Trescientos años de 'Los viajes de Gulliver', una obra escrita para incomodar al poder que terminó siendo leída como cuento infantil

El Trinity College de Dublín celebra el aniversario con una muestra de más de cien ediciones e ilustraciones, buscando recuperar la dimensión política de la novela más célebre de Jonathan Swift

A la izquierda un hombre gigante yace atado al suelo rodeado de personas diminutas; a la derecha un hombre con peluca escribe con una pluma
La biblioteca de Trinity College de Dublín conmemora el tricentenario de Los viajes de Gulliver con una muestra de más de cien ediciones en la sala Long Room.
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El 28 de octubre de 1726, un anuncio en un periódico londinense informaba la publicación de Viajes a varias naciones remotas del mundo, por Lemuel Gulliver, primero cirujano y después capitán de varios barcos. Trescientos años después, la Universidad de Trinity College de Dublín celebra ese aniversario con una exposición de más de un centenar de ediciones, adaptaciones e ilustraciones del libro que cambió la historia de la sátira política.

Jonathan Swift fue contundente cuando le confesó en privado a un amigo, en 1725, su verdadera intención: escribió Los viajes de Gulliver para “irritar al mundo, no para entretenerlo”. La aclaración no era retórica. El manuscrito original tardó nueve años en publicarse tal como lo concibió su autor, porque Benjamin Motte, el editor londinense que lo imprimió, censuró los pasajes más incisivos por temor a represalias del poder establecido. Swift era ya entonces un agitador de tiempo completo bajo seudónimos múltiples —Gulliver entre ellos— que firmaba panfletos sobre la corrupción política, la opresión británica en Irlanda y la hipocresía moral de su época. De día, ocupó durante 32 años el cargo de deán de la catedral de San Patricio, en Dublín. En sus horas libres, construyó uno de los corpus satíricos más filosos del siglo XVIII.

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Una muestra sobre los cuatro libros de Gulliver

La exposición, instalada en la histórica sala Long Room de la biblioteca del histórico Trinity College —institución de la que Swift fue alumno— organiza su recorrido en torno a las cuatro partes de la novela. Para seleccionar los ejemplares, los comisarios revisaron y analizaron todas las copias conservadas en la biblioteca universitaria, con el objetivo de mostrar la diversidad de formatos, estilos e interpretaciones que acumuló la obra a lo largo de tres siglos.

Vista aérea de edificios universitarios de piedra alrededor de patios adoquinados y jardines verdes rodeados por calles urbanas
Una toma aérea presenta los edificios históricos, las áreas verdes y el campanario central del campus de Trinity College de Dublin, donde estudió Jonathan Swift

Entre las piezas destacadas figura una edición publicada en Dublín en 1761, de la que se conserva el único ejemplar conocido de esa versión abreviada. La muestra también pone en valor el trabajo de los grabadores e ilustradores que reinterpretaron el libro en cada era, dando cuenta de cómo la recepción visual de la obra transformó su significado tanto como su texto.

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Cada uno de los libros de Los viajes de Gulliver construye un mundo distinto para interrogar el mismo objeto: la vanidad, la guerra, el colonialismo y la arrogancia del conocimiento. En el primero, Lemuel Gulliver despierta encadenado entre los liliputienses, criaturas de apenas seis pulgadas que reproducen con minuciosidad las disputas, protocolos y pompas del poder europeo. En el segundo, los papeles se invierten: Gulliver es ahora el diminuto, una rareza doméstica en la tierra de los gigantes de Brobdingnag, cuyas imperfecciones físicas ampliadas resultan tan perturbadoras como reveladoras.

El tercer libro lo lleva a la isla flotante de Laputa, sátira explícita de la Royal Society inglesa y de la ciencia que, absorbida en especulaciones abstractas, pierde contacto con la realidad concreta. El cuarto —y más perturbador— transcurre en el país de los Houyhnhnms, caballos racionales y virtuosos que conviven con los Yahoos, seres físicamente repugnantes que son, en el fondo, seres humanos sin barniz civilizatorio. Gulliver, que se identifica con los primeros, es expulsado por ellos: no es suficientemente racional para pertenecer a su sociedad, pero tampoco puede ya tolerar la de sus semejantes.

Un hombre de gran tamaño acostado en el pasto mientras decenas de figuras diminutas caminan sobre su ropa y a su alrededor entre árboles
Las cuatro partes del libro abordan temas como la vanidad del poder europeo, la guerra, el colonialismo y los excesos de la especulación científica.

La paradoja de un clásico que el tiempo volvió inofensivo

El destino cultural de Los viajes de Gulliver encierra una paradoja que la exposición del Trinity College se propone discutir de manera directa. El evento académico que acompaña la muestra —parte de la serie Libraries for Democracy— plantea la pregunta con precisión: ¿cómo una de las sátiras políticas más corrosivas de la literatura occidental terminó siendo leída principalmente como cuento infantil?

La respuesta no es simple. La obra nunca dejó de imprimirse desde su primera edición. Su éxito fue inmediato y su traducción a otros idiomas, casi simultánea a la publicación original. Pero a medida que la distancia histórica fue diluyendo la legibilidad de sus referencias políticas concretas —las disputas dinásticas, las guerras de gabinete, la opresión colonial en Irlanda—, lo que sobrevivió con mayor vigor fue la dimensión fantástica: los gigantes, los enanos, los caballos filósofos. La aventura absorbió a la crítica.

Lo que la exposición dublinense propone, en definitiva, es una restitución. Devolver a Los viajes de Gulliver su filo original sin cancelar el placer de su lectura. Swift nunca separó ambas cosas: la aventura era el vehículo, no el destino. Su estilo, deliberadamente sobrio y factual, funcionaba como una trampa de credibilidad: cuanto más verosímil sonaba la voz de Gulliver, más difícil resultaba refutar sus observaciones sobre el mundo real.

La muestra permanece instalada en la Long Room del Trinity College, en Dublín, como parte de las actividades organizadas por la biblioteca de la universidad para conmemorar los 300 años de la primera edición de la obra.

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