“No quiero que mis hijos sean refugiados para toda su vida”: el dolor de Ucrania en la Feria del Libro

El conflicto bélico con Rusia y la urgencia de narrar el presente para resistir el olvido atravesaron los testimonios de Eugenia Kuznetsova, Artem Chapepe y Héctor Abad Faciolince, con moderación de Eduardo Slusarczuk, ayer en La Rural

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Mesa “Voces desde Ucrania” en la Feria del Libro
Mesa “Voces desde Ucrania” en la Feria del Libro: participaron Eugenia Kuznetsova, Artem Chapepe y Héctor Abad Faciolince, con moderación de Eduardo Slusarczuk, ayer en La Rural (Foto: Sebastián Motta)

Las consecuencias de la invasión rusa en Ucrania han transformado radicalmente el sentido de la escritura para los autores ucranianos y quienes, desde otras latitudes, se acercan a ese conflicto. La imposibilidad de separar la vida cotidiana del trauma colectivo y la urgencia de narrar el presente para resistir el olvido atravesaron los testimonios de Eugenia Kuznetsova, Artem Chapepe y el colombiano Héctor Abad Faciolince, reunidos en la mesa “Voces desde Ucrania” que se realizó ayer en la Feria del Libro de Buenos Aires, con moderación de Eduardo Slusarczuk.

Durante el debate, Héctor Abad Faciolince subrayó el contraste entre la experiencia de la guerra narrada desde adentro y la mirada del observador extranjero, relatando su participación en la Feria del Libro de Kiev el 25 de junio de 2023, más de un año después del inicio de la invasión a gran escala. Allí, Abad fue testigo de una ciudad en alerta constante y de la capacidad de resistencia de una sociedad marcada por el miedo a los bombardeos: “Ir a la Feria del Libro del Arsenal en Kiev, una feria mucho más pequeña... donde de vez en cuando hay alarmas aéreas. En un sitio, a los rusos les encanta tirar bombas, misiles, donde hay aglomeraciones de personas.”

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La discusión reveló un consenso entre los escritores sobre la urgencia de contar la guerra en tiempo real, a pesar de cuestionamientos dentro y fuera de su país. Eugenia Kuznetsova describió el debate interno en Ucrania sobre el derecho o la conveniencia de narrar ahora, en plena contienda: “Algunos dicen que no es el tiempo para contar las historias de momento, que tenemos que esperar, no sé, diez, veinte años, o tenemos que esperar a que finalice la guerra... Pero yo no estoy de acuerdo... Si tú tienes la historia aquí dentro, tienes que contar esta historia, porque no nos quedan muchas herramientas.” Para Kuznetsova, la narrativa es la última defensa frente al vacío que deja la destrucción.

Artem Chapepe, voluntario y padre, explicó que la escritura surge como respuesta directa a la decisión existencial de luchar o huir. Relató cómo, al empezar la invasión, optó por no convertirse en refugiado junto a sus hijos y se sumó al ejército voluntario, gesto que, según él, compartieron cientos de miles y que permitió resistir la ocupación: “Para mí era la cuestión simple, si yo voy a huir... o si no quiero que mis hijos sean refugiados para toda su vida. Me parece que porque cientos de miles de personas pensaron algo parecido, es la única razón por qué Rusia no consiguió ocupar toda Ucrania.” Chapepe señaló que la escritura es también una forma de dar voz a los combatientes anónimos y evitar que la épica de la resistencia se limite a testigos ilustres o externos.

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Mesa “Voces desde Ucrania” en la Feria del Libro
La imposibilidad de separar la vida cotidiana del trauma colectivo y la urgencia de narrar el presente para resistir el olvido atravesaron la mesa “Voces desde Ucrania”

Abad remarcó la función ética de la literatura ante el desinterés internacional: “Una de las funciones de la literatura es educar en la imaginación. Y yo creo que a mis colegas literatos les faltó ponerse en el pellejo de las víctimas. Nuestro deber es estar siempre del lado de las víctimas. Y aquí yo sí juzgo: Ucrania es claramente la víctima y no la agresora”. Abad denunció la tibieza de la reacción latinoamericana y la tendencia a relativizar el conflicto atribuyendo culpas compartidas, algo que consideró una forma de evasión y falta de empatía.

La culpa y el trauma: qué historias surgen desde la guerra total

La vida cotidiana en Ucrania bajo la invasión queda marcada por dilemas morales y una “culpa cotidiana” que atraviesa cada decisión, desde la utilidad personal hasta el consumo más banal. Según Kuznetsova, esa tensión es omnipresente: “Si me compro alguna prenda, siempre pienso: bueno, ¿qué porcentaje de este dinero podría donar al ejército? Este es el pensamiento que tenemos cada día”. Para ella, la novela es una forma de atrapar los detalles menores de la guerra que rápidamente se esfuman de la memoria, pero también de reflejar el agobio psicológico permanente.

Chapepe profundizó en la idea al describir, desde la perspectiva de quien combate, un sistema de lealtades y culpas múltiples: sentirse obligado a estar donde el peligro es máximo y, aun así, experimentar vergüenza si otros sufren más. Compartió su propio trauma por sobrevivir donde otros no lo lograron: “Yo he perdido a mi mejor amigo. Y siento culpa de haber sobrevivido, de no haberle dicho que le amaba un día antes”. La literatura, en este marco, se vuelve un espacio para reconocer la pluralidad de opciones trágicas y suspender el juicio moral sobre las decisiones vitales: “Para no juzgar a los otros, hay que modelar lo que podrías haber sido en diferentes condiciones.”

El fenómeno se replica fuera de Ucrania. Abad relató que la culpa del sobreviviente fue un motor para escribir su último libro, y la necesidad urgente de testimoniar antes de que el horror sea borrado por el tiempo: “Si espero mucho, pues me muero antes y no puedo dar testimonio. Tenía que escribirlo rápido. Además, yo me olvido pronto de las cosas, porque tengo ese mecanismo de defensa mental de olvidarme del horror.”

Mesa “Voces desde Ucrania” en la Feria del Libro
Eugenia Kuznetsova, Artem Chapepe, Héctor Abad Faciolince y Eduardo Slusarczuk (Foto: Sebastián Motta)

Esa temática del trauma colectivo y la culpa, tanto en los civiles como en quienes empuñan las armas, conecta las obras de los tres autores y define la mirada de la literatura surgida en el contexto de guerra. La tragedia de los niños secuestrados por fuerzas rusas, referida por Abad con la cifra de más de 20 mil niños ucranianos afectados, opera como símbolo de un segundo Holodomor, y alimenta la convicción de que relatar estos hechos trasciende la denuncia política.

Diferencias de recepción internacional y el futuro de la literatura ucraniana

La mesa permitió explorar cómo es recibida la literatura ucraniana fuera de sus fronteras. Kuznetsova explicó que el interés crece en países cercanos a Rusia, donde el miedo a la expansión del conflicto es tangible: “En los países muy cercanos a Rusia, que tienen la mala suerte de ser vecinos nos entienden muy bien porque tienen miedo. En América Latina, es muy importante contar historias que la gente pueda relacionar”. Chapepe añadió que la educación y la historia política determinan el grado de comprensión: “En los países que también eran parte de la Unión Soviética nos entienden mejor. En otros, a veces puedes escuchar absurdos como que Rusia es un país anticolonial.”

El debate abordó también el peso de los prejuicios ideológicos en América Latina, donde persiste el estereotipo de una Rusia heredera de la izquierda soviética. Kuznetsova advirtió: “Aquí hay una ilusión muy peligrosa, que Rusia es izquierda, que es más para socialismo... Y eso no es verdad. Ahora Rusia es la tiranía de la extrema derecha”. Abad complementó: “Putin es el ídolo de los dictadores de extrema derecha. Trump es el gran defensor de Putin.”

La resistencia ucraniana, para los tres, supera la mera defensa nacional y se inscribe en una lucha por el orden internacional basado en el respeto a las fronteras y el rechazo al derecho del más fuerte. La guerra, advierte la propia Kuznetsova, transformó el oficio de escritor irreversible y colectivamente: “Ya hemos sido traumatizados y transformados y cambiados para toda la vida.”

La pregunta sobre si es posible una literatura al margen de la guerra obtuvo respuestas categóricas. Chapepe argumentó que, aunque se puedan escribir obras no centradas en la guerra, la experiencia bélica permea todo el tejido narrativo y vital de Ucrania: “Siempre está presente... no se puede olvidar completamente de lo que está pasando.” Kuznetsova coincidió: “Como escribo sobre la vida cotidiana en Ucrania, la guerra siempre está ahí.”

La conclusión del encuentro giró en torno al sentido de la escritura: si es militancia, terapia o simple testimonio implacable ante el horror. Chapepe resumió la función terapéutica de la literatura en tiempos de guerra, evocando a Viktor Frankl y Primo Levi, y subrayó la responsabilidad de transmitir experiencia para exorcizar y compartir el trauma: “La escritura es muy terapéutica para el autor y también para el que lee.”

Kuznetsova dio cierre a la mesa con una escena reveladora: “Después de mis presentaciones en Ucrania, una vez un chico joven se acercó y me dijo: ‘Gracias por la novela, por La escalera. Ahora, por lo menos entiendo que tengo derecho a existir’.” Un recordatorio de que, al narrar la guerra hoy, los escritores cumplen una función de resistencia íntima y colectiva, allí donde la realidad y la literatura se confunden hasta ser inseparables.

Multitud de personas en un pasillo de una convención interior. Grandes banners de "Planeta", "El Ateneo Editorial" y "Santillana" cuelgan sobre los stands
La entrada a la Feria del Libro de Buenos Aires cuesta 8.000 pesos de lunes a jueves y 12.000 los viernes, sábados y domingos

La entrada, los horarios, los días

Entrada: La entrada a la Feria del Libro de Buenos Aires costará 8.000 pesos de lunes a jueves y 12.000 los viernes, sábados y domingos.

Con esa entrada, el visitante recibirá un “chequelibro” con el que podrá conseguir descuentos en librerías cuando termine la Feria.

Gratis: de lunes a jueves desde las 20 h,

Fecha: La Feria sigue hasta el 11 de mayo.

Horarios: de lunes a viernes de 14 a 22 h. Sábados, domingos y feriados de 13 a 22 h.

Dónde: En La Rural, Av. Sarmiento 2704, Av. Cerviño 4476 y Av. Santa Fe (Plaza Italia).

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