Gallardo no sólo es un entrenador descomunal. Los movimientos tácticos -a veces más prácticos que reveladores- no son su única virtud. Donde saca una diferencia aún mayor es en su gestión. Es un líder creíble en una Argentina llena de mentirosos. Cuando el entrenador de River le dice a la gente que crea, la gente le cree. No importa que tenga dudas en el camino o le parezca demasiado optimista. Su palabra moviliza, contagia, oxigena, exige. Hasta en los peores días ha demostrado tener un plan. Es el capitán de River hace 5 años aunque ya no esté en pantalones cortos. Ese es su rol. No es amigo de los jugadores. Ellos cuentan en la intimidad que "cuando Gallardo se enoja es jodido". Que los sigue de cerca aunque te llames Ponzio. Que no saben quién juega hasta último momento. A veces le miran la cara al llegar al entrenamiento para saber qué día les espera. Igual todos lo siguen porque sabe que los hará ganar. Podrán tener la victoria más importante y recordada contra Boca en la final de la Copa Libertadores en Madrid. O hacerle seis goles en una paliza histórica al último Racing campeón en su cancha.

Cualquiera se hubiera ido a disfrutar del éxito al final de su primer mandato. Le había cambiado la cabeza a River. Ya era un equipo copero por encima de Boca. Tenía paz después de haber caminado varios sábados por el Infierno. El hincha otra vez era feliz. Gallardo igual se quedó: es insaciable, siempre va por más. Y ama al equipo que lo vio brillar y le permitió dejar de colarse en el tren que lo traía de Merlo. Tanta personalidad tuvo de chico que en la primera prueba, a los cinco minutos de estar en la cancha, se arrimó al entrenador Gabriel Rodríguez y le pidió que lo cambiara de equipo. "¿Por qué?", le preguntó el captador de talentos. "Porque no me la pasan", respondió el chico que casi se va un rato antes, cuando pasaban los minutos y se habían olvidado de testearlo. En su River su espíritu competitivo siempre se potenció. Al minuto de ganar ya quiere una nueva victoria. Es capaz de seguir armando equipos aunque se le desarmó su primer campeón, el segundo y el tercero… De hacerle tres goles a Racing en tres minutos. Y de sentir como una deuda -después de haber ganado casi todo- ser campeón del torneo local.
No es un tipo muy político. O mejor dicho: Gallardo no siempre es políticamente correcto. Defiende a su River y en esa jugada se ha enfrentado con el poder. Habló de guardia alta. Se quejó del Var cuando no lo benefició y aún hoy no reconoció que lo benefició con Independiente. Las pocas veces que perdió se quejó más del planteo rival que de sus defectos. Es algo para modificar. Aunque hoy queda en el detalle de la evaluación de los periodistas o algunos observadores externos. Ningún hincha se lo va a reclamar. Gallardo se ganó ser el mejor entrenador de la historia del club. Aun cuando no haya salido campeón del mundo como el Bambino Veira en el 86, sus equipos ganaron dos veces la Libertadores, pusieron de rodillas a Boca en Madrid. Les devolvieron la alegría y la confianza a sus hinchas. El Muñeco tendrá una estatua como el Feo Labruna y hoy es más ovacionado en la cancha que el idolatrado Ramón Díaz. El 10 al que Passarella llevó a la Selección y patentó la frase "entiende el juego", en River entendió todo. Gallardo es la figura del equipo aunque pasen Ponzio, Cavenaghi, Maidana, el Pity, Quintero, Pratto o el que fuera.
En un país lógico él manejaría el destino de los argentinos. Gallardo Presidente. En términos futbolísticos: DT de la Selección. No se le pediría que ponga en caja el valor indomable del dólar ni que corte el River-Boca permanente. Su responsabilidad sería levantar a Argentina en el último Mundial de Messi. Acá no sucederá. Se prefiere hacer una encuesta interna con los jugadores que participaron de la Copa América y apostar. Scaloni mañana puede ser un técnico top pero hoy no demostró tener la capacidad para asumir ese lugar. No es relevante para el jurado unipersonal de la AFA. Menos ahora que nadie piensa en la Selección porque no hay Copa América y para el Mundial falta una eternidad.
Pasa que Gallardo está enfrentado con los pocos que deciden. No dejaría que se mezclen los roles y aparezcan en la foto señores que deben estar vestidos de directivos. Entonces queda en segundo plano que es el mejor con Simeone fuera de carrera por su propia decisión. Está a la vista cómo piensa este pequeño gigante a veces irascible de apenas 43 años. Cómo se mueve en el fútbol. Cuál es su conducta y el manual de condiciones para pertenecer a su plantel. Lo declaró aún en la euforia de la paliza al Racing que avergonzó al Chacho Coudet. “Esta victoria no nos va a confundir”, avisó. Un argentino fuera de lo común…
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