El divulgador de filosofía argentino Darío Sztajnszrajber participó de la Feria Internacional del Libro de Monterrey para continuar con la presentación de su libro El amor es imposible. En diálogo con Infobae Cultura el escritor se refirió a las aventuras de las relaciones amorosas y el impacto sobre las personas. “Me parece que lo que hace el amor desde su imprevisibilidad es derrumbar al sujeto”, fue una de las frases que dejó.
Autor de libros como ¿Para qué sirve la filosofía?, Filosofía en 11 frases y Filosofía a martillazos, llegó a México para hablar de su mirada sobre el amor. En su nuevo libro invita a pensar desde ocho tesis diferentes cómo lo entendemos.
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“Estoy muy contento de ver que en países como México y muchos otros países hispanoamericanos, el trabajo que empezamos a hacer de divulgación de la filosofía hace ya años no solo está llegando, sino que está, de algún modo, instalado”, señaló sobre el principio de la charla.
A poco de dar una conferencia en uno de los auditorios más grandes del Centro Internacional de Negocios (Cintermex), que estuvo colmado de gente que hizo fila de casi una hora para escucharlo, Darío habló del impacto de la filosofía y cómo rompió las fronteras: “Bueno, recién tuve una entrevista con todo un grupo de profesores de filosofía de Monterrey. Me pasó igual en Querétaro: hace un mes que estuve en el High Festival y es una especie de sensación como de cierta realización, como de ‘qué bueno que un laburo que empezó así medio de casualidad, arrancando con los programas de Mentira la Verdad en Canal Encuentro, fue llegando’”.
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“Esto también habla de cierto lenguaje universal de la filosofía. Vos te das cuenta acá, en esta entrevista con profesores de filosofía de México, que las problemáticas son las mismas. Después, uno obviamente las encarna en cada lugar particular, pero hay algo similar que acaricia a todos. Así que muy feliz de estar acá”, agregó.
En uno de los cuartos de la sala de prensa, Darío se dispone a hablar de su obra más reciente con Infobae:
—En tu libro hablas sobre la relación de tus padres y un amor fallido que tuvo tu madre. ¿Qué diferencias encontrás en la forma de amar entre la época de tus padres, tu época y la de tus hijos?
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—Son como olas, son ciclos que van y vienen. Por ahí, hace algunos muy pocos años, se pensaba que en cuestiones amorosas había un giro hacia cierta deconstrucción del amor. Giro que sigue más que vigente, pero que al mismo tiempo, y por suerte te diría, ninguna postura sobre ninguna cosa termina resultando eternamente hegemónica, ¿no? Hay algo en ese sentido de las idas y vueltas que a mí me parece muy interesante, sobre todo para que cada una de las versiones se autocritique, vea sus propias limitaciones, sus falencias. Hoy creo que el panorama sobre cuestiones del amor es como muy anárquico. No creo que haya un modelo único, ni creo que haya un modelo hegemónico.
—O perfecto
—Perfecto, menos, ¿no? Como no hay un modelo perfecto, hay muchos modelos en juego, muchas versiones, pero como que no hay ninguna que uno diga hoy haciendo esa especie de estadística media. Pero no hay un modelo sobre el amor que se haya vuelto el único, ¿no? Y otros como más marginales que conviven increíblemente como formas del amor que cuestionan más los mandatos como más clásicos, con una especie de regreso a ciertas formas por ahí más tradicionales. Por ahí la monogamia, el matrimonio, son instituciones que en algún momento fueron como muy cuestionadas y hoy encuentran a mucha gente que las sostiene. Entonces, esta situación anárquica para mí básicamente explica esto como una especie de fragmentación, casi como tribal, ¿no? Como que hay tribus distintas que se sienten identificadas con formas del amor muy distintas. Que obviamente hay debates, pero me parece que lo propio de esta época es eso, ¿no? Digo porque, por lo menos en los últimos dos siglos, siempre hubo estas olas donde una de las versiones del amor se consolidaba como la dominante y el resto jugaba más en los márgenes. Me parece que hoy se vive esto de manera más descentrada.
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—¿Y qué valor tiene la palabra “te amo” en esta lectura sobre el amor?
—Me parece que en cuestiones del amor, el lenguaje no es solo descriptivo, ¿no? Cuando uno dice “te amo”, está construyendo al mismo tiempo un juicio performativo. O sea, uno al decirle “te amo” a alguien no es solamente una explicación o una descripción de un sentimiento. Tiene el mismo valor que puede tener un beso. Hay una implicación del ser en su totalidad. Como que el lenguaje en el amor no es algo accidental o secundario, sino que es algo intrínseco. Muchas veces amamos también con las palabras, ¿no? Y ni hablar de que seducimos, que enamoramos, pero la palabra va a las raíces mismas del amor. Y siempre me resultó muy interesante toda esa clasificación de términos que hay alrededor del amor, la fuerza que puede tener un te amo frente a un te quiero, ¿no? La necesidad como de cierta reciprocidad, el conflicto; en el libro yo lo trabajo sobre conceptos que al mismo tiempo son utilizados por todos, pero que apuntan a una singularidad, donde, sobre todo desde la concepción así más clásica de que amar es ir en busca de mi otra mitad. Entonces, esa idea romántica de que hay alguien. Esa media naranja. Y el modo en que te relacionas con esa persona incluye todos los rasgos propios con los que cualquier persona se maneja a la hora de amar, ¿no? Es un conflicto siempre muy interesante entre lo universal y lo particular. Me parece clave la cuestión del lenguaje. Estamos muy acostumbrados a pensar el lenguaje en términos más descriptivos, ¿no? Como que uno habla y dice: “La pared es gris” y está describiendo lo que sucede. Cuando uno dice “te quiero”, “te amo” u “te odio”, no está solo describiendo, sino que está construyendo en ese acto del lenguaje un impacto y una transformación sobre el otro.
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—¿Y qué pasa con el amor hacia un padre, hacia un hermano o un amigo?
—Creo que la palabra amor es una palabra que ha reducido, desde el punto de vista del significado, un montón de potencialidades que tiene el amor y de ámbitos muy distintos. De hecho, en el mundo griego había diferentes palabras, deidades y conceptos del amor que nosotros terminamos agrupándolos y llamándolos a todos del mismo modo. Para nosotros, la palabra amor es la misma en el amor a la patria, en el amor a tu mamá, en el amor a tu novia, en el amor a tus hijos, en el amor a la camiseta del Pincha.
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Y en realidad son amores distintos, ¿no? Entonces, lo que me interesa en términos filosóficos es ver por qué ciertas formas del amor en todos esos casos se han instituido como únicas. E imposibilitan formas como divergentes, que por ahí le dan otra textura, le dan otro color, amplían posibilidades. Cuando uno habla del amor a los hijos, la pregunta ahí es qué tipo de versión del amor es la que ha vencido a la hora de pensar el amor por los hijos. Entendiendo que mucho de esa forma dominante tiene mucho de verdad, porque por algo también en su triunfo, por decir así, revela que hay un acompañamiento, que hay algo con lo que nos identificamos, pero al mismo tiempo obtura otras. Entonces, por lo menos desde el punto de vista de la práctica filosófica que yo hago, que a mí me gusta, siempre estoy buscando qué es lo que se pierde cuando un modelo se impone. Esa es como la pregunta: ¿por qué triunfaron ciertos modelos?
—¿Y por qué triunfó la monogamia en esa lucha de diferentes modelos?
—Lo que siempre es importante con el tema de la monogamia es entenderla en todas sus dimensiones y no únicamente en su dimensión afectiva. Y entender que por algo también se busca que toda la discusión sobre la monogamia solo tenga una relación directa con el tema afectivo, con el tema de los celos, con el tema de las fidelidades mutuas. Y no se piensa en la monogamia como una relación social y, en tanto relación social, vinculada con todo el resto de los ámbitos, como el económico y político. Porque la monogamia supone una estructura social que se relaciona directamente con el modo en que trabajamos, en que organizamos el tiempo, en que nos relacionamos con nuestras energías productivas. Es mucho más que reducir la cuestión de la monogamia a: ¿puedo enamorarme de más de una persona? ¿Puedo tener una relación con más de una persona?. Me parece que reducirlo a eso es quitarle a la cuestión monogámica toda la problemática filosófica que implica relacionarla con el mundo del trabajo, de la eficiencia, del poder, que por eso hay tantos estudios sobre el tema, que buscan llevarlo más para ese lado.
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—En tu quinta tesis hablas sobre el amor como incalculable; ¿te referís al amor no solo como amar a alguien, sino que también se analicen otros puntos?
—Creo que en el caso de la tesis cinco, dice que el amor es imposible porque es incalculable. Y uno asocia lo posible a lo calculable, a lo que uno prevé, a lo que uno diseña. Y un poco el juego de esa tesis es que el enamoramiento es algo que uno no decide ni desde la voluntad. Nadie decide: “Me quiero enamorar de alguien porque me quiero enamorar de alguien”. Tampoco el enamoramiento es el resultado de un cálculo, como “a ver de quién me conviene más enamorarme”, hacer como una cuenta en una calculadora. Tampoco pasa por ahí, ¿no? Y uno de algún modo asocia las formas como más instituidas del amor con justamente con lo que uno puede prever, con lo que uno puede calcular. Como que el ideal romántico del amor relaciona mucho el amor con la consolidación y expansión del sujeto. Me parece que lo que hace el amor desde su imprevisibilidad, desde lo incalculable, lo que hace es derrumbar al sujeto. Por ahí, todo lo que vos tenías como previsto, el enamoramiento se te cae, ¿no?
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De hecho, un poco el mito de la manzana de la discordia, que es el que cuento, trae un poco todas esas consecuencias. Paris termina eligiendo a la diosa Afrodita como la diosa más linda porque la diosa le promete, si es elegida, darle a la mujer más hermosa del mundo. La mujer más hermosa del mundo se llama Helena, pero está casada. Y todo lo que eso trae después, que es básicamente la guerra de Troya, ¿no? Entonces, es como poner en jaque un poco la idea del cálculo y también de cierta ilusión que tenemos los seres humanos, que es que cuanto mejor calculamos, mejor nos va, ¿no? Como hay una idea así de un pensamiento calculatorio que todo lo puede predecir.
En general, la filosofía que a mí me gusta hacer pone el acento siempre ahí, en cuestionar las totalizaciones, y es importante esto, porque en general para el sentido común, a la filosofía la ven como una especie de como de devaneo radical, como que va en contra de todo. Y en realidad, más que ir en contra, es ir en contra de las monopolizaciones, más que de las totalizaciones. O sea, no es que todo cálculo sea malo. En todo caso, es malo que todo sea producto de un cálculo, que es distinto. Después necesitamos, obviamente, cálculo, estrategia, pensamiento instrumental para millonadas de cosas en la vida. Ahora, por suerte, hay aspectos también de la existencia que son improductivos, que no tienen una utilidad concreta, que rompen cualquier previsión. El problema es que todo ese aspecto llamado entre “irracional” siempre fue como bastardear o dejar de lado. A mí me parece importante cómo recuperar también ese aspecto y que conviva esa pluralidad. Y que haya un conflicto, y que vivamos ese conflicto como parte de lo que somos.
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