2021, bisagra para superar la pandemia, la tensión geopolítica y la incertidumbre global

La pandemia de COVID-19 no fue un “cisne negro”, sino que, por el contrario, lo ocurrido en el planeta era predecible. De hecho, fue anunciado y advertido durante años, pero las alertas fueron ignoradas por quienes privilegiaron otros intereses. Hoy el mundo enfrenta un momento clave que marcará el destino de las próximas generaciones.

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La pandemia sigue siendo la
La pandemia sigue siendo la principal preocupación de los gobiernos de todo el mundo que buscan evitar a toda costa restricciones a la circulación como las que vivimos en 2020. Foto: Fernando Calzada.

Nadie olvidará el 2020, y será seguramente una bisagra importante en nuestra vida y en la de las próximas generaciones. “Confinamiento” fue elegida como la “palabra del año” por la Fundéu RAE, seleccionada entre candidatas como “coronavirus”, “infodemia” y “resiliencia”, entre otras que marcan lo dramático del pasado año. Seguramente, en las próximas décadas, especialistas y catedráticos de toda laya llenarán bibliotecas con las consecuencias del COVID-19, tan variadas como el efecto en las redes sociales, el futuro de la globalización, los hitos científicos de las vacunas, la aceleración de la tecnología, los efectos sobre la salud mental, la crisis global sanitaria, los brutales efectos económicos y los caminos transitados para la recuperación. ¿Más temas? Seguramente, cientos o miles… Pero hoy, cuando aún nos corroe la incertidumbre y el miedo, mientras cambian las cepas que nos acechan y vienen nuevas olas del virus, poco es lo que podemos analizar en medio de esta batalla global contra este enemigo silencioso y letal.

La carrera por la vacuna
La carrera por la vacuna se ha vuelto una cuestión prioritaria. Mientras los países desarrollados avanzan con múltiples acuerdos y acaparan dosis disponibles, el Tercer Mundo corre el riesgo de quedar al margen de estas tratativas. Foto: Archivo DEF.

Nos espera por delante, seguramente, un año muy duro, cargado de situaciones al borde del desborde, con una ciudadanía agotada y empobrecida, un fuerte crecimiento de la desigualdad y una crisis en los valores tradicionales que la política, en el mundo entero, no ha logrado menguar. Ojalá que las previsiones pesimistas de casi todos los analistas sean derrumbadas por la solución de este problema tan complejo, aunque, por las consecuencias que dejará la pandemia, de cualquier modo, resulta casi un “pensamiento mágico” imaginar que no pasarán años hasta lograr la tan ansiada recuperación.

Dejando entonces absolutamente claro que el año que se inicia está ligado de manera indisoluble a la evolución de la pandemia, veamos cuales son problemas del COVID-19 y las demás situaciones que acompañan el devenir de este 2021:

La pandemia sigue siendo la principal preocupación de los gobiernos de todo el planeta, que buscan evitar a toda costa restricciones de circulación y cierres prolongados de actividades como los que vivimos en 2020. Por eso, la carrera por la vacuna se ha vuelto una cuestión prioritaria. Mientras los países desarrollados avanzan con múltiples acuerdos y acaparan las dosis disponibles, el Tercer Mundo corre el riesgo de quedar al margen de estas tratativas. Mientras tanto, la OMS ha activado el mecanismo COVAX para distribuir 1800 millones de vacunas entre 92 países de ingresos medios y bajos, de los cuales al menos 600 millones serán destinados a África. A pesar de esta acción, que aún no tiene fecha probable de ejecución, queda nuevamente de manifiesto la poca injerencia de la gobernanza formal del planeta, representada por docenas de instituciones cuya efectividad termina en casi todos los casos en recopilación de datos, recomendaciones y estudios, y mínima efectividad. Esa efectividad es, justamente, lo que exigen los tiempos de crisis profundas.

Además del frente sanitario, la
Además del frente sanitario, la recuperación económica será clave para salir de la megacrisis del 2020, que marcó la peor recesión desde la crisis de 1929. Foto: AFP.

Además del frente sanitario, la recuperación económica será clave para salir de la megacrisis de 2020, que marcó la peor recisión desde la crisis de 1929. Mientras tanto, la agenda del planeta no se detiene y, pandemia mediante, la lucha contra el calentamiento global se ha vuelto prioritaria. Con EE. UU. de regreso en el acuerdo climático de París, en noviembre tendrá lugar en Glasgow la COP 26, en la que se deberán actualizar los objetivos de reducción de las emisiones de CO2 en vista del objetivo final de la “descarbonización” para el año 2050. Tal como manifiesta la legendaria activista Jane Goodall, activa como nunca a los 86 años, “el mayor temor es que, de la pandemia, salgamos como si nada y continuemos en la codiciosa destrucción de los recursos naturales del planeta”.

Existen otros sectores claves, como el de las tecnologías sensibles y el ciberespacio, donde las políticas de las grandes potencias, en particular las de Washington y Pekín, no parecen estar tan alineadas. Un punto que parece innegociable para Washington es el de la instalación de las redes de telecomunicaciones 5G, donde la empresa tecnológica china Huawei pugna por ampliar su mercado y participar de la instalación de esta infraestructura en todo el mundo.

Otro sector clave es el
Otro sector clave es el de las tecnologías sensibles donde Washington y Pekin no parecen estar alineadas. Un punto que parece no negociable para Washington es el de la instalación de las redes 5G, dónde Huawei pugna por ampliar su mercado y participar de la instalación de esta tecnología en todo el mundo. Foto: AFP.

En el sector de las tecnologías, se ha abierto en el mundo el debate sobre la regulación de las denominadas Big Tech, que protagonizan la llamada “revolución de los algoritmos” y levantan ampollas por su invasión a la intimidad y el uso discrecional de los datos personales de sus usuarios. No hay que hacerse los distraídos: no hablamos de economía, sino de poder político determinante. Consideremos que existen algo menos de 200 países en el mundo y las diez primeras empresas de Big Tech tienen mayor poderío económico e injerencia global que la gran mayoría de las naciones. Discutir esto a fondo y responsablemente es resolver el diseño del mundo, ya que, como señala un informe reciente de la Brookings Institution: “Quien sea líder de la IA (Inteligencia Artificial) en el 2030 gobernará el mundo hasta el 2100”.

En el mapa geopolítico global, sin dudas, Medio Oriente será la región por seguir con mayor interés a lo largo de 2021. El futuro del acuerdo nuclear con Irán –del que EE. UU. se retiró durante la presidencia de Trump– y de los históricos acuerdos de establecimiento de relaciones diplomáticas entre Israel y un conjunto de países árabes y norafricanos marcan la agenda de Washington, que también se ha propuesto poner fin al drama humanitario que vive Yemen. Washington, además, parece haber perdido terreno en Siria, donde Rusia, Turquía e Irán se mueven a sus anchas con el objetivo de ganar influencia y participar del futuro rediseño del mapa regional.

Existen algo menos de 200
Existen algo menos de 200 países en el mundo y las diez primeras empresas del “Big Tech” tienen mayor poderío económico e injerencia global que la gran mayoría de las naciones. Foto: Archivo DEF.

Hecho este escueto análisis y volviendo a nuestras preocupaciones actuales más importantes, es bueno repasar los errores cometidos, al solo efecto de no repetirlos, algo bastante común en la raza humana, tan afecta a buscar distintos resultados repitiendo los mismos procedimientos. En ello, nos ganan hasta los ratones de laboratorio, que no vuelven al lugar del circuito donde reciben una descarga eléctrica. Es conocido que el término “cisne negro” alude a un acontecimiento inesperado e impredecible que produce, según su definición, consecuencias importantes a gran escala y sobre los cuales, solamente a posteriori, se puede dar una explicación razonable. Nada de ello ha ocurrido acá, y quizás quien mejor explicó esta situación, y la ejemplificó con claridad, es Michele Wucker –analista estadounidense experta en economía mundial–, quien definió el coronavirus como un “rinoceronte grande y gris”, en obvia contraposición al concepto de “cisne negro”. Ese rinoceronte indica que nada impredecible ocurrió en 2020, sino que, por el contrario, todo ello era predecible, fue anunciado y advertido durante años, de todas las maneras y desde todos los ángulos, y esas alertas fueron ignoradas de manera increíble por quienes privilegiaron otros intereses, que hoy tendrán un costo multiplicado por mil.

En el libro The gray rhino, publicado por Wucker en 2016, se estudian casos donde se enfrentan riesgos claros y comprobables con una negligencia determinista que agrava y finaliza en un desastre superior al propio problema. Créase o no, la analista inició estos estudios en Latinoamérica y, puntualmente, en nuestro país, en la crisis del 2001. Meses antes, existió la propuesta de reestructuración de la deuda argentina, con un costo de alrededor del 30 por ciento. La historia es conocida: era, obviamente, una situación ventajosa que no fue aceptada, pese a las condiciones complejísimas del momento, y terminó con pérdidas insalvables que afectaron a toda la sociedad. Fue cero “cisne negro”; fue un claro ejemplo de “rinoceronte grande y gris”.

"Cuando insistimos en tomar nota,
"Cuando insistimos en tomar nota, en no repetir conductas, en no olvidar pasado el desastre, basta solo remitirse a la mal llamada “gripe española” que, entre 1918 y 1920, provocó 50 millones de muertos y infectó a unos 500 millones de personas", dice el autor. Foto: Archivo DEF.

Volviendo al caso del coronavirus, las conductas negadoras fueron mayores y globales, y ocurrieron además durante años. Nadie se preparó seriamente para los riesgos que anticipaban otras epidemias cercanas como el síndrome respiratorio agudo (SRAS) del 2002 o el virus H1N1 y la posterior gripe aviaria (H5N1) en 2009 y 2010. No hubo una voz, sino cientos de llamados de atención desde la OMS hasta Bill Gates, desde el Instituto Pasteur hasta el Banco Mundial, desde todos los ángulos, y se crearon, incluso, posibles modelos ante la previsión de una pandemia de las características de la que hoy vivimos.

Cuando insistimos en tomar nota, en no repetir conductas, en no olvidar pasado el desastre, basta solo remitirse a la mal llamada “gripe española” que, entre 1918 y 1920, provocó 50 millones de muertos e infectó a unos 500 millones de personas. Ese virus de origen aviar (H1N1) no fue muy nombrado, pese a su magnitud. ¿Hubo héroes reconocidos? ¿Grandes novelas o películas, como sí las hubo de las dos grandes guerras del siglo XX? Pareciera ser, sin querer arrojarme un título habilitante en el área de la psiquiatría con el que no cuento, que, ante el temor generalizado, ante la desgracia sin sentido ni aviso, la humanidad prefiere dar vuelta la página y seguir la vida para, ya pasada la muerte, repetir conductas que traen “rinocerontes grises y grandes”, cada vez de mayor tamaño. El lado B de la tecnología, la misma que provocó el milagro de crear en tiempo récord la vacuna, también aceleró la velocidad del contagio e incrementó todos los riesgos, dada la interconexión del planeta, lo que redundó en una vulnerabilidad mayor. Nadie escapará a ese destino si no somos capaces de recapacitar sobre nuestras conductas individuales y colectivas.

La humanidad, a lo largo de la historia, ha enfrentado miles de crisis para poder subsistir. Y, en estos tiempos de interconexión y globalidad, pareciera que esas subsistencias no dependen de los grandes cambios tecnológicos, sino de la más sencilla de las introspecciones: mirar dentro nuestro, de manera individual y colectiva, para encontrar un camino más amigable con las otras especies, con la naturaleza y el medioambiente, con menos frivolidad y más pasión por la vida, de manera de dar una respuesta sencilla y fundamental que asegure el futuro de los que están por venir.

*El autor de este texto es el director de DEF.

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