
Durante décadas, los científicos han estudiado la superficie de Marte con rovers, satélites y espectrómetros, acumulando datos sobre su mineralogía, química y topografía. Sin embargo, toda esa información nunca había sido organizada bajo un sistema único que permitiera clasificar y comparar los suelos del planeta rojo de manera coherente.
Los materiales que cubren su superficie se describían de forma fragmentada, sin un lenguaje común que diera orden al conjunto. Daniel Irving, estudiante de doctorado de la Universidad de Sídney, cerró esa brecha con el primer mapa global de suelos marcianos de la historia.
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El trabajo, liderado por Irving desde el Instituto de Agricultura de Sídney y la Facultad de Ciencias, parte de una premisa tan sencilla como ambiciosa: si algún día se va a cultivar alimento en Marte, primero hay que saber en qué se va a plantar.

Para responder esa pregunta, el equipo procesó datos orbitales de casi 800 millones de puntos en la superficie marciana y los organizó en una jerarquía de 2.000 tipos de suelo, plasmada en un mapa que cubre el 92% del planeta. El resultado fue publicado en la revista de ciencias del suelo Catena.
El sistema se denomina PPACS, sigla en inglés de Sistema Provisional Politético de Clasificación de Areths (Provisional Polythetic Areth Classification System). Su enfoque politético implica que cada clase de suelo se define a partir de un conjunto integrado de propiedades y no mediante un criterio diagnóstico aislado, una metodología propicia para un planeta donde los datos son indirectos.
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El término “areth”, derivado de Ares, el nombre griego de Marte, designa al suelo marciano y lo distingue del “regolito”, concepto genérico que abarca cualquier material suelto sobre la superficie sin atender a sus propiedades edafológicas específicas.
Un lenguaje propio para el suelo de otro planeta

El PPACS organiza los areths en tres niveles jerárquicos: diez reinos, que representan los grandes contextos ambientales del planeta; cien ensamblajes, con propiedades recurrentes dentro de cada reino; y 2.000 formas, las unidades más detalladas del sistema. Cada nombre de areth codifica directamente su posición en esa jerarquía, de modo que quien lo lee puede inferir cuánto se parecen dos areths con solo comparar sus denominaciones.
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Para elaborar el mapa, los autores del estudio integraron cuatro propiedades fundamentales del terreno marciano a partir de observaciones orbitales y modelos predictivos, según se detalla en la revista Catena.
Esas cuatro dimensiones abarcan la textura del suelo, evaluada según sus proporciones de arcilla, arena y grava; el nivel de acidez o pH; el espesor de la capa superficial; y su composición mineralógica, esta última apoyada en mediciones del espectrómetro térmico de la sonda Mars Global Surveyor.
Como todavía no existen perforaciones profundas en todo el planeta, varios de esos parámetros debieron estimarse mediante modelos que combinan datos satelitales con patrones conocidos de suelos terrestres. Por esa razón, el sistema es, por diseño, provisional: deberá ajustarse a medida que futuras misiones aporten muestras directas del subsuelo.
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“Esta es la primera vez que se desarrolla un sistema de clasificación de esta escala para los suelos marcianos”, afirmó Daniel Irving según el comunicado de prensa de la Universidad de Sídney. “Los científicos han mapeado antes la geología, mineralogía y química de Marte, pero nuestro sistema integra múltiples propiedades en un único marco, lo que nos ayuda a entender cómo se relacionan entre sí los distintos tipos y dónde se encuentran”, agregó.
El suelo más prometedor cubre apenas el 0,14% de Marte
Más allá de la clasificación, el equipo evaluó cuáles de los 2.000 tipos de suelo podrían ser más adecuados para producción vegetal en condiciones controladas, analizando la capacidad de retención de agua, el pH, el grosor del perfil, el contenido de arcilla y la cantidad de grava. Según se detalla en el estudio, el areth más prometedor resultó ser el Nohibareth, con una puntuación de 0,93 sobre 1 en la escala de utilidad diseñada por los investigadores.
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El Nohibareth presenta un pH de 6,8, un contenido de arcilla del 72%, prácticamente ninguna presencia de arena o grava y una capacidad de retención de agua estimada en 202 milímetros por metro de suelo.
Su distribución se concentra en las latitudes medias del planeta, particularmente alrededor de la región volcánica de Tharsis, Arabia Terra y las llanuras de Elysium Planitia, aunque ocupa apenas el 0,14% de la superficie marciana. En el extremo opuesto, todos los areths de los reinos Fareth a Mareth obtuvieron puntuaciones inferiores a 0,3, con la capacidad de retención de agua como parámetro limitante en el 73% de las formas evaluadas.
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Los investigadores subrayan que estos resultados no implican que sea posible cultivar directamente en suelo marciano. Cualquier hábitat futuro requeriría entornos controlados, agua, nutrientes y tratamiento de percloratos, sales tóxicas presentes en el subsuelo del planeta, entre otras variables que el mapa actual no contempla.
El mapa puede iluminar también los desiertos de la Tierra
El profesor Alex McBratney, supervisor de Irving, señaló una consecuencia inesperada del trabajo: “La gente suele pensar que el suelo necesita mucha materia orgánica para funcionar, pero hay tipos de suelo en la Tierra, especialmente en regiones áridas, que contienen muy poca. Estos resultados de Marte nos hacen pensar más profundamente en ese tipo de suelo terrestre”, afirmó, según el comunicado de prensa de la universidad.
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Los próximos pasos que plantea el trabajo son terrestres: fabricar mezclas de sustrato similares a los areths mapeados, probarlas en espacios de cultivo controlados y comparar el crecimiento de distintos cultivos entre los diferentes tipos. Con el tiempo, mediciones de rovers y muestras del propio planeta podrían confirmar si los areths más prometedores se encuentran donde los modelos los ubican.
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