hugo y Pablo Moyano hasta transformarse en seguridad de Camioneros, tal como reflejó este medio el año pasado.

Medina tiene derecho de admisión pero eso parece no importarle. Entró a la barra en 2002, viajó al Mundial de Alemania 2006 con la barra, se posicionó como segundo círculo de "Los Borrachos" desde 2011 y este año llegó a la cima. Allí no está sólo: su partenaire es Mauro Ferraras, quién lidera la facción del Conurbano norte de la barra, integrada también por más de 200 hombres muchos reclutados en la villa La Cava. Mauro es el mayor de cuatro hermanos, uno de los cuales, Leandro, actúa como su segundo y otro, Alejo, se sumó hace poco. También tienen un prontuario de temer por lo que tienen prohibido el acceso a cualquier estadio. Saltaron a la fama en aquella Promoción con Belgrano, cuando uno de los Ferraras ingresó como encapuchado en Córdoba a arengar a los jugadores y sus caras recorrieron el planeta cuando en un partido de la Selección ante Colombia ingresaron al césped y ante las cámaras de TV le sacaron una camiseta a Lionel Messi, quién no salía de su asombro por el arrebato. Los Ferraras además fueron acusados por sus rivales internos de la banda del Oeste de haber sido quienes lideraron las agresiones con armas blancas y de fuego en la guerra que se produjo entre 2013 y 2016, aunque la Justicia no logró probarlo.

Los encapuchados que interrumpieron la promoción contra Belgrano en 2011 (FotoBaires)
Los encapuchados que interrumpieron la promoción contra Belgrano en 2011 (FotoBaires)

Junto a ellos están otros hombres que tenían cierto peso y ahora pisan bien fuerte. Uno es Mariano Golo Patanchón, quién tuvo un proceso por agresión con armas blancas a un representante de jugadores en el estacionamiento del club, del que finalmente salió indemne. Otro es Gustavo "el Uruguayo" Larrain, histórico de la barra desde tiempos de Adrián Rousseau, que quedó involucrado en varios episodios violentos como por ejemplo la batalla de los quinchos y fue denunciado en la fiscalía de Saavedra como uno de los recaudadores de la reventa, pero que siempre logró evadirlos.

También integra este grupo Juan Carlos "Chimi" Leguizamón, otro habitué de Tribunales cuya causa más resonante fue la famosa apretada a Pezzotta, donde terminó con probation y prohibición de concurrencia a los estadios. Y según dirigentes que prefieren por temor no hablar, también estuvo merodeando otro ex segunda línea, Martín de Soldati, quien habría liderado el canto contra los directivos en el estadio. Por último, en el paravalanchas se subió un nuevo integrante al que le dicen "Largo", que es quién maneja la zona de Boulogne de la barra brava.

Mauro Ferraras, de short rojo y tatuaje en el brazo derecho.
Mauro Ferraras, de short rojo y tatuaje en el brazo derecho.

Con este panorama, el Ministerio de Seguridad de la Nación decidió aumentar los recaudos para esta tarde con el programa Tribuna Segura, para que ninguno de ellos y del resto que tienen derecho de admisión puedan entrar al estadio. También hay preocupación por la barra disidente, que si bien está con bajo perfil, viene ingresando a la popular Centenario en un número cercano a las 70 personas. Las entradas están agotadas y River con un sofisticado acuerdo con el Renaper impidió que los violentos las adquirieran. Además internamente ya no hay venta y el protocolo está nominado y muy restringido. "El club está colaborando, absolutamente alineado contra la barra y todo el operativo es de la Ciudad", le dijo Diego Santilli, vicejefe de gobierno a Infobae que toma este clásico como una prueba de fuego, a punto tal que hasta se le prohibió a River mostrar dos mosaicos en las plateas Belgrano y San Martín con la fecha de la final en Madrid y de la Supercopa en Mendoza, para que no haya provocaciones de ningún tipo y todo sea una fiesta en paz.

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