
La temperatura del Superclásico comenzó a crecer recién el viernes por la mañana. Mientras desayunaban en el Monumental, adonde pasaron la noche tras conseguir la clasificación para las semifinales de la Libertadores en Asunción ante Cerro Porteño, los jugadores de River vieron por televisión en los canales deportivos y en los noticieros las largas colas de hinchas que fueron al estadio a retirar sus entradas para el choque de mañana ante Boca. Hasta el jueves, en el seno del plantel que conduce Marcelo Gallardo no se tocó el tema del primero de los tres partidos que jugarán ante Boca en los próximos 50 días: mañana por la Superliga, el 1 de octubre en el Monumental en el choque de ida de las semifinales coperas y el 21 de octubre en la Bombonera en el decisivo choque que determinará cuál llega a la final del 23 de noviembre en Santiago de Chile frente al ganador de la serie entre Flamengo y Gremio.
Durante la semana, Gallardo no les habló a sus jugadores sobre el Superclásico más que para decirles que hasta el jueves a la noche debían enfocarse exclusivamente en el duelo frente a Cerro Porteño. Sin embargo, en su cabeza de algún modo siempre estuvo presente el enfrentamiento ante Boca: junto a los integrantes de su cuerpo técnico hicieron evaluaciones previas sobre qué jugadores titulares pueden llegar a estar nuevamente de entrada en el Superclásico de mañana pese a que tendrán apenas dos días de descanso luego del choque copero: Franco Armani, Gonzalo Montiel, Lucas Martínez Quarta, Milton Casco, Exequiel Palacios, Nicolás De La Cruz y Rafael Borré parecen pagar dos pesos en ese sentido.
Como buen estratega, durante el juego ante Cerro, Gallardo también miró de reojo al Superclásico, especialmente cuando a los 21 minutos del segundo tiempo decidió sacar a Borré para que ingrese Lucas Pratto. Con esa determinación, dosificó un poco las energías del colombiano pensando en Boca y a la vez le dio minutos de rodaje a Pratto, quien podría reemplazar a Matías Suárez, afectado por una fatiga muscular.

Acostumbrado a pelear en casi todos los frentes en los que compite su equipo, y con diez títulos sobre su espalda como técnico de River, Gallardo ya les pidió a sus jugadores un último esfuerzo para mañana antes del parate que tendrá la Superliga luego de la jornada del fin de semana por las fechas FIFA en las que Argentina jugará ante Chile, el 5 de septiembre en Los Angeles, y frente a México, cinco días después en San Antonio. También les anticipó algo con afán motivacional: que disfruten todo lo que se vivirá el domingo en el Monumental porque los hinchas de River preparan muchos festejos en la previa al tratarse del primer Superclásico post final de la Libertadores en Madrid. Y les dijo que "estaría bueno" regalarle a la gente otro triunfo ante el clásico rival, especialmente a los cientos que no pudieron viajar a España a ver la final en el Santiago Bernabéu.
Fuera de eso, River quiere ganar el Superclásico de mañana por otras dos razones esenciales: la primera, alcanzar a Boca en la tabla de posiciones, ya que los dirigidos por Gustavo Alfaro tienen diez puntos contra siete de los "millonarios"; y la segunda, cortar la racha de casi nueve años sin victorias ante el clásico rival en el Monumental por torneos locales. La última fue el 16 de noviembre de 2010 con gol de Jonatan Maidana, de cabeza, en el debut de Juan José López como técnico de River. Al año siguiente, River perdió la categoría, esa hecatombe antinatural, con el mismo entrenador sentado en el banco de los suplentes.
Luego de aquel 1 a 0 conseguido por River en 2010, se enfrentaron otras siete veces por campeonatos locales en el Monumental y hubo cuatro victorias de Boca (1-0 en 2013 y 2015; 4-2 en 2016; y 2-1 en 2017) y tres empates (2-2 en 2012; 1-1 en 2014; y 0-0 en 2016). Gallardo y sus futbolistas están bien al tanto de esa estadística a la que quieren ponerle punto final.
En el medio de todos esos enfrentamientos en Núñez por torneos domésticos, River consiguió dos triunfos a nivel internacional que fueron muy festejados y que luego desembocaron en sendos títulos: 1 a 0 con gol de Leonardo Pisculichi por las semifinales de la Copa Sudamericana 2014, y 1 a 0 con festejo de Carlos Sánchez, de penal, por los octavos de final de la Libertadores 2015.
River, entonces, tiene motivos de sobra para ir tras los pasos de otro festejo grande ante su máximo adversario. Y Gallardo ya se los hizo saber a sus jugadores.
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