
“Hace sesenta años pensábamos que una persona común nacida en el siglo XX tenía más derechos que una nacida en el siglo XIX. En esa idea tuvo mucho que ver todo lo que hizo el peronismo de Perón y de Evita”, dice Alejandro Dolina. “Nos quedamos sin legitimidad porque desde hace muchos años el peronismo no resuelve los problemas de la gente”, dice la senadora provincial Malena Galmarini, que también es la esposa de Sergio Massa. “Fuimos conservadores con Luder, neoliberales con Menem, conservadores populares con Duhalde, un poco progresistas con Néstor, más progresistas de izquierda con Cristina y más pragmáticos conmigo. Al final, ¿qué somos?”, dice el expresidente Alberto Fernández.
Y también: “Una parte de lo que pudo reconstruirse con Néstor y Cristina tuvo que ver con la presencia de sobrevivientes de aquella generación. Pero el problema aparece cuando la doctrina queda separada de la práctica. Hoy tenemos dirigentes que hablan de Perón, de Evita y de la doctrina, pero sus conductas frente al pueblo no expresan esos valores”, dice Victoria Montenegro, hija de desaparecidos, secuestrada con ellos a los 13 días, apropiada por un coronel que integraba un grupo de tareas y restituida por las Abuelas de Plaza de Mayo.
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“Somos una cáscara vacía”, dice la diputada Victoria Tolosa Paz, que también cuenta su llegada al peronismo: “Una tarde, caminando por los pasillos de ‘Villa Palito’, una señora muy humilde me regaló una estampita de Evita, me dio un beso en la frente, y con ese gesto me enseñó que el peronismo es un sentimiento de amor. Lo entendí todo”.
Hay más: “Hoy nosotros no entendemos que Milei es un síntoma de la época, no es el gran condensador. Es un síntoma de que algo (malo) está pasando”, dice Ofelia Fernández, una destacada dirigente nacida en 2000. Y el sindicalista Víctor Santa María apunta: “Mis afiliados no están pidiendo que hagamos ‘la revolución’, ni paros. Estamos pagando el costo de nuestro último gobierno, en el que todos los días había marchas sobregiradas. Hoy la gente celebra que la 9 de Julio ya no esté cortada”.
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“A veces siento que el refrán ‘otra vez sopa’ salió de mi casa, porque todos los días había un plato de sopa, al mediodía y a la noche. Éramos tan pobres que no nos dábamos cuenta de todas las necesidades que teníamos, pero al mismo tiempo éramos felices”, dice Hugo Moyano, el influyente líder camionero que condujo la CGT entre 2004 y 2016.
“Una estética de hace veinte años sería totalmente negativa y además perdedora. Lo que funcionó en la Argentina de Néstor Kirchner no necesariamente puede repetirse dos décadas después”, dice el diputado Miguel Ángel Pichetto, que de jefe del bloque peronista en el Senado pasó a ser el candidato a vicepresidente de Mauricio Macri y ahora impulsa un “peronismo republicano”.
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“Hay que renovar. Viene una época en que necesitamos un sub-50 o, a lo sumo, un sub60”, dice el expresidente Eduardo Duhalde, quien llegó al poder luego de la crisis de 2001.

Todos estos testimonios —y muchos más— aparecen en El peronismo que viene. Desafíos, críticas y errores, un libro que acaban de publicar Juan Manuel Abal Medina —exsenador y exjefe de Gabinete de Cristina Kirchner— y el periodista Daniel Olivera. El libro está atravesado por una preocupación: cómo hacer posible un peronismo que vuelva al poder. Qué hacer con el peronismo —esa doctrina de mitad del siglo XX— para que pueda volver a enamorar. Se lo preguntan a referentes de todas las puntas del espacio y de las edades más diversas. Desde José Luis Manzano —“Hay que crear trabajo, competir, crear valor para la comunidad en la que se trabaja, y cuidar la casa común”— hasta Hernán Brienza: “Si el peronismo no consigue reinterpretarse, va a ser una franquicia. Lo que le pasó a la UCR”. Desde Sergio Berni hasta Juan Grabois. Y también Pedro Saborido, Julio Bárbaro, Sergio Uñac, José Mayans, Mariano Recalde, Julio Larroque, Jorge Argüello, Estela de Carlotto y Jorge Asís. Y más.
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Los que no están son evidentes: Cristina Kirchner, Axel Kicillof, Sergio Massa. Los tres principales referentes peronistas del momento. Les ofrecieron participar a los tres, pero los tres eligieron hablar a través de quienes les son afines.
El libro —que le pregunta a cada uno cómo se hizo peronista— resulta por momentos emotivo, por momentos analítico, por momentos confrontativo. Se pide, y hay, autocrítica y crítica a otros miembros del espacio. Lo que no hay, casi nunca, es desánimo.
Juan Manuel Abal Medina es, para el peronismo, alguien bien “de adentro”. Su papá, que se llama como él, era delegado personal de Juan Domingo Perón cuando el líder estaba exiliado en España, organizó el regreso y estaba en el aeropuerto el día en que volvió por primera vez, en 1972. Fernando, el tío de Juan Manuel Abal Medina hijo, fue uno de los fundadores de Montoneros y se lo señala como quien ejecutó al general Pedro Eugenio Aramburu mientras estaba secuestrado por ellos: Fernando Abal Medina murió en un tiroteo con la Policía a los 23 años.
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En la charla con Infobae, Abal Medina sonríe: está segurísimo de que están para volver, para volver pronto. Pero también de que el peronismo que viene no puede ser igual que el que llegó hasta acá. Y —así lo escribe— de que “no se trata de encontrar culpables: somos todos, en la parte que nos toca, corresponsables de la situación que vivimos”.
Hay una palabra para definir la situación de hoy, dice. “Desorientados”.

—¿Arrancaron el libro a partir de esa desorientación?
—A principios de año, Milei tenía la victoria en la elección de medio término y había tenido un fuerte apoyo de Estados Unidos. Todo el mundo hablaba de que la derecha ganaba caminando. En ese mismo momento, Luis Caputo anunció que se venían los dieciocho mejores meses de la economía argentina y el presidente decía que en junio empezaba la inflación en cero. O sea, era un mundo en el cual el peronismo estaba muy perdido. Entonces creímos que era un libro necesario para ayudar a una discusión que no se estaba dando. En una de las primeras charlas que tuvimos, que fue con Pedro Saborido, él se definió a sí mismo como un peronista desorientado. Por eso, al principio el libro se iba a llamar *El peronismo desorientado*. Es que en ese momento estábamos bastante desorientados.
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—¿Ahora no?
—Ahora no. Está orientándose. Hoy todas las encuestas demuestran que Milei está empatado en un ballotage con un candidato del peronismo. Además, pasó lo de Lula, hace poquito lo de Trump. Hay una realidad política muy distinta a la que uno veía a principio de año. Empezamos a ver que, más allá de la superficie, donde uno ve que todo el mundo se insulta, más profundamente hay mucho más acuerdos de los que parece.
—¿Qué acuerdos?
—Primero y principal, hay consenso en que el rumbo económico de Milei es un desastre. En que el peronismo está en contra de este modelo que está llevando Milei. Segundo, un gran acuerdo es que si está Milei es porque hicimos algo mal.
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—¿Vos cuándo te hiciste peronista? Bueno, de la casa de la que venías...
—Cuando explotó la primera bomba explotó en mi casa yo tenía dos, tres años. En mi casa, donde vivía con mis abuelos y mis viejos, vuela todo. Y de ahí en adelante fue así: vivía en los actos, acompañé a mi viejo en el 72, en el 73. O sea, tenía que estudiar, había atentados. Y, como cuento para molestar a mis amigos gorilas, me hice peronista cuando el general Perón me regaló un huevo de Pascua con el escudo nacional en el 74. Yo ahí tenía cinco años. Dije: “Esto es para siempre”.
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—En el libro hay autocrítica, a cada uno y al espacio también.
—En las charlas más profundas, todos reconocen esos errores. Venimos teniendo errores hace tiempo, pero especialmente en nuestro último gobierno. Pero hay un tercer gran acuerdo que es una de las cosas más claras del libro: todos de acuerdo en que el peronismo, si quiere volver a ser gobierno, tiene que actualizarse y renovarse. Eso para algunos significa una cosa y para otros significa otra. Pero todos se dan cuenta de que el peronismo tiene que generar una alternativa y que eso requiere actualizarse a los tiempos.
—No es nuevo lo que voy a decir, pero no se entiende de qué hablamos cuando decimos “peronismo”.
—Acá, a todo el mundo le preguntamos qué es el peronismo. Y si vos ves las respuestas sueltas, parece que dicen cosas distintas, pero cuando las juntás hay un acuerdo muy grande. Todo el mundo entiende que el peronismo es un movimiento político que pelea por la igualdad y para la felicidad del pueblo.
—¿Qué significa eso?
—Saborido dice en el libro, “dormir mejor con aire acondicionado”. Y: “El Metrobus es peronista, el Metrobus hace que la gente viva más feliz”. No me importa si lo hizo Larreta, la gente vive más feliz.
—A partir del título me preguntaba por qué tiene que venir un peronismo, quizás ya se acabó.
—No.
—¿No?
—No, porque es la única oposición de verdad lógica y real a este gobierno. Y porque todos los grandes ismos del siglo pasado, desde los más viejos como el castrismo o el estalinismo a los más nuevos como el chavismo, todos esos se terminaron. El peronismo vuelve una y otra vez. Hay algo profundo en el peronismo que hace que siga estando presente más allá de las macanas que hicimos, más allá de los errores, más allá del desastre.
—¿Su capacidad de transformación?
—Bueno, en gran medida, sí. Yo el otro día lo dije en televisión y casi me matan. Dije una frase de Leopoldo Marechal: “El peronismo es una víbora que cambia de piel”. Me mataron, pero esa es la idea. Mi viejo siempre decía que el peronismo era un conjunto de valores que se tiene que ir actualizando en cada momento histórico. Por eso, no es una ideología como el marxismo, como el anarcocapitalismo, sino que es un conjunto. Cuando no se actualiza, el peronismo pierde sentido.
—Eso decía Menem, algo como “ahora ser peronista es vender las empresas”.
—Yo decía que no, yo gritaba, me iba. Pero el peronismo es eso. Es una respuesta para los tiempos, como fue la respuesta que nos gustó en el 2003 y una respuesta que a algunos no nos gustó en el 90, 93. Esa es la capacidad que tiene el peronismo: interpretar los tiempos buscando cómo, en contextos distintos, impulsar la justicia social en última instancia. Hacer feliz a la gente. Somos el único movimiento que busca la felicidad y el amor, en general, los movimientos dicen: “Somos la igualdad, la libertad”..
—La felicidad... parece algo new age.
—Bueno, el peronismo es eso. Se ve en el libro lo de el amor y la igualdad. “Para que reine en el pueblo el amor y la igualdad”.
—Como decía la Marcha...
—Ninguna ideología habla del amor. Es new age o de una telenovela, ¿no? El peronismo tiene ese componente.
—¿Qué es lo que hay que renovar? Claramente es un mundo diferente al de la época de Perón.
—Hay que tener en cuenta el avance tecnológico. Un peronismo que quiera pensar un mundo más actual tiene que repensar un montón de cosas. Dando lugar al trabajo. Eso lo viste en casi todo el libro, incluso con críticas al exceso de los planes sociales, lo dicen los mismos propios dirigentes como Emilio Pérsico.
—Pero Víctor Santa María dice que Uber no es un problema porque falta poco para que los autos y los camiones sean manejados por robots... y que por eso tiene que haber un salario universal.
—Claro, eso es una discusión, y es una discusión que está bien. En el mundo se plantea un salario universal. Pero en general lo que se reconoce es que el peronismo tiene que sostener el trabajo de la forma que sea, pero tiene que sostener el trabajo.
—¿Como organizador de la sociedad?
—Totalmente, el peronismo no puede perder eso. Se va generando un acuerdo de que algunas cosas se nos fueron de las manos. Y el peronismo, para renovarse, tiene que hablar de eso.
—¿Qué se fue de las manos?
—El exceso de los planes, los subsidios...

—Claro, son Curitas, pero cambiar los temas de fondo es más difícil.
—Seguro, es mucho más fácil armar un ministerio de algo, una secretaría de algo, un instituto de algo que solucionar un problema. Es más fácil armar la Secretaría de la Mujer que solucionar los problemas de la discriminación en la Argentina. Eso está presente en la confusión de pensar que el peronismo es estatismo, que cree que la realidad se soluciona con leyes o con programas.
—Entonces, ¿qué quiere decir renovarse?
—Por ejemplo, significa reconocer la importancia de los empresarios, y por eso yo quise poner un capítulo específico con ellos. Significa sacar esta locura de que el peronismo parece antiempresario. Entonces, esa idea también habla de que nosotros manejamos mal esa relación. El peronismo no es antiempresario, al contrario, el peronismo quiere que haya muchas más empresas, más en un momento como el actual. El Estado no puede reemplazar a las empresas, no puede reemplazar a los sindicatos, no puede reemplazar a los movimientos sociales. Escuchando a todos, me parece que hay una comprensión de que nos volvimos más estatistas de lo que es el peronismo. El peronismo no es estatista.
—Pero el Estado interviene.
—Cuando vienen autos eléctricos chinos, en Brasil los obligan a poner fábrica. Bueno, eso es hacer política. ¿Vas a dejar entrar cualquier cosa libremente porque sí? De repente, como la Argentina es muy cíclica, se nos fue mucho la mano para el otro lado.
—Se habla mucho de la unidad en el libro. ¿La ves posible?
—La gran mayoría dice que la unidad se tiene que lograr a partir de elecciones. La PASO o como se llame. Esa unidad no puede ser producto del dedo, porque nos fue mal así. Y hace falta que el próximo dirigente, líder, líderes, candidato, candidata del peronismo surja a partir del voto popular
—¿Un peronismo de gobierno donde convivan las distintas corrientes?
—Sí, pero con alguien comandando, con alguien que gane, que pueda para mandar. Y todo el mundo ahí. Algo peronista.
—El que gana conduce...
—El que gana conduce y el que pierde acompaña. Como pasó siempre. Cafiero perdió: lloré esa noche en que perdió Cafiero, pero hasta el mismo Cafiero detrás de Menem: el peronismo tiene eso. Néstor le ganó la interna al duhaldismo y dos los que estaban con Duhalde eran más kirchneristas que los kirchneristas. Hay que recuperar eso, pero primero alguien tiene que ganar.
La condena a Cristina
—Como no puede ser de otra manera, el libro está muy atravesado por el tema de la prisión de Cristina. ¿A vos te parece que es necesario eludir eso para poder hacer una construcción o va a ser un tema que va a estar en el centro siempre?
—Va a estar, en el libro está muy claro. Algunas voces más cercanas a ella dicen que es el eje central. Otros que también la acompañan igual dicen: “Sí, pero no puede ser el eje, el eje tiene que ser movilizar gente”. Esa tensión va a estar presente en la campaña. Incluso varios que están con Cristina dicen: “Bueno, es una cuestión obviamente importantísima, pero el eje tiene que ser movilizar gente”.

—Pero Cristina libre te cambia el tablero.
—Sí, hay que pelear, hay que hacer todo lo posible para que pueda competir, que pueda participar, pero no es algo que podamos decidir nosotros. Aunque Cristina proscripta nos complica el juego a todos.
—El título del libro sugiere una mirada hacia adelante, pero en los testimonios también se va para atrás. Son los momentos más emotivos. ¿Cuáles te interesaron más?
—El de Victoria Montenegro fue fuertísimo. Ella vivía con sus apropiadores, un militar muy jodido, muy importante, muy poderoso. Cuando se portaba mal, le decían “Evita”. En vez del Cuco, Evita: en esa casa el peronismo era lo malo. Para ella el peronismo era una cosa terrible. Y todo su proceso de, de reconstrucción de su identidad fue en contra de ella. Ella iba a visitar a su apropiador, se sentía culpable de que estuviera preso. Y cuando se reconoce como hija de desaparecidos y se hace peronista, resultó que sus viejos habían sido brevemente peronistas, pero fueron desaparecidos del ERP. Entonces, los viejos compañeros militantes también le decían que no fuera peronista.
Moyano, los jóvenes y la teoría Mbappé
—Y Moyano cuenta quién fue su inspiración sindical...
—Cuenta que vivía en una casa con piso de barro y cuando recibe el primer telegrama de la Fundación Evita... Y cuando la madre, que trabajaba en el pescado, como no les dan la ropa especial que necesitaban un día se planta y dice que no va a guardar el pescado en las cámaras frigoríficas... muy fuerte.
—Hay una presencia de jóvenes muy jóvenes, que no se acuerdan ni del gobierno de Néstor Kirchner.
—En vez de entrevistarlos nosotros, le pedimos que lo hiciera a una joven. Y fue hiperinteresante eso, porque son profundamente peronistas, pero no hablan de Perón.
—¿Qué es el peronismo para ellos?
—Para ellos es lo demás. Igualdad, justicia social, dicho de otra manera. Inclusión, que me traten igual... Una de las chicas, Solcito, que es una hija de inmigrantes que vive en un barrio popular cuenta eso: sentirse igual que los otros. Lo loco es que lo que decía Solcito era parecido a que dijo Hugo Moyano.
—Varios historiadores hablan de una tendencia igualitaria desde muy temprano en el país.
—Pero el peronismo la radicaliza. Carlos Pagni me dijo algo que yo no había pensado, que esa tendencia igualitaria, esos diez años del peronismo originario, fueron tan rápidos y brutales que generaron el antiperonismo. Los cambios que en Francia se dieron en cien años, en la Argentina fueron cinco, seis.
—Alguno de los entrevistados menciona que Milei se llevó parte de la base el peronismo: los chicos, los más pobres...
—Hay una frase muy buena de Ofelia (Fernández) sobre eso. Habla de la “teoría Mbappé”.

—Que él había nacido en 1998 y visto siempre la superioridad europea en los Mundiales, y por eso dijo que los sudamericanos eran inferiores. Y que por eso los chicos, que vivieron con Macri, Alberto y Milei de presidentes, no saben que la política puede hacer otra cosa.
—Nuestro candidato, Sergio (Massa), decía: “Te van a sacar tus derechos, te van a sacar tu aguinaldo, te van a sacar tus vacaciones”. ¿Qué es aguinaldo? ¿Qué vacaciones? Y cuando pensaban en el peronismo, pensaban en el gobierno de Alberto. Algunos dicen, no todos, que se subestimó mucho el impacto de la inflación, porque la inflación es el principal desordenador social. En los últimos tiempos del gobierno de Alberto, no sabías si llegabas a fin de mes. Y esa incertidumbre, ese desorden que te genera en tu vida es un costo enorme. Y a eso sumale el Metrobus cortado, llegando tarde al laburo y que te descontaran los días porque había cuarenta estúpidos ahí pidiendo planes sociales...
—¿Un próximo gobierno peronista evitaría eso?
—Sí.
—¿El libro sirve para entrever cómo sería un próximo gobierno peronista?
—Mucha gente dice: “Che, los voy a votar de vuelta, pero porque no me gusta Milei”. También puede ser un libro útil para lo que hablan del riesgo Kuka. Que vean en primera mano si tienen que asustarse.
—Mi respuesta sería: “depende de cuál de ellos”.
—Bueno, ahí van a leer a todos. Para saber si hay que asustarse o no, pueden tener todas las visiones. Pero acá no hay nadie que salga del peronismo.
(Fotos: RSFotos) y Archivo Infobae
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