Fran Lebowitz votó por Mamdani pero lo califica como "un Trump de izquierda": "No creo que le importe el antisemitismo"

La escritora neoyorquina, que vive con 12.000 libros y sin teléfono celular, reconoce que atraviesa un bloqueo creativo que lleva varios años. “Si supiera por qué no escribo, lo haría”, razona con su habitual acidez

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Fran Lebowitz reside en Manhattan sin computadora ni teléfono inteligente y conserva una biblioteca personal de 12.000 libros (Foto: Rahav Segev/WireImage)
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Fran Lebowitz tiene 75 años, no usa computadora ni teléfono inteligente, vive rodeada de 12.000 libros en un apartamento de Manhattan y lleva décadas sin terminar ninguno de los dos libros que prometió escribir. Pese a eso —o quizás por eso— es una de las voces más reconocibles de la cultura estadounidense. Autora de Metropolitan Life (1978) y Social Studies (1981), dos colecciones de ensayos que la convirtieron en un ícono de la ironía neoyorquina, alcanzó una nueva generación de público gracias a los documentales que le dedicó su amigo Martin Scorsese: primero Public Speaking (2010), para HBO, y luego Pretend It’s a City (2021), la serie de Netflix que la catapultó a la fama global. Es, en pocas palabras, una escritora célebre que casi no escribe.

Lebowitz es autora de dos colecciones de ensayos —Metropolitan Life (1978) y Social Studies (1981)— y de un libro infantil. Desde entonces, dos proyectos permanecen inconclusos: una novela titulada Exterior Signs of Wealth y un volumen de ensayos llamado Progress. Cuando se le pregunta por qué no escribe, su respuesta no deja margen a la interpretación: “Sí, diría que sigo bloqueada. Es demasiado aburrido. Si supiera por qué no escribo, lo haría.” La escritora vive sin computadora, teléfono inteligente ni conexión a internet, pero con una biblioteca personal de unos 12.000 volúmenes en su departamento del centro de Manhattan. Atribuye su amor por la lectura a una frase que le oyó a su amiga, la escritora Toni Morrison: “Si no lees, estás atrapada con la vida. Leer es mejor que la vida, seguro.”

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Llegó a Nueva York a los 19 años para trabajar antes de escribir

Nacida en 1950 en Morristown, Nueva Jersey, Lebowitz llegó a Nueva York a los 19 años sin un rumbo claro. Antes de abrirse paso como escritora, ejerció de taxista, limpió apartamentos y vendió cinturones en la calle. Su salto al periodismo llegó de la mano de Andy Warhol, quien la contrató como columnista en Interview magazine. Luego escribió para Mademoiselle y publicó sus libros, lo que derivó en apariciones en series como La ley y el orden y en la película El lobo de Wall Street. Su fama se renovó con la serie de Netflix Pretend It’s a City (2021), dirigida por su amigo Martin Scorsese, que amplió su público a escala global. “Desde Netflix, la gente me para todo el tiempo”, comentó.

Lebowitz habló con franqueza de los años setenta en Nueva York como una época de libertad y descubrimiento para ella. Creció en un entorno donde la homosexualidad era invisible en la cultura. “Si no hubiera sido una ratona de biblioteca, no habría sabido nada”, admitió. Sobre las disputas actuales en torno a las etiquetas identitarias, fue directa: “La gente joven dice que no deberías decir ‘gay’, sino ‘queer’. Yo les digo que los de mi generación usamos ‘gay’ porque pasamos mucho tiempo intentando que los heterosexuales dejaran de llamarnos ‘queer’.” Respecto a la devastación del sida en los años ochenta y noventa, recordó la desolación de esa época: “Era horrible. Todos teníamos miedo. Recuerdo haber visitado a alguien en el hospital y que la puerta de su habitación tenía una calavera con tibias cruzadas.”

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Fran Lebowitz
Los documentales dirigidos por Martin Scorsese para HBO y Netflix impulsaron la notoriedad de Lebowitz ante nuevas audiencias (Foto: prensa HBO)

Nació ciega del ojo derecho y actualmente enfrenta problemas en el izquierdo, aunque asegura que no pierde visión. “Tengo siete oftalmólogos mirándolo”, precisó. Que leer se vuelva más difícil es, en sus palabras, “lo peor. Esto es lo que es ser vieja.” En cuanto al tabaco, todos sus médicos le recomendaron abandonar el hábito, pero ella no cede. “Nunca quise dejarlo ni por un minuto. La gente olvida que fumar es una adicción. Actúan como si fuera un defecto de carácter”, sostuvo en una entrevista publicada por el diario The Times.

Mandami es “un Trump de izquierda”

A la hora de sus opiniones políticas, describió al alcalde de Nueva York Zohran Mamdani, como “un Trump de izquierda”. “Está siempre en mi cabeza, es increíblemente arrogante. No sabe qué implica el cargo. No creo que le importe el antisemitismo”, afirmó la escritora, que reconoció haber sufragado por él pese a sus reservas. Además, calificó el segundo mandato de Donald Trump de “mucho peor de lo que pudo haber imaginado” y lo comparó con un carpintero que se presenta en la consulta médica asegurando ser doctor. Se mostró convencida de que la administración republicana ya intenta manipular los comicios de medio término y llamó al presidente “estúpido” antes que “loco”. “Los promotores inmobiliarios lo miran con desdén. ¿Pueden imaginarse un nivel de sordidez moral tan profundo que los promotores inmobiliarios te miren con desdén?”, dijo.

Sobre los agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE), cuya presencia en aeropuertos y calles describió como fuente de “rabia hirviente”, lanzó una pregunta retórica: “Si están tan orgullosos de lo que hacen, que se quiten las máscaras. Que me encuentren a un inmigrante tan peligroso para este país como Donald Trump.” Las acciones de Israel en Gaza le parecen “horribles, totalmente indefendibles”, y colocó al primer ministro israelí Benjamín Netanyahu en la misma categoría que Trump: líderes capaces de “destruir el mundo”. Lebowitz también reveló que recibe comentarios antisemitas con frecuencia creciente. “Siempre hubo antisemitismo en cierta medida. Últimamente hay mucho más porque es muy aceptable. Gente prominente lo practica, escudándose en el antisionismo”, dijo. Y aclaró: “Puedes ser antisionista y no ser antisemita, pero también puedes ser las dos cosas.”

La entrevista concluyó frente a su edificio, cuando el periodista le preguntó si en privado era tan irritable como en público. Lebowitz lo miró fijamente. “¿Quién fingiría ser así? Estoy enojada la mayor parte del tiempo. Lo he estado toda mi vida.”

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