
Leandro Martin llegó temprano al local. Abrió cajas pendientes, acomodó algunos anaqueles, barrió un poco. Como todas las mañanas, a las nueve y media abrió al público. Martin Libros se llama la librería, queda sobre la transitada Avenida La Plata de la localidad de Santos Lugares. “La venta está como el país: complicada”, sostiene. Acodado al mostrador, con el teléfono pegado a la oreja, habla con Infobae Cultura. “Hay muchas aristas. Una es el costo de los libros. Son épocas de bolsillos flacos”.
“Hay una gran distancia entre el gasto que ocasiona un libro con el ingreso monetario de cada uno. Por ahí es demasiado destinarlo a comprar un libro para lo poco que entra. Y sumale que a eso hay muchos gastos. Nosotros somos propietarios y no tenemos empleados. Esos gastos no los tenemos. Hagamos diez pesos o diez millones, siempre es para nosotros. Nuestra economía está saneada, pero fue después de treinta y cinco años de estar luchando con eso. Aún así la situación es muy difícil”, agrega.
Juan Manuel Pampín, presidente de la Cámara Argentina del Libro, divide las estimaciones por rama. “En el caso de las editoriales, la caída de ventas está superando el 30%, mientras que en librerías está muy cerca del 20%. Ahí hubo un crecimiento también por la sustitución de importaciones, por la entrada de material diferente, más nuevo y a un precio más acomodado. Eso hizo que seguramente a las distribuidoras les haya ido un poquito mejor, le sirvió a las librerías, pero no a las editoriales”.

“El fin de año fue bastante bravo”, recuerda Maximiliano Gesualdi, librero de Macondo en la ciudad de Chivilcoy. “En el rubro, noviembre y septiembre son meses flojos. El año pasado, eso siguió hasta diciembre”, y comenta cómo afectó la cadena de pagos: “Yo me atrasé pero pude ponerme al día con las ventas de Navidad. Por lo que me dijeron algunas distribuidoras, había un atraso de más del 80% de los clientes, una cifra altísima. Yo tengo una estructura bastante chica. Y depende de los costos fijos”.
“Se nota una merma en la venta. Y los márgenes nuestros... Está el que vende por canales como Mercado Libre o el que trabaja con tarjetas. Eso achica el margen. Cuando pasás en limpio es dificilísimo cubrir los costos”, dice. “No veo que pueda llegar a mejorar para este año”, dice pero no pierde las esperanzas. En Semana Santa, se muda a Pintos 238, frente a la Plata Belgrano. Se aleja del centro de la ciudad pero gana en mayor espacio. “Quizás el contexto no ayude, pero bueno... le vamos a poner garra”.
Si la gente tiene dificultades para comprar comida, para pagar el alquiler o para poder pagar los servicios, la luz, el gas, difícilmente pueda comprar un libro", sostiene Pampín, que además es editor de Corregidor. “Lo que dicen muchos es que la gente básicamente no está entrando en las librerías, pero tampoco entra en casas de regalo o en jugueterías. La gente no va al cine. Pensemos en lo que fue el aumento del transporte solo en estos últimos meses. La gente tiene otras prioridades”, agrega.

Pronto se publicará el informe de producción de la Cámara Argentina del Libro. “Lo que estamos viendo es que hay una fuerte retracción”, dice Pampín. “Quizás hay una mayor cantidad de novedades, algo típico en estas épocas. Es como una escopeta con un solo perdigón. Pero sí se está viendo una tirada bastante más baja: hoy, la tirada de moda, la que se repite, es de 600 ejemplares”, cuenta. Argentina tiene alrededor de 1200 librerías: se complica el sueño de federal de llegar a todos lados con tiradas así.
Comparado al mes pasado, cuenta Martin, tuvo mejores ventas. Pero él ve un “problema cada vez más hondo por el tema monetario”: “Y ahí se pierden códigos. Empezás a ver que la editorial que fabrica los libros va y puentea toda la cadena comercial y se va al colegio para vender directamente dejando al librero sin ese cinco o tres por ciento en el pase de manos de la venta. A la misma vez cierran la cadena de venta metiéndole presión a los padres o a los maestros para que no se vayan a las fotocopias”.
“La gente compra más pero de menor calidad y menor precio”, dice Leandro Martin. ”Aquella señora que venía a buscarse su novela como premio del mes, hoy busca la oferta, el saldo, para leer algo, pero que no tiene la misma calidad. El promedio de las novelas nuevas es de 40 o 50 mil pesos; las de bolsillo que salen al tiempo están en 25 mil. La gente entra al local para darse un mimo, pero generalmente terminan llevándose algo que no era lo que vinieron a buscar. Usan mucho las promos bancarias”.
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