La frase que Julio Humberto Grondona llevaba grabada en un anillo trasciende las épocas. Todo Pasa era uno de los lemas de vida que pregonaba el caudillo de la AFA y la FIFA. En julio de este año se cumplirán cinco desde su deceso y el fútbol argentino sigue lejos de emprolijarse. Más bien todo lo contrario.

El famoso 38-38 por el sillón de la Asociación del Fútbol Argentino quedó para la posteridad, así como la recordada Comisión Normalizadora y el casting de entrenadores para la Selección Mayor y Juveniles.

Nuevamente se incorporó el sistema pago exclusivo para abonados en las señales de cable que transmiten los partidos, mientras se reduce lentamente el número de equipos en la máxima división para competir así con 20, como sucede en el resto del mundo (después de la disparatada propuesta impulsada por Don Julio en la que ascendieron diez equipos a Primera de un plumazo).

Los barrabravas continúan enquistados y se aferran a los negocios montados en las sombras de las instituciones. Y, como siempre, donde hay torta siempre sobrarán las manos para tomar una porción. Por eso la violencia no se detiene a pesar de la prohibición del público visitante que lleva más de cinco años.

En realidad, la posibilidad de alentar a un equipo en estadio ajeno es válida para algunos. El tema se maneja de forma arbitraria. En general, los grandes son los que gozan del beneficio de acudir con sus hinchas (sobre todo en partidos que se desarrollan en el interior del país) fuera de casa, algo que hace aún más despareja la lucha por los objetivos deportivos. Un equipo es local de otro pero no es recíproco, porque el torneo es a una sola rueda. A un equipo le restan puntos por tener deudas, pero otros que también están en falta siguen compitiendo como si nada. Un equipo lleva público visitante, otro no. Nuestra lógica incoherente.

Y ni hablar de la paparruchada de los hinchas "neutrales", visitantes disfrazados sin los colores de su club del corazón que gritan los goles y cantan canciones los 90 minutos…

En el loco fútbol argentino (¿se encamina a ser como la liga española en la que reinan sólo Barcelona y Real Madrid?) en el que Boca vende a un juvenil con escasos partidos en primera por más de 15 millones de dólares mientras muchos clubes de menores recursos arman sus planteles con futbolistas surgidos de las inferiores y préstamos, todo puede pasar.

Y el fiel y contundente reflejo de lo que ocurre en el fútbol nacional actualmente se registró en la última semana con tres hechos, muestras gratis de lo inviable que resulta ser.

PROHIBICIÓN DE CHORIPANES

El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires suspendió el otorgamiento de permisos para la ubicación de puestos de comida durante eventos deportivos. Es decir que los estadios de Boca, River, San Lorenzo, Huracán, Vélez y Argentinos Juniors ya no se impregnarán del humo y el aroma de los chorizos y hamburguesas a la parrilla.

No habrá más choripanes en los partidos de fútbol dentro de Capital Federal (DyN)
No habrá más choripanes en los partidos de fútbol dentro de Capital Federal (DyN)

Otro golpe que atenta al plan del hincha común que concurre con su familia al estadio. Salvando las distancias, como los estadounidenses defienden a capa y espada los nachos con cerveza para ver el baseball o fútbol americano, muchos fanáticos argentinos mantienen su ritual del choripán y la gaseosa antes del partido en los alrededores de la cancha. El primer ataque contra el itinerario del futbolero fue desterrar el partido preliminar de la Reserva (antes también Tercera), que se disputa en otra sede, horario e incluso día. Es un empujón más para no moverse del sillón del living y conformarse con verlo por TV.

Las razones de la negativa al típico sándwich de embutido nacional es lógica: las autoridades entienden que la mayoría de las parrilas son manejadas por los barrabravas de los clubes y pretenden, con esta medida, desarticular sus negocios. El cuestionamiento que surge es: ¿no sería más acertado desterrar a los violentos de las canchas y mantener una fuente de trabajo digna para gente que sí la merece?

LOS NÚMEROS QUE PUBLICÓ TIGRE

El pasado sábado 26 de enero, el Matador recibió en Victoria a San Martín de Tucumán por la fecha 16 de la Superliga. Fue un duelo clave por la permanencia y el público local estuvo a la altura de las circunstancias apoyando al equipo dirigido por Mariano Echeverría. El estadio José Dellagiovanna lució completo y, pese al empate con sabor a poco, más de un fanático tigrense se habrá marchado a su hogar pensando en que al menos el club había recaudado un buen número por la concurrencia. La realidad marca otra cosa.

Días después del compromiso, la entidad de Victoria publicó un balance con lo que recaudó y gastó ese día.

Con las entradas generales y plateas para socios y no socios, Tigre embolsó poco más de un millón de pesos. Sin embargo, el operativo de seguridad (335 efectivos más horas extras más viáticos), la seguridad privada y de Utedyc y el alquiler de grupo electrógeno, molinetes y vallas, entre otros elementos para que el estadio esté completamente operativo, simbolizó una suma mayor a la recaudación. Exactamente 1.284.474 pesos. Es decir que el club registró una pérdida total de 233.324 pesos.

El caso de Tigre es solamente uno de tantos en cada fin de semana dentro del fútbol argentino. Así, es difícil (por no decir imposible) que la economía de una institución sea sustentable.

SIN CLÁSICOS EN COPA ARGENTINA

El jueves pasado se sortearon los 32avos de final de la Copa Argentina 2018/2019. El cuadro de la fase final contará con los mejores equipos de cada división del ascenso y todos los clubes de Primera.

Las 32 llaves quedaron conformadas y hubo una particularidad que probablemente se le haya pasado por alto a quienes no siguieron la transmisión desde el predio de Ezeiza en vivo o algún otro desprevenido. En esta instancia habían quedado emparejados Nueva Chicago y All Boys, cruce que no será tal. ¿Por qué? Los organizadores impidieron que hubiera partidos clásicos a esta altura de la competencia.

En lugar de ir al encuentro número 16 como había determinado el azar, el papel de la bolilla del Albo fue al próximo (17) con Sarmiento de Junín. Y será Central Córdoba de Santiago del Estero (siguiente sorteado) el que enfrente al Torito.

En la edición pasada se disputó el Newell's-Rosario Central en cancha de Arsenal y a puertas cerradas. Y todavía está latente la mudanza del Superclásico de la final de la Libertadores de Núñez a Madrid. "Los clásicos, preferentemente no jugarlos", parece ser la premisa. Al espectáculo y la tradición, a veces conviene dejarlos de lado.

SEGUÍ LEYENDO