
En tiempos de algoritmos, deepfakes y una marea inabarcable de información, solemos creer que el problema de distinguir la verdad de la mentira es un drama moderno. Sin embargo, hace más de 800 años, desde los patios de El Cairo, un hombre ya nos advertía sobre el peligro de aceptar ciegamente lo que vemos “publicado”: “No consideres una prueba solo porque esté escrita en libros, pues el mentiroso que engaña con su lengua no dudará en hacerlo también con su pluma”.
Ese hombre era Moshe ben Maimon, conocido en el mundo hispanohablante como Maimónides, y su advertencia resuena hoy con una fuerza asombrosa. Fue la mente más brillante de su tiempo. Nacido en Córdoba, en una España donde las culturas judía, cristiana e islámica aún intercambiaban saberes, tuvo que huir debido a la intolerancia religiosa. Se asentó en Egipto, donde se convirtió en el médico personal del sultán Saladino y en el líder espiritual de la comunidad judía de ese lugar.
PUBLICIDAD
Su obra es un puente. En libros monumentales como Guía de los perplejos, intentó lo imposible: reconciliar la fe con la filosofía de Aristóteles. Para él, Dios no pedía que el hombre apagara su cerebro para creer; al contrario, la razón era la herramienta divina para entender la creación. Pero la frase que nos ocupa no proviene de un tratado médico, sino de una respuesta urgente conocida como Epístola sobre la Astrología (o Carta a los Sabios de Montpellier). Data del año 1194.

Fueron los rabinos del sur de Francia quienes le escribieron con una duda: ¿Qué dicen los astros sobre nuestro destino? ¿Es la astrología una ciencia real? La respuesta de Maimónides fue un “no” rotundo y valiente. Mientras gran parte del mundo medieval —incluso reyes y papas— tomaba decisiones basadas en horóscopos, él denunció que la astrología no era más que una “tontería” sin base científica. Fue en este contexto donde soltó su famosa sentencia. Su argumento era demoledor.
PUBLICIDAD
¿Por qué es tan importante este fragmento hoy? ¿Por qué trascendió su tiempo? Porque resume el corazón del pensamiento maimonidiano: el escepticismo racional. En la Epístola sobre la Astrología, Maimónides divide el conocimiento en tres categorías: lo que puede ser demostrado por la razón (matemáticas, lógica), lo que puede ser percibido por los sentidos (observación científica) y lo que debe ser aceptado por tradición (revelación religiosa). La astrología no encajaba en ninguna.
Al decir que “el mentiroso también usa la pluma”, el filósofo estaba desmantelando el argumento de autoridad. En su época, si un libro era antiguo o famoso, se consideraba sagrado. Él rompe esa lógica: un error escrito sigue siendo un error. Es una invitación a ser lectores activos, a no ser “perplejos” —como el título de su obra más famosa— que se dejan llevar por cualquier viento de doctrina. En ese sentido, la Epístola sobre la Astrología es un manifiesto a favor de la libertad intelectual.
PUBLICIDAD

Maimónides no solo fue un gigante de la ley judía (como demostró en su código Mishné Torá); fue un pedagogo que quiso enseñar a la humanidad a pensar por sí misma. Hoy, cuando la “pluma” ha sido reemplazada por el teclado y el “libro” por las redes sociales, su consejo es una brújula necesaria. La próxima vez que un titular estridente o un video viral intente capturar nuestra creencia sin pruebas, valdría la pena recordar al sabio de Córdoba: la verdad no se encuentra en el soporte, sino en la evidencia que lo sostiene.
¿Quién es Maimónides?
Maimónides, cuyo nombre real era Moshe ben Maimon (y en árabe, Abu Imran Musa ibn Maimun), nació en Córdoba en 1135, en pleno esplendor de Al-Ándalus. Tras la invasión de los almohades, su familia debió exiliarse, recorriendo el norte de África hasta establecerse definitivamente en Fustat, el antiguo El Cairo, en Egipto. Allí, tras la trágica muerte de su hermano en un naufragio que hundió la fortuna familiar, Maimónides se dedicó a la medicina para no lucrar con sus conocimientos religiosos.
PUBLICIDAD
Alcanzó tal prestigio que llegó a ser el médico personal del sultán Saladino. Su vida fue un ejercicio de equilibrio constante entre sus responsabilidades como líder de la comunidad judía, su labor clínica y su incesante producción intelectual. Falleció en El Cairo en 1204 y, según la tradición, sus restos fueron trasladados a Tiberíades, en la actual Israel, donde su tumba sigue siendo un lugar de peregrinación. Dejó varios textos, pero su Guía de los perplejos representa la cumbre de la filosofía medieval.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
La FED 2026 arrancó con premios a una librería cordobesa, una ilustradora y una editorial de libros de música
Volcán Azul fue reconocida por “labor librera”, Ornella Pagliaruolo se llevó el galardón “Afiche” y Gourmet Musical Ediciones obtuvo la distinción “Camino a Guadalajara”

Incertidumbre por el Coro Nacional de Niños: las familias reclaman respuestas tras meses sin ensayos ni conciertos
La histórica institución atraviesa una etapa de duda luego de la suspensión de sus actividades y los cambios impulsados por el Gobierno

Del miedo en los foros al cine: cómo Internet creó una nueva era del terror con los Backrooms
El fenómeno combina cultura digital, nostalgia audiovisual y nuevas formas de narrar el miedo que captaron especialmente la atención de las generaciones más jóvenes

Después de todo el ruido mediático, Rosalía vino, cantó y venció
La estrella pop española completó en Buenos Aires cuatro shows de uno de los espectáculos musicales más impactantes del mundo hoy, capaz de entretener y emocionar por igual

Guía completa de charlas en la Feria de Editores, de Borges y Benjamin a las derechas reaccionarias
Hasta el domingo 9 en C Art Media, la FED 2026 presenta una agenda de conversaciones entre escritores, traductores, filósofos y editores sobre los temas centrales de este tiempo



