
Durante décadas, los diccionarios biográficos del arte británico resumieron la vida de Winifred Knights con una sola línea: la primera esposa de sir Thomas Monnington. La obra de la pintora, ganadora a los 21 años del prestigioso Rome Scholarship y autora de una de las imágenes más perturbadoras sobre la Primera Guerra Mundial, quedó relegada al olvido hasta 2016, cuando la Dulwich Picture Gallery de Londres organizó la primera retrospectiva de su carrera, casi setenta años después de su muerte.
Knights nació en 1899 en Streatham, al sur de Londres, hija de una cantante de teatro y un administrador de una compañía azucarera. Estudió en la Slade School of Fine Art bajo la tutela de Henry Tonks y Fred Brown, en los mismos años en que los zepelines alemanes bombardeaban la capital británica.
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La experiencia le dejó un trauma que describió por escrito: “He llegado a un estado en el que no puedo dejar pasar un avión sobre mi cabeza sin sentirme terriblemente mal y temblorosa”. A esa angustia se sumó la muerte de su primo Ted Murby en la batalla de Passchendaele y el impacto directo de la explosión de una fábrica de TNT en Silvertown, en enero de 1917, que la obligó a interrumpir sus estudios.

Ese cúmulo de experiencias desembocó en The Deluge, la obra con la que Knights ganó el Rome Scholarship en 1920 y se convirtió en la primera mujer en recibir esa beca de la British School at Rome. El ejercicio pedía representar el diluvio bíblico en un plazo de ocho semanas, en un lienzo de casi dos por dos metros y medio.
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Knights entregó una composición de 21 figuras que huyen en diagonal hacia una montaña, mientras una ola se eleva detrás de ellas. La escena, pensada como una respuesta emocional a la memoria de la guerra, fue calificada por el Daily Graphic como la obra de un genio. Hoy integra la colección permanente de la Tate, en Londres.
La beca la llevó a instalarse en Anticoli Corrado, un pueblo al sur de Roma, donde vivió hasta 1925. Allí pintó su obra más ambiciosa, The Marriage at Cana, una reinterpretación del milagro bíblico en la que la propia artista aparece retratada tres veces, sentada a distintas mesas del banquete, un gesto que coincidió con el reconocimiento creciente que empezaba a recibir en los círculos artísticos romanos.
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La pintura recorrió exposiciones internacionales, pero su gran tamaño hizo que ni la Tate ni el Fitzwilliam Museum de Cambridge aceptaran incorporarla a sus colecciones permanentes. Pasó años almacenada bajo una escalera en la oficina londinense de la British School at Rome, hasta que en 1958 fue donada al Museo de Nueva Zelanda Te Papa Tongarewa, en Wellington, donde se exhibe en la actualidad como una de las piezas más valoradas de la institución.
Knights incorporó su propia imagen en buena parte de sus composiciones, con el atuendo que la caracterizó durante toda su vida: una falda larga de inspiración campesina italiana, blusa abotonada, sombrero negro de ala ancha y aros de coral. Aparece como tercera figura desde la izquierda en The Deluge y, según documentó la historiadora Sacha Llewellyn, su rostro vuelve a identificarse en Santissima Trinita, pintada entre 1924 y 1930, considerada por buena parte de la crítica como su obra maestra. Se trata de una pieza de propiedad privada que rara vez se exhibe en público.
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En 1924 se casó con Thomas Monnington, también becario de la Rome Scholarship, con quien había forjado una relación durante los veranos en la campiña umbra. La influencia de Knights sobre el trabajo de su marido fue tan marcada que algunos amigos de la pareja comenzaron a llamarlo “señor Knights”.

De regreso en Inglaterra, Knights recibió en 1928 el encargo de pintar un retablo para la capilla Milner Memorial, en la catedral de Canterbury. El resultado, Scenes from the Life of Saint Martin of Tours, le demandó cinco años de trabajo, marcados por desacuerdos con el arquitecto Herbert Baker, que estuvieron a punto de llevarla a abandonar el proyecto.
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La obra combina tres episodios de la vida del santo: el momento en que comparte su capa con un mendigo, su visión de Cristo vestido con esa misma prenda y la resurrección milagrosa de un niño, una escena con resonancia personal para la artista, que había perdido a un hijo al nacer poco antes. El retablo permanece hoy en la cripta de la catedral.
En 1933, el matrimonio Courtauld contrató a Knights y a Monnington para trabajar en la decoración de Eltham Palace, junto al diseñador sueco Rolf Engströmer y el decorador italiano Peter Malacrida. El nacimiento de su hijo John, en 1934, marcó el final de su producción activa: a partir de ese momento, dedicó la mayor parte de su energía a la crianza y dejó inconcluso un encargo del conde de Crawford y Balcarres en el que había trabajado durante cinco años.
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Murió en Londres en 1947, a los 47 años, a causa de un tumor cerebral que no había sido diagnosticado. Ningún periódico publicó entonces una necrológica sobre ella.
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