Una estación que no existe entre Pasco y Alberti, un taxi que sale de Chacarita con una mano cadavérica sobre el volante y una casa con una palmera desmesurada en pleno Congreso. Los mitos urbanos de Buenos Aires conservan una geografía propia del terror, según explicó el escritor, guionista e investigador Guillermo Barrantes durante una entrevista con Infobae En Vivo. “El mito urbano suele tomar esos miedos profundos y los convierte en historia”, sostuvo.
Coautor, junto con Víctor Coviello, de la saga Buenos Aires es leyenda, Barrantes situó esas historias en lugares que los porteños recorren a diario y propuso mirarlos de otro modo. “El mito urbano tiene esto de la cercanía: lo podés ir a ver, lo podés tocar”, señaló. Para el autor, esa proximidad es parte de su eficacia: una vereda, una estación o la puerta de un cementerio pueden convertirse en el punto de partida de un relato.
PUBLICIDAD
La conversación, emitida en vísperas de Halloween, también abordó el vínculo entre esa celebración, los ritos de la cosecha y el interés persistente por las ficciones de miedo. “Toda historia de fantasmas es una promesa de un más allá”, afirmó Barrantes, quien además fue uno de los guionistas de la serie de Disney Tierra incógnita.
Halloween: fiesta celta ligada al final de la cosecha
Frente a la idea de que Halloween es una celebración exclusivamente estadounidense, Barrantes remitió su origen al Samhain, la festividad celta que marcaba el fin de la cosecha en Europa. “Halloween, Noche de Brujas, Samhain para los celtas, era el final de la cosecha”, explicó. La fecha coincidía con el momento en que, en el hemisferio norte, “empezaban los días a acortarse y las noches a alargarse”.
PUBLICIDAD

El escritor describió una cosmovisión atravesada por el cambio de estación. “Los celtas aseguraban que se abría un portal por el que la sombra pasaba y dominaba sobre el día”, dijo. La cosecha, en ese marco, debía levantarse antes de la llegada de los meses fríos. El pasaje entre mundos podía traer presencias temidas, pero también a los muertos queridos que eran invitados a cenar: “Se les dejaba incluso una silla vacía en la mesa”.
Las fogatas, las máscaras y los disfraces habrían tenido una función protectora. “Nace lo de disfrazarse con ceniza de la fogata o con máscaras de pieles de animales para camuflarse entre esos seres”, relató. El bestiario celta, añadió, incluía “hadas no tan buenas, jinetes sin cabeza, brujas, vampiros”, figuras que con el tiempo se incorporaron a películas, series y otros relatos del género.
PUBLICIDAD
La calabaza iluminada tampoco fue, según Barrantes, el objeto original de aquel ritual. Los celtas usaban “nabos ahuecados con una vela o con una brasa adentro” para guiar a los espíritus familiares hacia las casas. La modificación se produjo con la inmigración irlandesa a Estados Unidos, donde las calabazas resultaban más accesibles y fáciles de vaciar. Así se consolidó el jack-o’-lantern, la figura asociada a la celebración contemporánea.
El investigador también vinculó el “truco o trato” con esas ofrendas. Los dulces se dejaban en las entradas de las viviendas para alejar a los espíritus malignos que seguían el camino de las luces. “Yo voy disfrazado como uno de estos monstruos y, si me das un dulce, no entro a tu casa, no la maldigo y sigo mi camino”, resumió.
PUBLICIDAD

El taxi de Chacarita y la estación fantasma que aparece en la línea A
Entre las historias locales, Barrantes eligió una advertencia que atribuyó a la tradición oral que rodea al Cementerio de la Chacarita: “No tomes un taxi si salís del cementerio de Chacarita”. El relato comienza con un pasajero distraído, que no advierte la patente 666 del vehículo y percibe un frío que no puede explicar. Luego descubre que el conductor tiene “una mano cadavérica, la piel pegada a los huesos”.
La escena deriva hacia la transformación del propio pasajero. Cuando este intenta tocarle el hombro al chofer, encuentra su propia mano “tan raquítica y tan pálida” como la que sostiene el volante. Finalmente, la Parca pronuncia la frase que completa la leyenda: “Señor, señorita, hemos llegado a su destino final”. El vehículo, dijo Barrantes, devuelve al viajero al cementerio “para que elija lugar entre los muertos”.
PUBLICIDAD
El autor aclaró que la persistencia de un mito no depende de que pueda probarse. “Lo bueno del mito es que nunca terminás de corroborar todo o tirar todo por la borda, porque dejaría de ser mito. Sería noticia”, planteó. Esa zona sin confirmación definitiva, sostuvo, forma parte de su mecanismo narrativo.
El subte también ofrece una cartografía singular. Barrantes mencionó la línea A, inaugurada en 1913, y en particular el tramo entre las estaciones Pasco y Alberti. “Son dos estaciones raras, mutiladas, porque les falta un andén a cada una”, observó sobre esas paradas que funcionan en sentidos opuestos.
PUBLICIDAD
Según el relato, cuando el tren atraviesa ese sector, las luces se apagan durante unos segundos. “El mito asegura que, si vos te animás a mirar en ese momento de oscuridad por la ventanilla del subte, vas a ver algo: una estación que no existe”, contó. La aparición de esa “estación fantasma” condensa, para Barrantes, la potencia del subsuelo y de los recorridos habituales que de pronto se vuelven extraños.

La casa de la palmera y el relato que rodea a Rufina Cambaceres
Otra de las paradas del mapa de Barrantes es la llamada casa de la palmera, en Riobamba 144, cerca del Congreso. “Parece de otro universo”, dijo sobre la construcción, rodeada de edificios y reconocible por la palmera que se eleva frente a su fachada. La leyenda refiere a una familia en la que los hijos varones mueren uno tras otro y sus habitaciones quedan clausuradas.
PUBLICIDAD
En esa versión, Elisa Espinosa, la única hija mujer, había sellado antes el cuarto de su madre, Catalina, después de su muerte. Con el paso del tiempo, las habitaciones se cierran en el orden en que fallecen los hermanos, desde la planta alta hacia abajo. Cuando el sacerdote nota que Elisa ha dejado de concurrir a la iglesia, la encuentran muerta en el sótano, el único ambiente que permanecía abierto. “Se asegura que el espíritu de toda esta familia, sobre todo el de Elisa, sigue habitando la casa de la palmera”, relató Barrantes.
Durante la entrevista surgió la posibilidad de que esa casa hubiera inspirado el cuento Casa tomada, de Julio Cortázar. Barrantes fue cauto: “Es el mito dentro del mito. No está comprobado”. Aun así, reconoció un parentesco temático entre ambas historias: “Esto de ir cerrando la casa desde arriba hacia abajo, hasta que no quede prácticamente nada, solamente el sótano”.
PUBLICIDAD
El investigador retomó además la figura de Rufina Cambaceres, uno de los relatos más difundidos del Cementerio de la Recoleta. La historia popular sostiene que la joven sufrió un ataque de catalepsia, fue dada por muerta y despertó dentro de su ataúd. “En realidad no muere de catalepsia. Creyeron que estaba muerta”, precisó Barrantes sobre el núcleo legendario. Los supuestos rasguños en el féretro, agregó, expresan el temor a ser enterrado vivo.

“De vuelta, el mito tomando un miedo visceral, que no podés evitarlo”, explicó. Barrantes escribió tres novelas sobre la Dama de Blanco y organiza recorridos míticos por Recoleta con lectores de esos libros. “Quieren conocer la historia detrás de la lápida. ¿Qué pasó?”, señaló al referirse al interés de estudiantes y jóvenes por esas narraciones.
El terror que no muestra a la criatura deja que actúe la imaginación
Barrantes ubicó su fascinación por los mitos urbanos en una lectura adolescente. A los 12 o 13 años eligió, en el antiguo Círculo del Lector, Cuando ocurre lo imposible. “Fue lo primero que yo leí de mitos urbanos en mi vida”, recordó. Aquellos relatos reunían, a su juicio, los elementos del fantástico con un agregado decisivo: “Supuestamente, a alguien le había sucedido eso”.
Como escritor y guionista, defendió un tipo de terror que evita la exposición directa de la amenaza. “El terror que funciona es el que no termina de mostrarse nunca. La sombra que nunca se revela”, afirmó. Ese procedimiento, explicó, permite que el espectador ponga en marcha “la mejor y más barata máquina de efectos especiales, que es la mente de cada uno”.
Para ilustrarlo mencionó El proyecto Blair Witch. “Había mucha gente que decía: ‘¿Vieron la bruja? Es terrible. Nunca vi una bruja tan aterradora’. No aparece nunca la bruja”, dijo. La película, consideró, obtiene su efecto de aquello que permanece fuera de campo y que cada espectador completa con su propia imaginación.
Al final de la charla, Barrantes volvió a la dimensión cultural de Halloween y al lugar que ocupan estas historias. “Para el que ama el terror, tener una fecha es maravilloso”, afirmó. También sostuvo que el acercamiento a cementerios, leyendas y relatos de muerte puede cambiar la relación con esos temores: “Casi como que es un festejo, como pasa en México”.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
8 libros que BTS convirtió en fenómenos globales: de un clásico que marcó sus canciones a un Nobel de Literatura
Un álbum entero construido sobre una novela de 1919, una pista transformada en furor y ejemplares firmados por Paulo Coelho revelan la faceta lectora del grupo con sorpresas para ARMYs y nuevos seguidores

¿Qué nos dice Pinocho hoy? Una muestra con casi 200 afiches reinterpreta al famoso muñeco de madera
Piezas gráficas de diseñadores internacionales componen la exposición que el Istituto Italiano di Cultura montó junto al Museo MAGMA para homenajear a Carlo Collodi

“La ausencia de una madre también está superpresente” dice Adriana Riva, que lleva tres libros dándole vueltas al tema
En el ciclo de charlas de Susana Mitchell, la escritora porteña repasó sus novelas atravesadas por la maternidad, habló de vejez, sobre el humor y de por qué la inmortalidad le parece "una crueldad tremenda"

Mariana Enriquez: “No tengo la suerte de ver fantasmas, quizá mi obsesión por el terror sale de ahí”
La escritora argentina presentó en Barcelona “Conversación con la oscuridad”, un mapa personal del horror contemporáneo. “Tengo una relación muy desprejuiciada con el terror”, dice
Siri Hustvedt contó cómo fue ver a Borges en Estados Unidos: "Había cientos de personas y una efusión de amor real"
La escritora y ensayista estadounidense participó de una entrevista virtual en el Festival Borges, que concluye este sábado. Habló del libro con el que intenta mantener vivo a su marido, Paul Auster. Y reveló que en su juventud vio al autor argentino en la Universidad de Columbia


