Tevez durante el festejo de su tanto frente a Defensa y Justicia (Fotobaires)
Tevez durante el festejo de su tanto frente a Defensa y Justicia (Fotobaires)

Boca fue superado futbolísticamente por Defensa y Justicia en la primera mitad como hacía rato no sucedía. Esteban Andrada sostuvo el empate, la defensa sufrió y el mediocampo no dio pie con bola. Los atacantes Carlos Tevez, Mauro Zárate y Darío Benedetto apenas tuvieron contacto con la pelota. Y el vestuario en el entretiempo fue un hervidero.

Por más méritos y pergaminos que trajera en esta Superliga el conjunto de Sebastián Beccacece, los jugadores xeneizes no se explicaban cómo podían estar siendo dominados en todos los sectores del campo de juego. El 10, capitán y bandera de Gustavo Alfaro, fue uno de los que más forzó sus cuerdas vocales en los vestidores.

Las cámaras de la transmisión televisiva ya habían exhibido muecas de fastidio en Tevez y Benedetto, otro de los pilares del plantel. Y los gritos e insultos, cachetazos para despertar a cada uno de los componentes del equipo, se oyeron hasta afuera del vestidor.

"La c… de su madre, no podemos estar jugando así", fue la catarsis impulsiva de uno de los titulares del último domingo. Y otra arenga fue aún más contundente: "Nos están dando un baile bárbaro y no pegamos una sola patada". La visita nunca se afirmó ni se hizo sentir en los primeros minutos. La única amarilla -en la primera etapa- fue a Mauro Zárate por cortar a Leonel Miranda en una contra que podía llevar riesgo al arco de Andrada. Y ese fue un dato que no se dejó pasar.

Tevez, que estuvo desenchufado en la etapa inicial, leyó lo que estaba sucediendo desde adentro. Y se lo transmitió a sus compañeros.

Mientras el entrenador disponía ajustar las líneas y analizaba potenciales modificaciones de cara al complemento, Carlos Izquierdoz, Benedetto e Iván Marcone, quien de a poco se va ganando al hincha de Boca, fueron las otras voces que se identificaron por las ventanas del vestuario visitante del estadio Norberto Tomaghello. Zárate, que a fuerza de buenas actuaciones ganó preponderancia en el seno interno, también acotó algo.

Y es que Boca necesitaba un sacudón mental para afrontar la segunda parte. Porque si se repetía la tónica de la primera, la derrota era prácticamente irremediable.

Sin otro de los cabecillas del grupo como Nahitan Nandez (suspendido por acumulación de tarjetas amarillas), el DT encontró soporte con Carlitos y sus laderos para concretar la reacción que se necesitaba como el aire. Por circunstancia o destino, Tevez se iluminó en el amanecer de la segunda mitad y quebró el cero en Florencia Varela. E instantes después casi amplía la ventaja con una jugada similar a la del 1-0.

El Xeneize de Alfaro estuvo lejos de su techo futbolístico, de hecho el gran desafío sigue siendo hallar una identidad que le permita ilusionarse con la Copa Libertadores, pero mostró otro semblante y la historia cambió.

Pese a la cuarta victoria sobre 7 partidos desde que se inició su ciclo, los ánimos permanecieron exacerbados por los insultos de la platea local para los jugadores de Boca, con Zárate (intercambió escupitajos con un plateísta) y Benedetto (tuvo un fuerte entredicho con un empleado del dueño de casa) como blancos.

Ya de nuevo en el vestuario, se apretó el puño fuerte por los tres puntos que acercaron a Boca a la Libertadores 2020 pero al mismo tiempo se mantuvo la serenidad por el sabor a injusticia que dejó el resultado favorable.

Las papas se sacaron del horno a tiempo esta vez y el técnico se marchó con dos certezas de la cancha de Defensa: 1) tendrá que continuar en la búsqueda del volumen de juego necesario para proyectar el éxito deportivo de Boca este año; y 2) ante la adversidad, los líderes del vestuario lo respaldaron y demostraron que están comprometidos con la causa.

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