
Dos semanas después de que Paul Auster muriera, Siri Hustvedt se sentó y escribió: “Estoy viva. Mi marido, Paul Auster, está muerto”. Desde ese momento supo que no podía volver a la novela que tenía a medias. Lo único sobre lo que podía escribir era sobre él. Así nació Historias de fantasmas, el libro que llevó al Festival Borges y desde el que, según ella misma contó el jueves en una extensa entrevista virtual transmitida por el canal de YouTube del festival, intenta algo concreto: “mantener algo de él vivo en la página”.
No es casual que haya sido el Festival Borges el escenario elegido para esta conversación. Hustvedt vio al escritor argentino en persona siendo estudiante en la Universidad de Columbia. “Fue una efusión de amor real”, recordó. “Él estaba ciego, hablaba maravillosamente, y fue una locura. Su presencia me conmovió muchísimo”. Esa experiencia, que data de fines de los años 70, abrió una de las conversaciones más ricas de la tarde.
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La charla, que moderó la organizadora del festival Marisol Alonso, se inscribió en la sexta edición del Festival Borges —que este año coincide con el 40.º aniversario de la muerte de Jorge Luis Borges y concluye este sábado en la Alianza Francesa de Buenos Aires. Hustvedt, ganadora del Premio Princesa de Asturias de las Letras en 2019 y doctora en Filología Inglesa por la Universidad de Columbia, es autora de una obra que cruza la novela, el ensayo y la poesía, con títulos como Todo cuanto amé, El verano sin hombres y El mundo deslumbrante. Este año publicó Historias de fantasmas, un libro de memorias sobre su vida junto a Auster —fallecido en 2024— y el duelo que siguió a esa pérdida.
Borges descubierto en la biblioteca, visto en persona en Columbia
La entrevista comenzó con un recorrido por las lecturas que formaron a Hustvedt como lectora y escritora. Evocó los libros escolares de su infancia en Minnesota —“Dick, Jane and Sally, una especie de familia blanca muy banal”— y la fascinación temprana que le produjeron Alicia en el país de las maravillas y los cuentos de los hermanos Grimm. “La literatura infantil hacia la que gravitaba era aquella que tenía un poquito de peligro”, dijo.
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Ese gusto por lo inquietante, señaló, tiene una dimensión filosófica. “Me resisto a la idea de la certeza; los seres humanos no pueden saberlo todo. Y algunos de estos recursos literarios son también formas de comunicar lo desconocido”, afirmó. La entrevistadora, Marisol Alonso, conectó esa tendencia con recursos presentes en sus propias novelas, como las misteriosas fotografías de La venda o los correos electrónicos amenazantes de El verano sin hombres.
Sobre Borges, Hustvedt contó que lo descubrió siendo adolescente, por cuenta propia, en la biblioteca. Pero fue más lejos: reveló que lo vio en persona. “Escuché una charla de Borges cuando estaba en la Universidad de Columbia. Debe haber sido en el 78, tal vez en el 79, y había cientos de personas; fue una efusión de amor real”, recordó. “Él estaba ciego, hablaba maravillosamente, y fue una locura en Columbia. Alguien le preguntó al sabio algo sobre la autopista West Side, y el pobre hombre dijo que la verdad no sabía... Pero esa fue mi experiencia de una especie de dios literario: su presencia no mucho antes de que muriera, y me conmovió muchísimo”.
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El humor de Borges, “siempre al acecho”
Uno de los ejes de la conversación fue el humor en Borges, tema central de esta edición del festival. Para Hustvedt, esa dimensión lúdica es inseparable de la grandeza del escritor argentino. “Siempre está al acecho en Borges, siento que siempre está ahí. No es cualquier humor; es un humor profundo sobre la vida humana”, dijo. Y agregó: “Cuanto más mayor me hago, más aprecio el humor. Las cosas me hacen reír todo el tiempo ahora. Esto es una gracia salvadora, ¡por Dios que necesitamos preservar el humor!”.
También trazó un vínculo entre el humor y su propio trabajo, en particular en Un mundo deslumbrante, novela que emplea seudónimos, un falso prefacio y notas al pie que desdibujan la frontera entre ficción y realidad. Al preguntársele si Borges era una influencia directa en esos recursos, Hustvedt mencionó también a Sterne y su Tristram Shandy, y al filósofo danés Kierkegaard: “Yo comencé a leerlo a los 15 años. Al principio no apreciaba lo divertido que era, pero a medida que envejecí, la comedia y la ironía se volvieron cada vez más claras, y esas ironías pasaron a formar parte de Un mundo deslumbrante. Kierkegaard es muy divertido cuando te hacés lo suficientemente mayor para reírte. Kafka es gracioso”.
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Ligó esa apertura cómica a la percepción como acto activo. “Mi pequeño aforismo es que el arte es como el sexo: si no te relajás, no lo vas a disfrutar”, afirmó. Y relató cómo su primer acercamiento al Ulises de Joyce, intimidada por el andamiaje griego, resultó fallido; fue solo cuando lo leyó sin presión que pudo apreciarlo. “Lo realmente hermoso del Ulises tiene muy poco que ver con el andamiaje del pasado griego; lo hermoso es este Bloom deambulando por Dublín, comiendo, sentándose en el baño, pensando en su vida, en sus tristezas, en sus temores y en su cuerpo”.
El duelo como “una forma de locura ordinaria”
El centro de la conversación fue Historias de fantasmas, el libro que Hustvedt publicó este año sobre su relación con Paul Auster y la experiencia del duelo tras la muerte del escritor. La obra incluye cartas que Auster le escribió a su nieto Miles —nacido cuando el autor ya llevaba dos años con diagnóstico de cáncer de pulmón— entretejidas con las notas y reflexiones de la propia Hustvedt.
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“Desde el principio supe que iba a incluir estos documentos”, explicó. “Las cartas de Paul a Miles iban a ser un pequeño libro, y mis notas y cartas a amigos mientras él estaba enfermo. Y luego pensé en cómo estructurarlo”. La decisión fue construir un ritmo que reflejara la experiencia misma del duelo: “Quería ofrecerle al lector una estructura que de alguna manera reflejara mi propio duelo, que tenía que ver con el desarreglo, el trastorno del tiempo. Te movés hacia adelante y hacia atrás en el tiempo”.
Sobre el acto de transcribir las cartas de Auster, Hustvedt describió una experiencia físicamente emotiva. “Mientras las transcribía directamente a mi manuscrito, sentía el ritmo de sus oraciones, cómo eran diferentes a las mías, y apreciaba su escritura, su prosa. Él escribía maravillosamente”, dijo. Y sobre el propósito del libro: El libro es una conmemoración de la relación, es el final, sobre Siri y Paul y sobre Paul y Siri.
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Hustvedt definió el duelo como “una forma de fragmentación” y, más aún, como “una especie de locura ordinaria”. Contó que, durante el período más difícil, se aferró a los rituales cotidianos —desayunar, ir al escritorio, almorzar, hacer recados— como forma de organización interna. “Todos los asuntos ordinarios de la vida diaria se volvieron sumamente importantes porque me ayudaban a organizarme y a crear una especie de sincronización para una persona que estaba fragmentada”, señaló.
La conversación también abordó las ideas filosóficas que recorren toda la obra de Hustvedt. Citó a John Dupré, filósofo de la biología: “No somos cosas, sino procesos”. Y estableció un puente con Borges: “Eso es lo que Borges entendía, que como sabemos tenía una mente muy filosófica”.
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Al referirse a su vínculo con Auster, describió una noción de identidad que se construye en el entre: “Vivimos en la cultura occidental, donde el yo es lo más grande. Pero creo que el significado existe en esos espacios intermedios. No te convertís en un yo sin los demás; nos convertimos en nosotros mismos a través de los otros”. “Yo y Paul éramos también una tercera persona, un ‘en medio’”, sintetizó.

Hustvedt también habló de sus proyectos futuros. Trabaja en una novela titulada The Hunted Envelope, de la que dijo que “sueña con ella todas las noches” y que está lista para retomarla desde el principio, dado que es “una persona diferente” a quien la comenzó. Además, prepara un ensayo filosófico sobre la placenta: “Nadie nace sin placenta, nadie. Es el órgano intermedio de la gestación, y ha sido casi completamente ignorado en la filosofía occidental”.
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El Festival Borges —organizado por Marisol Alonso y la escritora Vivian Dragna— cierra este sábado 31 de octubre con una entrevista presencial al dramaturgo Mauricio Kartun y una caminata borgeana por las calles de Buenos Aires. Todas las actividades son de acceso libre y gratuito con inscripción previa en www.festivalborges.com.ar.
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