
La Galería de Apolo del Museo del Louvre volvió a abrir sus puertas al público este miércoles, nueve meses después de que un robo a plena luz del día dejara vacías sus vitrinas y pusiera al descubierto las vulnerabilidades de seguridad del museo más visitado del mundo.
Las joyas de la Corona francesa, valuadas en 88 millones de euros (unos 102 millones de dólares), no regresarán a la sala, según confirmó Reuters.
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El nuevo director del museo, Christophe Leribault, decidió que las piezas que no fueron robadas se guarden en una cámara acorazada sin ventanas en otra sección del edificio.
“Es también una oportunidad para redescubrir la espléndida arquitectura y decoración de esta galería”, afirmó Leribault, según informó la agencia Associated Press (AP).
La reapertura marca, además, un cambio de función: el recinto retoma su propósito ceremonial original del siglo XVII, sin vitrinas ni colecciones a la vista.
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La ministra de Cultura francesa, Catherine Pegard, estuvo presente en el acto de reapertura y calificó el robo de “trauma para el mundo entero”. “Fue un trauma para nosotros, al descubrir la fragilidad de un lugar que creíamos inexpugnable y que, como tantos otros, resultó vulnerable”, declaró ante la prensa, según AP.
El robo: siete minutos que sacudieron a Francia
El 19 de octubre de 2025, a las 9:30 de la mañana, un camión con una escalera extensible llegó al costado del Louvre que da al río Sena. Dos de los cuatro ladrones, disfrazados de obreros de la construcción, subieron hasta un balcón del segundo piso y cortaron una ventana con una amoladora angular para ingresar a la Galería de Apolo, a pocas salas de donde se exhibe la Mona Lisa.
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A las 9:37 sonó la alarma del museo. Un minuto después, los ladrones ya huían en motocicletas con destino a la autopista A6, en dirección a Lyon, de acuerdo con la cronología reconstruida por ABC News.
En su carrera, uno de los ladrones dejó caer la corona de la emperatriz Eugenia, adornada con más de mil diamantes. La pieza fue recuperada dañada cerca del museo y se encuentra en restauración. Los otros siete objetos robados —pertenecientes al emperador Napoleón y a su esposa— siguen sin aparecer.
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La policía encontró en la escena dos amoladoras angulares, un soplete, gasolina, guantes, un walkie-talkie y un chaleco amarillo de obrero abandonado en la esquina del Pont de Sully y la Avenue Henri IV.
Leribault adelantó a Le Parisien que la corona, una vez restaurada, se exhibirá en un espacio nuevo y más seguro dentro del museo. “Esta corona será más famosa que antes”, dijo, y trazó un paralelismo con la Mona Lisa tras su robo en 1911.
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La investigación y los detenidos
La operación policial avanzó con rapidez. El 22 de octubre, investigadores recuperaron rastros de ADN de un casco y un guante que los ladrones dejaron atrás, según informaron las autoridades francesas a ABC News. Un día después, circuló un video grabado desde el interior del museo que mostraba a dos sospechosos escapando de la galería en una plataforma elevadora móvil. El 24 de octubre, se habían recolectado ya 150 muestras de evidencia forense, incluidas huellas dactilares.
Los cuatro sospechosos de participación directa en el robo fueron arrestados en las semanas posteriores al asalto, todos ellos hombres de la región de París con antecedentes penales. El primero fue detenido el 25 de octubre en el aeropuerto Charles de Gaulle cuando intentaba abordar un vuelo a Argelia; el segundo, cuando estaba a punto de viajar a Mali.
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Varios de los detenidos admitieron su participación, pero afirmaron haber actuado bajo las órdenes de un supuesto cabecilla cuya identidad se niegan a revelar por temor a represalias. Los investigadores, según detalló RTÉ, aún no han podido confirmar si ese organizador existe: una de las hipótesis es que el grupo actuó por cuenta propia.
Los objetos robados siguen sin aparecer, pese a búsquedas en la región de París e intercambios de información con policías de Bélgica, Italia y otros países.
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Una galería que vale por sí misma
Las vulnerabilidades de seguridad de la Galería de Apolo —en particular su balcón y su ubicación junto a la calle— habían sido señaladas en una auditoría interna de 2019, pero nunca se tomaron medidas al respecto.
El robo desencadenó una crisis institucional: la entonces directora Laurence des Cars, primera mujer en ocupar ese cargo, renunció en febrero de 2026 tras las críticas por el asalto y las protestas del personal. Leribault, historiador del arte que dirigía el Palacio de Versalles, la reemplazó ese mismo mes. Desde entonces, el museo instaló rejas de hierro en las ventanas exteriores de la galería y reforzó el sistema de videovigilancia con nuevas cámaras y dispositivos antintrusión.
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La sala, creada bajo el reinado de Luis XIV en el siglo XVII, fue diseñada por el arquitecto Louis Le Vau y decorada por el pintor Charles Le Brun con el tema del sol en homenaje al monarca. Los estucos ornamentales fueron obra de François Girardon.
Dos siglos después, durante una renovación, Eugène Delacroix añadió la pieza central del techo: Apolo mata a Pitón. La galería también sirvió de modelo para la Galería de los Espejos de Versalles.
El escritor Henry James, con apenas 13 años, dejó una de las descripciones más recordadas del espacio: la llamó “maravillosa” y la retrató como “un prodigioso tubo o túnel a través del cual inhalé poco a poco, es decir, una y otra vez, una sensación general de gloria”.
Algunos visitantes que acudieron este miércoles al primer día de reapertura compartieron una impresión similar. “Creo que la prefiero vacía, sin las joyas”, dijo Alison Leslie, una exoficial de policía escocesa de 52 años, según recogió RTÉ.
La reapertura se enmarca en el plan “Louvre New Renaissance”, lanzado el año pasado con un presupuesto estimado de hasta 800 millones de euros (unos 933 millones de dólares) para modernizar la infraestructura, reducir el hacinamiento y construir una sala dedicada exclusivamente a la Mona Lisa para 2031.
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