
En 2013, cuando era titular del Conicet, Roberto Salvarezza fue uno de los artífices de la creación de Y-TEC, la empresa de base tecnológica que asoció al mayor organismo de ciencia del país con la compañía petrolera de bandera. Así nació YPF Tecnología (Y-TEC). “Estamos en condiciones de darle al país algo que todavía nos falta: tenemos excelentes científicos y muy poca tecnología”, advirtió el titular de Y-TEC, quien fue ministro de Ciencia y Tecnología entre 2019 y 2021.
La entrevista tuvo lugar en el edificio de vanguardia de Y-TEC ubicado en Berisso. En sus 11.000 metros cuadrados, funcionan 47 laboratorios y 12 plantas pilotos, y trabajan actualmente 260 tecnólogos e investigadores. Pero esa es solo la punta del iceberg del sistema, ya que, tal como explica el titular de la empresa, están incorporando constantemente nuevos recursos humanos que se desempeñan en distintas universidades y centros de investigación del Conicet a lo largo de todo el país. “Estamos trabajando en la respuesta a demandas concretas que surgen de YPF Agro, YPF Luz, de YPF Litio y de las diferentes empresas del grupo”, señala.

EL NACIMIENTO DE UN SUEÑO
-¿Cómo nació Y-TEC y cuáles son los objetivos que se propone la empresa? ¿Por qué se optó por el formato de sociedad anónima?
-El nacimiento de Y-TEC está muy relacionado con la refundación de YPF en 2012. Argentina tenía un problema energético muy serio, con una producción declinante de gas y petróleo en los yacimientos maduros. Teníamos por delante la posibilidad de explotar los recursos no convencionales en la zona geológica de Vaca Muerta. La decisión de recuperar la empresa implicaba desafíos tecnológicos. Por eso, se decidió crear una empresa de base tecnológica asociada con el Conicet. Queríamos que YPF nos formulara demandas y nosotros tuviéramos que dar soluciones con el ritmo necesario. Y-TEC es una empresa que tiene que manejarse con un criterio de evaluación económica, estudiando el impacto de cada proyecto. Apostamos al cambio de mentalidad del sistema de ciencia.
-¿De qué manera están trabajando con YPF en los recursos no convencionales?
-Hemos desarrollado instrumentos muy novedosos. Puedo mencionar todo lo que hemos avanzado en torno a la simulación de la fractura hidráulica para hacer que los procesos sean más eficientes. También trabajamos en soluciones que podrían cambiar la tecnología que hoy se utiliza en el fracking, con nuevos elementos de sostén que no son arenas, y ya hemos avanzado en proyectos piloto que podrían cambiar la tecnología que hoy se utiliza. Además, se ha trabajado en la recuperación de los reservorios de hidrocarburos convencionales que estaban en declinación y se ha logrado, a través de tecnologías con polímeros, potenciar esos reservorios y relanzarlos. Yo diría, a modo de síntesis, que se optimizaron procesos y se encontraron nuevas soluciones a cuestiones que son de gran importancia para YPF.

-Uno de los objetivos de Y-TEC es la sustitución de importaciones. ¿Qué proyectos han desarrollado?
-Estamos trabajando en distintos proyectos. Estamos estudiando, con YPF e INVAP, un elemento que se llama smart pig –”chancho inteligente”–, que pasa por adentro de los gasoductos y oleoductos, y permite detectar posibles fallas en las paredes. Cuando la pared se “adelgaza”, si tenemos en cuenta que el gas y el petróleo ejercen presión circunferencial, eso puede llevar a graves problemas de seguridad de los ductos. Hasta ahora, esa inspección requerida por el Enargas se hacía con equipamiento extranjero, que no siempre estaba disponible. En la división de YPF Agro, por otra parte, hemos desarrollado biofertilizantes que ya se están ofreciendo dentro la cartera de la empresa y se emplean en el campo.
UN PROYECTO EMBLEMÁTICO
-¿En qué estado se encuentra el proyecto para fabricar celdas de baterías de litio?
-Cuando se creó Y-TEC, apareció la posibilidad tal vez un tanto excéntrica en ese momento, de armar una planta piloto de fabricación de celdas de baterías. Ahí se empezaron a construir las primeras celdas y comenzó a explorarse la posibilidad de optimizar el uso de materiales para la fabricación en el país del cátodo y el ánodo. Todo esto nos permitió ir adquiriendo experiencia y, con el boom del litio, vimos la oportunidad de escalar esa planta piloto y construir una planta preindustrial, donde podemos llegar a tener unos 13 megavatios en baterías. Sería el equivalente a unas 40 baterías para ómnibus o bien para instalaciones estacionarias. La planta está ubicada en un predio de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y empezará a funcionar a fin de este año.

-¿Qué se fabricará en la planta de Y-TEC?
-En el camino para desarrollar este proyecto, encontramos oportunidades para fabricar también el material catódico. Por lo tanto, a la planta de baterías vamos a sumar otra planta piloto para la producción de litio-fosfato de hierro (LFP). Había dos cuestiones por atender. Por un lado, la contaminación del cobalto y el níquel, que es otro tipo material catódico que tiene mayor densidad energética y lo podríamos haber utilizado. Adicionalmente, nos preocupaba que esos metales no estuvieran disponibles en el país porque esa tecnología nos iba a llevar nuevamente a un “cuello de botella”. Por eso, se eligió el LFP, un material que no es contaminante. Y tanto el fosfato de hierro como el carbonato de litio son productos que se fabrican en nuestro país. Después, en este último tiempo, surgió la posibilidad de fabricar el material del ánodo, que es el grafito. En base a un análisis que realizamos, encontramos que hay una manera sencilla de sintetizar grafito a partir del coque, que YPF produce en sus distintas destilerías. Y, si damos un paso más, hay una empresa que calcina el coque y lo lleva a 1100 grados; con lo cual solo quedaría el tratamiento a 3000 grados para transformarlo en grafito. Estamos avanzando rápidamente en construir una planta piloto que nos permita fabricar el grafito. También nos va a permitir obtener grafeno, un material del que podríamos disponer para otro tipo de usos en la industria del petróleo.
-¿A qué nichos de demanda van a orientar la oferta de estas baterías?
-Hemos encontrado nichos muy interesantes, como el almacenamiento de energía eólica y solar. Hoy en día, esa energía se inyecta a la red o se pierde. Una solución sería tener, en los parques eólicos o solares, baterías que permitan acumular la energía. Además, en el país hay muchísimos pueblos pequeños que no están conectados a la red eléctrica y que utilizan generadores diésel. La propuesta sería instalar allí parques solares combinados con baterías, una alternativa muy competitiva. Otro nicho, ya en un paso posterior, serían los vehículos de transporte público. Y, además, el Ministerio de Defensa mostró interés en reemplazar, con una tecnología más limpia, las baterías de plomo que utiliza en distintos tipos de vehículos y radares.

DEL HIDRÓGENO A LAS BIOENERGÍAS
-¿En qué consiste el Consorcio H2AR de Economía del Hidrógeno?
-Son más de 50 empresas que, en esta etapa, están trabajando en visualizar cuáles serían las ventajas del hidrógeno. Imaginemos el caso de una empresa de transporte, que hoy en día utiliza un combustible líquido para mover su equipamiento y está pensando en cuánto le saldría movilizarse con hidrógeno. Puede haber siderúrgicas que hoy usan hornos que funcionan a gas, o bien centrales eléctricas que funcionan a gas o diésel. Estuvimos analizando qué costo tiene generar hidrógeno en la Argentina, cuánto dióxido de carbono eliminaríamos en cada alternativa y ahora estamos llevando adelante proyectos pilotos. También tenemos la idea de desarrollar un electrolizador, de fabricación nacional. Si quisiéramos poblar la Patagonia de molinos eólicos y generar hidrógeno para exportar, necesitaríamos miles de electrolizadores, que hoy en día se fabrican en el exterior. Estamos pensando en integrar a la industria nacional para participar en la fabricación tanto de los molinos eólicos como de los electrolizadores.
-Se habla mucho del “hidrógeno verde”, obtenido a partir de energías renovables, pero también está el “hidrógeno azul”. ¿Cómo se obtiene?
-Para obtener “hidrógeno azul”, tenemos que utilizar una tecnología que nos permita capturar y almacenar el dióxido de carbono o transformarlo en un producto de mayor valor. Podríamos capturar el dióxido de carbono y almacenarlo geológicamente en pozos de petróleo que ya no se utilizan. Otra opción es convertir ese dióxido de carbono, a partir de un proceso de agregado de valor, en metanol o en carbonato de sodio. Hay varias opciones que se están analizando. Como todas las empresas productoras de gas y petróleo, YPF tiene como objetivo bajar su nivel de emisión de dióxido de carbono. Pensemos que, en 2030, Alemania está dispuesta a empezar a sustituir el uso de combustibles fósiles en industria química y siderúrgica y en el transporte. Si queremos jugar ese partido, vamos a tener que crear ahora la infraestructura necesaria.

-Y-TEC también está trabajando en proyectos de bioenergía, como la producción de biogás. ¿Qué puede decirnos al respecto?
-Acá en Y-TEC, en Berisso, tenemos una planta piloto de biogás. Nos ha permitido medir distintos parámetros durante el proceso de generación de metano, estimar los otros gases que se están produciendo y poder evaluar cuál es el mejor sustrato, que es el material que se utiliza para transformarlo en biogás. Ahora estamos trabajando con la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y con el Municipio de Máximo Paz, en la provincia de Santa Fe, para que la planta sea trasladada allí. El sur de Santa Fe y Córdoba, y el norte de la provincia de Buenos Aires, son áreas donde el biogás es una alternativa real para pueblos pequeños y medianos. De ahí podríamos luego escalar hacia plantas de producción para localidades más grandes.
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