
“Una furia desesperada”, así definió la escritora Florencia Canale a la protagonista de su nueva novela: Maldita. El libro reconstruye la historia y desmembra el mito de Erzsébet Báthory, la noble húngara del siglo XVI conocida como la Condesa Sangrienta, acusada de torturar y asesinar a cientos de mujeres jóvenes entre 1590 y 1610.
En diálogo con Infobae, la autora repasó el proceso de investigación y escritura de una obra que la mantuvo atrapada durante más de dos años. Maldita llega a las librerías luego de La cruzada (2025) y De fuegos y flores (2024).
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La autora, descendiente de Remedios de Escalada y responsable de novelas históricas sobre figuras como Juan Manuel de Rosas y Manuel Belgrano, aseguró que su acercamiento a Báthory no partió del fanatismo que rodea al personaje en la cultura popular. “Conocía la leyenda, claro que sí, pero superficialmente. No era una fanática de ese personaje sanguinario”, precisó. Entre sus referencias directas mencionó el libro de Tony Penrose y el texto de Alejandra Pizarnik.
El proceso de investigación incluyó visitas a tres castillos vinculados a la vida de la Condesa: Lockenhaus, Sárvár y Csejte, repartidos entre distintos países de Europa Central. “Me detuve en cada uno de los lugares tratando de respirar su aire, tratando de encontrarla. La perseguí muchísimo y era muy difícil no encontrarla ahí”, describió. La escritora contrastó la experiencia en cada sitio: mientras algunos castillos mostraban un desarrollo turístico más marcado, orientado a lo que definió como “turismo vampírico”, otros conservaban una atmósfera que consideró más auténtica.
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“Todo era un clima muy adecuado para que yo me empezara a empapar de esa bruma, de ese bosque, de esas noches heladas, de esas noches de luna llena y lobos aullando por ahí”, relató sobre el recorrido por los pueblos que rodean las fortalezas, muchos de ellos detenidos en el tiempo. Canale remarcó que buscó mantener el registro histórico de los caminos y las construcciones del siglo XVI, sin dejarse llevar por la estética de disfraz que asocia al personaje con Halloween o con grupos de jóvenes que visitan los castillos vestidos con corsés y borceguíes. “No voy a escribir un cómic, no soy una cosplayer”, afirmó.
El peso emocional de la escritura ocupó buena parte de la conversación. “Soy de ese tipo de escritora que se ve adherida por el personaje, por la temporalidad, por el espacio”, explicó Canale, quien describió el proceso como una forma de suspender su propia realidad durante la investigación. “A veces debo quitarme de encima estos personajes porque me desestabilizan un poco”, reconoció.
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La comparación entre la protagonista de la novela y su propio oficio apareció de forma directa en la entrevista. “Como a Báthory era la sangre joven lo que la mantenía viva, a mí es la literatura. Si yo no tengo eso, estoy muerta”, sostuvo. Sobre el estado posterior a la finalización del libro, agregó: “Terminar de escribir Maldita a mí me vació. Yo andaba arrastrándome y ahora empiezo a beber otras sangres para volver a estar entera”.
El pasado ocupa un lugar central en la manera en que Canale concibe su trabajo y su vida. Pero ese territorio no la atormenta: “Me parece que es mi terreno fértil, es mi suelo, piso firme. Me da tranquilidad el pasado. Es la única certeza que tenemos”, explicó. Según la autora, el presente resulta “pantanoso” y el futuro “absolutamente incierto”, mientras que la reconstrucción histórica le ofrece un punto de apoyo estable desde el cual escribir. Esa búsqueda del origen, dijo, la acompaña desde que empezó a publicar: “La búsqueda del pasado, la búsqueda del origen, mi pasado, el pasado, nuestro pasado”, enumeró como motor constante de su literatura.
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Canale vinculó el interés renovado por Báthory con un fenómeno cultural más amplio, que identificó también en producciones como la nueva serie Monstruo, sobre la asesina estadounidense Lizzie Borden, estrenada en Netflix. “Evidentemente algo está pasando. Yo estoy con Erzsébet Báthory hace más de dos años, no me monté a la ola”, aclaró, en referencia al tiempo que llevó investigando al personaje antes de que el tema ganara visibilidad mediática.
La obsesión de la Condesa por la juventud eterna, motivo central de las acusaciones en su contra según los registros históricos, encontró en Canale un punto de contacto directo con su propia biografía. Su paso por el modelaje en los años 80, previo a la carrera literaria, funcionó como referencia concreta a la hora de pensar la presión estética que atraviesa a Báthory.
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Por eso, la autora fue contundente: “Pareciera que corre la sangre por los colmillos de la desesperación a cualquier costo. Y no hablo solamente de las mujeres de cuarenta, cincuenta, sesenta años. Hablo de chicas de dieciocho, quince, veinte”, planteó, y sumó como referencia la película La sustancia, protagonizada por Demi Moore, para trazar un puente con la ficción contemporánea sobre el cuerpo femenino. “El mandato de la belleza”, resumió, es una exigencia que no distingue épocas ni geografías.
Esa reflexión no quedó en lo abstracto. La escritora reconoció que también atravesó de cerca, mediante vínculos personales, la persecución constante de la eterna juventud, y que esa experiencia se filtró en la manera en que construyó a la Condesa a lo largo de la novela. Esa desesperación por un ideal inalcanzable tuvo como protagonista a una figura central en la vida de la autora: su madre. “Le hubiera gustado tanto leer esta novela”, reflexionó.
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El vínculo que Canale construyó con Báthory a lo largo de la escritura quedó expuesto en la reflexión final que hizo del personaje. “Una furia desesperada. La hubiera abrazado para que se calme un poco. No la hubiera calmado, seguramente, porque he conocido a mujeres así, no dispuestas a matar, pero mujeres desesperadas por el inevitable paso del tiempo y por las marcas y por todo eso. Enojadas, desesperadas. He intentado calmarlas y era imposible”, dijo sobre la Condesa al cierre de la charla.
De cara a lo que viene, Canale confirmó que ya trabaja en su próximo proyecto, centrado nuevamente en una mujer histórica del mismo siglo, aunque evitó dar detalles sobre su identidad. La elección responde a una búsqueda que atraviesa toda su obra reciente: personajes femeninos fuertes que cumplen el papel de antihéroe. “Me interesan esas mujeres que se reconocen como victimarias desde la primera hora. A mí me interesa la locura, no me interesa la cordura”, sostuvo.
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(Fotos: Gentileza Editorial Planeta)
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