Alejandro Katz advierte sobre la ley del libro: "Si alguien baja el precio al consumidor es o porque está perdiendo plata o porque le está haciendo perder plata a otro"

El ensayista, editor y filósofo analizó en Infobae en Vivo cómo operan los descuentos en el sector, por qué pueden encarecer el catálogo y qué riesgo implica para librerías y editoriales

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La iniciativa del Gobierno para derogar la ley del libro reabrió una discusión que atraviesa a todo el sector editorial: para el ensayista y editor Alejandro Katz, la promesa de que la desregulación bajará precios no solo carece de respaldo empírico, sino que amenaza la bibliodiversidad, debilita a las librerías y reduce al libro a una mercancía sin atender su dimensión cultural.

En una entrevista en Infobae en Vivo, Katz sostuvo que la experiencia comparada va en sentido contrario al argumento atribuido al ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger. Según explicó, en Inglaterra, tras la supresión de una norma equivalente, los precios medios de los libros subieron por encima de la inflación y del resto de los mercados europeos.

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La discusión volvió a escena después de que la derogación hubiera aparecido en la Ley Bases y luego fuera retirada. Ahora, advirtió la entrevistadora Flavia Pittella, el Gobierno intenta otra vez sacar del sistema una norma vigente desde 2001 que fijó un principio central: un mismo libro debe venderse al mismo precio, sin importar si se ofrece en una librería, una cadena, un supermercado o una estación de servicio.

“Nadie en todo el ecosistema de los libros, ni las grandes editoriales, ni las pequeñas, ni las medianas, ni los libreros, ni las cadenas de librerías, nadie está de acuerdo con que se derogue”, afirmó Pittella.

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El descuento del 50% que dio origen a la ley

Katz ordenó su argumento en tres planos: el origen de la ley, los fundamentos técnicos del intento de derogarla y el problema conceptual de tratar al libro solo como un bien de mercado. Para explicar el primero, reconstruyó un episodio de fines del siglo pasado, cuando una gran cadena de supermercados publicó avisos a doble página con libros de alta venta al 50% de descuento.

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Librerías: parte del capital cultural de Buenos Aires-(Télam-S.E)

Ese movimiento, dijo, no era replicable para una librería. “Ese cincuenta por ciento de descuento es mucho más de lo que tiene como margen total el librero cuando vende un libro, que recibe un 30% o un 40% del precio”, señaló. El resultado, agregó, era que el supermercado podía vender los títulos más demandados por debajo del costo que afrontaba una librería.

La consecuencia iba más allá de una puja comercial puntual. Según Katz, el sistema del libro se sostiene en que los títulos de gran rotación financian la exhibición de catálogos extensos, con miles de obras distintas que van desde clásicos hasta autores nuevos. Si esa porción de ventas migra hacia jugadores que solo ofrecen lo más vendido, la librería pierde la base que le permite sostener el resto de la oferta.

Desde esa tensión local surgió el acuerdo interno que luego derivó en ley. Katz añadió que el antecedente no fue una rareza argentina, sino una respuesta ya ensayada en mercados maduros: primero en Alemania a fines del siglo XIX y, más tarde, en Francia, Inglaterra, España y la propia Alemania.

La desregulación puede subir precios, según Katz

El núcleo del argumento técnico del funcionario, según Katz, es que la competencia de precios beneficiaría al consumidor. Para el editor, esa idea ignora cómo funciona la rentabilidad del sector y pasa por alto la experiencia concreta de otros países.

“Si alguien baja el precio al consumidor es o porque está perdiendo plata o porque le está haciendo perder plata a otro”, afirmó. En su descripción, cuando una gran superficie exige descuentos extraordinarios al editor para lanzar promociones, ese costo no desaparece: se traslada al precio general del catálogo.

Alejandro Katz, contra la desregulación de los libros.
Alejandro Katz, contra la desregulación de los libros.

Si el editor anticipa que deberá conceder mayores descuentos sobre algunos títulos, sube el precio de todos para preservar su margen. “Como no sé sobre qué libros me vas a pedir un descuento extraordinario para hacer tu promoción, subo el precio de todos”, resumió.

Katz dijo que esa dinámica fue la que se verificó en el caso británico. Aseguró que entregó en la discusión un artículo académico basado en evidencia empírica sobre ese ejemplo y remarcó que, tras la desregulación, los precios medios en Inglaterra aumentaron por encima de la inflación.

Alejandro Katz, ensayista y editor, dijo en Infobae en Vivo que la derogación de la ley del libro pondría en riesgo el equilibrio económico que sostiene a librerías y editoriales.

Por todo el sistema editorial

Pittella amplió el foco y rechazó que la discusión quede reducida a la supervivencia de las librerías independientes. “No están en peligro las librerías independientes, está en peligro el sistema editorial”, sostuvo.

Su explicación se apoyó en una idea central del sector: la bibliodiversidad. La comparó con una heladería que vende mucho chocolate y muy poca menta granizada, pero necesita ambas opciones para responder a consumos distintos. En esa lógica, los best sellers sostienen la estructura que permite publicar, distribuir y exhibir libros de menor circulación.

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Para la conductora, ahí aparece el papel de las editoriales pequeñas y medianas, que publican autores a los que una gran casa no saldría a buscar en una primera etapa. Ese trabajo, dijo, funciona como un semillero del que luego también se nutren los jugadores de mayor escala.

Katz coincidió con ese diagnóstico a partir de su experiencia al frente del Fondo de Cultura Económica en Argentina hace más de 20 años. Recordó que, aunque sus librerías tenían una propuesta de catálogo y sentido, el público que iba a buscar libros raros o de fondo sostenía esa experiencia porque también compraba el best seller.

“Sin ese menos del veinte por ciento de la oferta, bastante menos del veinte por ciento de la oferta, sin ese porcentaje pequeño de las grandes ventas, el negocio del libro en su conjunto se deteriora”, afirmó. Para Katz, si ese tramo se sustrae y se desvía hacia actores que pueden usarlo como producto de atracción, el deterioro alcanza al resto de la cadena.

Dos ideas de valor

Katz llevó la discusión a un plano más amplio y definió allí el punto que considera central. A su juicio, el intento de derogación parte de una mirada según la cual la única forma de crear valor es la que surge del precio de mercado.

Las librerías también son un atractivo turístico en Buenos Aires.   (REUTERS/Marcos Brindicci)
Las librerías también son un atractivo turístico en Buenos Aires. (REUTERS/Marcos Brindicci)

“Sturzenegger cree que la única forma de crear valor es a través de los precios del mercado”, afirmó. Frente a eso, propuso otra lectura: el libro tiene una dimensión mercantil, pero también una dimensión “significante, simbólica, cultural”, y ambas requieren protección.

De ese razonamiento derivó una comparación con otros bienes culturales. Sostuvo que, si todo se midiera por rentabilidad inmediata, también podría plantearse el cierre de teatros públicos, museos o incluso escuelas, algo que consideró absurdo para una sociedad que reconoce valores que no se agotan en su precio.

En esa línea, insistió en que la norma no implica gasto estatal. “No hay costo fiscal de ningún tipo”, dijo, y agregó que la evidencia tampoco muestra un costo adicional para el usuario. La premisa de que el consumidor paga de más por la regulación, según su planteo, no se verifica en la práctica.

El contraste con Estados Unidos y el peso de la piratería

Ante la comparación con otros mercados, Katz señaló que la mayor parte de los países no tiene regulación, aunque subrayó que casi todos los principales mercados europeos sí la conservan. Sobre Estados Unidos, marcó que responde a una tradición distinta de intervención pública y a una escala económica incomparable.

Su argumento incluyó dos factores. El primero es el volumen del mercado: no es lo mismo un sistema en el que la rentabilidad depende de tiradas de mil a dos mil ejemplares que otro con “cuatrocientos millones de consumidores potenciales”. El segundo es el peso de las bibliotecas públicas y universitarias, que en Estados Unidos sostienen buena parte de la edición académica mediante compras públicas.

También cuestionó otra hipótesis del reformismo desregulador: la idea de que el editor puede fijar precios abusivos gracias a una suerte de control monopólico. Para refutarla, invocó un límite concreto del mercado actual: la piratería digital.

“El setenta por ciento de los libros que yo he publicado están pirateados en Internet”, aseguró. Su conclusión fue que el editor no puede abusar del consumidor porque, si el precio se vuelve excesivo, el lector tiene una vía inmediata de acceso informal.

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