“Las posibilidades de que tenga lugar un conflicto armado interestatal en la región son bajas, pero la tendencia a estar preparados se da en forma de competencia asimétrica entre las principales potencias”, sostiene Stavridis. Foto: Archivo DEF.
“Las posibilidades de que tenga lugar un conflicto armado interestatal en la región son bajas, pero la tendencia a estar preparados se da en forma de competencia asimétrica entre las principales potencias”, sostiene Stavridis. Foto: Archivo DEF.

En el marco de una serie de entrevistas que formarán parte de un libro que será publicado por la Editorial Taeda este 2020, el almirante James Stavridis repasó el contexto actual geopolítico y social, y analizó una potencial ruptura del orden mundial. El noteamericano se graduó en 1976, al concluir sus estudios en la Academia Naval de EE. UU. Como oficial de guerra de superficie, tuvo a su cargo el mando del destructor USS Barry entre 1993 y 1995, que fue desplegado en Haití y posteriormente en Bosnia-Herzegovina, en el marco de sendas misiones de la ONU y la OTAN. Entre 2002 y 2004 comandó el Enterprise Carrier Strike Group, en operaciones de combate en el golfo Pérsico en apoyo a las operaciones Libertad Duradera (Enduring Freedom), en Afganistán, y Libertad Iraquí (Iraqi Freedom).

Entre 2006 y 2009 estuvo al frente del Comando Sur de EE.UU. (US Southcom), con sede en Miami y responsabilidad sobre América del Sur, América Central y el Caribe. Posteriormente, entre 2009 y 2013, estuvo a cargo del Comando Supremo Aliado en Europa de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Desde allí participó en la operación Protector Unificado (Unified Protector), que estableció una zona de exclusión aérea en Libia para proteger a la población de los bombardeos del régimen de Gadafi, quien sería derrocado y moriría en circunstancias no aclaradas en octubre de 2011.

Según Stavridis, a pesar de las crisis políticas y sociales de los últimos años, Europa seguirá siendo un actor importante a nivel global. Foto: Archivo DEF.
Según Stavridis, a pesar de las crisis políticas y sociales de los últimos años, Europa seguirá siendo un actor importante a nivel global. Foto: Archivo DEF.

–¿Entiende que el ciclo del “orden basado en reglas” y la democracia liberal se está acabando, dando paso a regímenes nacionalistas iliberales y relaciones internacionales atravesadas por criterios de fuerza? ¿O solo se trata de una crisis temporal? ¿Cree que el cambio de orden puede darse pacíficamente?

–La respuesta más simple es no. Una respuesta más elaborada implica una serie de aclaraciones. En primer lugar, se puede debatir ampliamente si el mundo de verdad estaba basado en reglas o era ordenado antes de que todos comenzaran a preocuparse por el fin del orden mundial basado en reglas. Puede que, en realidad, esté debilitándose nuestra confianza excesiva en la forma en la que funciona el mundo, y eso no es algo malo.

La segunda aclaración es la siguiente: en la historia, aún no hemos sido testigos de un ascenso inevitable o de una caída imposible. La única constante es el propio cambio. Y, en tercer lugar, en el ámbito geopolítico y en los mercados, la manera más fácil de perder es reaccionar a los eventos en el momento. Vender todo un mal día es la mejor forma de perderse un buen mes. Por lo tanto, una respuesta más moderada es que el contexto geopolítico está cambiando, pero no hay un cambio definitivo escrito en las estrellas. Los países y los ciudadanos todavía tienen espacio de maniobra para forjarse el propio destino si deciden hacerlo.

En la historia, aún no hemos sido testigos de un ascenso inevitable o de una caída imposible.

–¿Cree que esta transición de orden puede darse en forma pacífica o piensa que las transiciones de orden sin conflicto armado son la excepción en la historia?

Cualquier persona casada o con hijos sabe que el arte de gobernar consiste en equilibrar los cambios inevitables con los mínimos conflictos. Las personas cambian. Los hijos crecen. Las relaciones deben evolucionar para adaptarse a las nuevas realidades. Esto no es fácil dentro de las familias, y es más difícil todavía en un mundo con más de 200 países. El cambio no estará exento de fricciones, pero tampoco tiene por qué ser catastrófico.

Es fundamental tener presente que los conflictos no son inevitables, pero la paz tampoco. Nadie puede lidiar con el cambio sin ningún problema, pero una diplomacia con capacidad, principios y coherencia es la mejor manera de asegurar que se evitará la catástrofe. La forma más riesgosa de enfrentar los cambios es actuar como si los conflictos estuvieran asegurados: después de todo, tal vez algunas personas se lo tomen en serio.

Stavridis afirma que “las alianzas y organizaciones, como la ONU, la OTAN y varios acuerdos comerciales, forjaron el mundo en el que vivimos y se encuentran integradas en el tejido de la vida cotidiana, y nos harían falta si se disolvieran”. Foto: Archivo DEF.
Stavridis afirma que “las alianzas y organizaciones, como la ONU, la OTAN y varios acuerdos comerciales, forjaron el mundo en el que vivimos y se encuentran integradas en el tejido de la vida cotidiana, y nos harían falta si se disolvieran”. Foto: Archivo DEF.

–¿Podemos seguir esperando un escenario de paz regional o se reproducirían en el continente los clivajes que se esbozan en el nivel internacional? ¿Cómo cree que el orden emergente impactará sobre la región americana, históricamente bajo el paraguas de EE. UU., pero cada vez más dependiente de China en términos comerciales?

–Una vez más, es necesario que pongamos de relieve la necesidad de contar con una diplomacia con capacidades y con principios. Frente a los cambios políticos, militares y económicos, es irresponsable apoyarse en la fuerza únicamente: no se pueden detener los bits, los votos o los yuanes con balas.

Ya somos testigos de los cambios políticos que están ocurriendo en América en general, Estados Unidos incluido. Las posibilidades de que tenga lugar un conflicto armado interestatal en la región son bajas, pero la tendencia a estar preparados se da en forma de competencia asimétrica entre las principales potencias.

Las posibilidades de que tenga lugar un conflicto armado interestatal en la región son bajas.

–¿Cuál cree que será el papel de Europa en el orden futuro? ¿Está asegurada la supervivencia de la Alianza Atlántica, o podrían surgir nuevos alineamientos?

–Europa seguirá siendo un jugador global importante, pase lo que pase. Incluso si, en el peor de los casos, se disolviera la Unión Europea, una Europa fraccionada se convertiría de inmediato en el escenario de toda clase de confrontaciones entre potencias y, posiblemente, de conflictos abiertos. Por suerte, parece poco probable que vaya a desintegrarse por completo el proyecto europeo moderno. Sin embargo, entre la crisis migratoria y lo que suceda con el Brexit, la Unión Europea se enfrenta a un fuerte llamado para evolucionar. Los cambios generan tensiones, pero representan grandes oportunidades: 75 años después de la Segunda Guerra Mundial, resulta fácil olvidarse de que es un milagro que Europa se encuentre unificada en su totalidad, que sea democrática y que esté en paz. En la actualidad, el continente tiene la posibilidad de enseñarle al mundo nuevas respuestas a los desafíos del multiculturalismo, el populismo y el iliberalismo.

Según el almirante James Stavridis los cambios no estarán exentos de fricciones, pero tampoco tienen un destino catastrófico asegurado. Foto: Archivo DEF.
Según el almirante James Stavridis los cambios no estarán exentos de fricciones, pero tampoco tienen un destino catastrófico asegurado. Foto: Archivo DEF.

–¿Puede la Argentina cumplir un papel dentro del sistema internacional a través de la participación de sus Fuerzas Armadas en alianzas internacionales? ¿Solo dentro del sistema ONU o en alianzas ad hoc?

–Las alianzas internacionales son una de las redes originales de la época moderna, y siguen estando entre las redes principales que funcionan hoy en día. Por supuesto que tienen defectos, pero funcionaron tan bien que muchas personas las dan por sentadas en la actualidad. Las alianzas y organizaciones, como la ONU, la OTAN y varios acuerdos comerciales, forjaron el mundo en el que vivimos. Pese a que algunas de las quejas respecto de ellas estén justificadas, estas redes se encuentran integradas en el tejido de la vida cotidiana, y nos harían falta si se disolvieran.

Participar en el trabajo de la ONU es una fuerte señal de compromiso con lo que consideramos el orden internacional basado en reglas. Y, nuevamente, nunca está de más hacer hincapié en que esta versión del orden, pese a sus defectos, es preferible a un caos sin pretensión de orden. Las alianzas bilaterales son otra historia; sus méritos varían de acuerdo con las circunstancias específicas. Pero también tienen efectos propios de las redes, con lo cual existe un incentivo para decidir con cuál de las redes aliarse para cada objetivo. Las alianzas tienen múltiples objetivos: además de fomentar los lazos militares, pueden facilitar la diplomacia, el posicionamiento, el comercio y otros de los propósitos de los gobiernos. La pregunta que siempre nos hacemos es con qué socios quiere mezclarse el país y con qué finalidad lo hace.

Participar en el trabajo de la ONU es una fuerte señal de compromiso con lo que consideramos el orden internacional basado en reglas.

–¿Cree que el cambio de orientación política en la región y el ascenso del nacionalismo transformarán las dinámicas interestatales en Sudamérica?

–Es seguro que se producirá alguna transformación: somos testigos de una gran cantidad de experimentos políticos que se están llevando a cabo ahora mismo, y los resultados son visibles para todos. Los precedentes importan, en especial en la política, y siempre resulta más difícil volver a colocar las cosas en la caja de Pandora que dejar que salgan. Basta con tener en cuenta cómo cambió el discurso geopolítico en los últimos años: ¿cuántas personas hablaban en serio sobre el nacionalismo hace apenas cinco años?

Todavía hay mucha incertidumbre para decir que nos encontramos ante un fenómeno que se volverá la norma. La pregunta, entonces, es qué grado de transformación seguirá vigente luego del paroxismo de populismo que se da en la actualidad. Cuando lleguemos a la nueva norma, ¿será muy diferente de la anterior? Pese a que es demasiado pronto para hacer predicciones, vale la pena estudiar la amplitud y la longitud de las ondas de las conmociones actuales. Cuanto más se desvíe el presente de lo que consideramos la norma, y cuanto más tiempo duren las desviaciones, más probable será que permanezcan en vigencia durante un largo tiempo.

“El crimen organizado de América Latina se relaciona con el tráfico, y el tráfico afecta a otras redes ilegales que seguirán tratando de satisfacer sus demandas lo mejor que puedan”, dice Stavridis. Foto: Archivo DEF.
“El crimen organizado de América Latina se relaciona con el tráfico, y el tráfico afecta a otras redes ilegales que seguirán tratando de satisfacer sus demandas lo mejor que puedan”, dice Stavridis. Foto: Archivo DEF.

–Más allá de los desafíos futuros, las amenazas ya configuradas en la región tienen que ver con la criminalidad organizada, especialmente el narcotráfico. ¿Cree que la criminalidad organizada seguirá siendo el principal problema de la agenda regional?

–Incluso en un mundo más ruidoso y con más desafíos que requieren atención, en la actualidad hay un sinnúmero de razones para creer que el crimen organizado seguirá siendo una cuestión fundamental para la agenda regional en el futuro próximo. Por un lado, el crimen organizado es otro ejemplo de las redes modernas en acción: mucho del crimen organizado de América Latina se relaciona con el tráfico, y el tráfico afecta a otras redes. Las organizaciones criminales mueven drogas, personas, armas y dinero. Y pueden hacer todo eso por diversas razones y con una gran variedad de socios indeseables.

Mientras siga existiendo una fuerte demanda de drogas y trabajo ilegal, las redes ilegales seguirán tratando de satisfacer esa demanda lo mejor que puedan.

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