
La Colección de Arte Bruto, el mayor museo del mundo dedicado a autores marginales, celebra sus 50 años con una exposición que muestra, una vez más, creadores que pintaron o dibujaron durante años sin pensar que alguien vería sus obras, muchos de ellos en psiquiátricos, prisiones o asilos.
El museo, inaugurado el 26 de febrero de 1976 e impulsado por el artista francés Jean Dubuffet (1901-1985), inventor del concepto de art brut, es uno de los pocos del planeta íntegramente dedicados a este tipo de expresión creadora, imposible de confinar en escuelas o estilos propios del arte más formal.
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En palabras de su directora desde 2013, Sarah Lombardi, este arte “agrupa producciones hechas por personas autodidactas, que no han aprendido a pintar o esculpir en escuelas de arte y que crean para sí mismas, sin intención de exponer en museos o de obtener reconocimiento artístico”.
Al principio, se asimiló este tipo de creaciones a una suerte de “arte de los locos”, ya que el propio Dubuffet comenzó su colección recopilando obras de internos de psiquiátricos suizos que visitó en los años 40 del siglo pasado.
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Sin embargo, explica Lombardi, las adquisiciones posteriores a la apertura del museo ya no proceden tanto de psiquiátricos -un tipo de centros que ha ido desapareciendo- como de “personas que viven en la marginalidad”, o aquellas que crean para su propio placer, a veces tras jubilarse, en su casa o en residencias para mayores.
Una colección que París rechazó
Dubuffet almacenó durante años su colección en París, pero cuando la capital francesa rechazó reconocerla de interés público, el artista pensó en donarla a Suiza, país en el que había comenzado su búsqueda de este tipo de arte, y donó más de 5.000 obras a Lausana para la creación del actual museo, ahora con más de 70.000 piezas.
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La colección permanente muestra unas 800 obras, que van rotando, y cada año el museo celebra tres exposiciones temporales, explica la directora, quien subraya que el concepto de “arte bruto” ha ido evolucionando en el último medio siglo, gracias a su paulatino reconocimiento.
“Antes era un concepto un poco cerrado y separado del arte contemporáneo, aunque desde 2013, con su presencia en eventos como la Bienal de Venecia, ha empezado a ser reconocido por instituciones, artistas y público”, subraya.
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Algunos autores con importante presencia en el museo, como Adolf Wölfli (1864-1930) están en los libros de Historia del Arte contemporáneo, después de haber pasado décadas de su vida internos en instituciones psiquiátricas, dedicando todo su tiempo a crear sin pensar que sus obras un día pudieran estar en galerías o venderse.
Corbaz, caso paradigmático
El caso de Aloïse Corbaz (1886-1960), destacado por la directora, también es famoso: antigua trabajadora en la corte del último káiser alemán Guillermo II, durante la Primera Guerra Mundial fue repatriada a Suiza y comenzó a sufrir brotes esquizofrénicos que obligaron a internarla desde 1918 hasta su muerte en 1964.
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Sus expresivas obras en vivos colores, que no dejan un espacio en blanco y combinan dibujos con largos escritos en distintas direcciones, representan ensoñaciones y obsesiones en torno a la corte imperial germana, en la que Corbaz imaginó un mundo donde el emperador estaba enamorado de ella.
“Empezó a crear en 1919, primero mediante la escritura, en pequeñas páginas de cuadernos, y a partir de los años 30 empezó obras más visuales, con formatos cada vez mayores, a veces de hasta 14 metros de longitud, en hojas de papel cosidas unas con otras”, explica Lombardi.
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Hoy en día el museo busca para agrandar su colección perfiles como el de Diego de Mauri (1963), uno de los autores destacados en la retrospectiva por los 50 años del museo, quien pinta en sus cuadros infinitas series de chalets suizos, con un detallismo casi hipnótico.
Su vecino vio estas obras decorando el pasillo de la vivienda común, pensó que podía interesar al museo, y ahora forman parte de la colección, una de las más fascinantes e inclasificables del arte contemporáneo mundial.
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En palabras de la directora, los visitantes de la Colección de Arte Bruto “descubrirán artistas que aún no conocen, con nuevas producciones artísticas extremadamente originales, muy potentes e inventivas, que contienen una gran fuerza, energía y emoción”.
“El arte bruto enseña que la creación puede ser libre, espontánea, sin restricciones académicas, comerciales o sociales. Ayuda a valorar la autenticidad, la singularidad, la fuerza de expresión, y a reconocer que el arte no necesita validación externa para existir”, añade Lombardi.
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Fuente: EFE.
Fotos: EFE/ Antonio Broto.
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