Paul Thomas Anderson, director de Una batalla tras otra y su responsable de locaciones visitaban exteriores en el desierto cuando se toparon con una singular carretera que, con dramáticas subidas y bajadas, avanzaba como una serpiente de asfalto.
El llamado “Río de colinas”, en el sur de California, capturó a Anderson, quien decidió que sería el escenario perfecto para la secuencia final de su película, en la que sus personajes juegan al gato y al ratón, contó Michael Glaser, su responsable de locaciones.
“Una batalla tras otra”, que compite por 13 Premios de la Academia, incluyendo el de mejor película, sigue a Bob Ferguson (Leonardo DiCaprio), un exrevolucionario que, desconectado del mundo, intenta criar a su hija adolescente (Chase Infiniti) cuando el pasado regresa en la piel del enajenado coronel Lockjaw (Sean Penn) a exigir cuentas.
La secuencia final encuentra a Bob en una búsqueda desesperada por su hija Willa, quien a la vez huye frenéticamente de Lockjaw y sus socios.

Glaser, quien visitó el trecho de la carretera 78 de Imperial County donde parte de esta persecución se desarrolla, atribuyó el magnetismo a la dramática disposición de la carretera.
“No puedes ver lo que está en el otro lado, las cosas aparecen y luego desaparecen, y luego aparecen de nuevo”, dijo. “Son los personajes atrayéndose unos a otros a través de algo”.
Para recrear la secuencia, el equipo filmó en otro trecho, en Borrego Springs, llamado “La depresión de Texas”. En otros puntos de la región también se rodaron escenas marcantes, como el enfrentamiento final de Willa y el volcamiento del coronel Lockjaw.
“Es el tipo de cosas que filmas en varios días”, dijo Andy Jurgensen, el editor de la cinta, también nominado al Óscar.

“Paul tenía una lista de tomas. Realmente tenía un guión gráfico, básicamente teníamos ideas de cuáles iban a ser todas las piezas”, agregó. “Y luego fue simplemente como, bueno, vamos a armarlo”.
Las locaciones puede ser decisivas para una escena, y en algunos casos han ganado vida propia fuera de la pantalla, como las escaleras en Filadelfia de “Rocky”, que se volvieron un lugar de peregrinaje para miles de fans.
“A menudo pienso en las locaciones como un personaje subconsciente de la película”, dijo Glaser, de 44 años.
“Crean el estado de ánimo, una paleta, un sentimiento de los personajes, de los lugares en los que viven”.

Los responsables de locaciones son los primeros en sumarse a un proyecto y los últimos en irse, sin contar posproducción, comentó.
Para “Una batalla tras otra”, Glaser mapeó California de norte a sur, presentando cerca de 200 locaciones.
“Comenzamos en Eureka, donde todo es verde, frondoso y exuberante, y bajamos al centro de California, donde es un poco más como viñedos y robles, y no tan vede”, dijo.
“Y luego te encuentras en la desolación árida del desierto, mientras los personajes concluyen su historia final”.
Antes de recibir el guion, Glaser comenzó a “buscar cosas de forma orgánica”, y abordó el trabajo como si se tratase de seguir las ramas de un árbol.

Algunas ramas morían, y otras, como el desierto, se extendían, lo que le fue dando cuerpo al tercer acto de la cinta.
Su desolación lo volvió una opción evidente para la trama: “No hay nadie aquí que te cuide, que te ayude, ni que te detenga. Estás a tu propia suerte”, opinó Glaser.
Un pedacito de nosotros
Mirando en retrospectiva, Glaser dijo que “Una batalla tras otra”, que cuenta con una explosiva secuencia de apertura filmada en la frontera con México, enfrentó algunos desafíos logísticos.
¿El más difícil? El espacio que sirve de sede para el supremacista Club de los Aventureros de Navidad.

“No pudimos encontrar nada que encajara, o no pudimos acceder a los lugares donde existen ese tipo de grupos”, dijo Glaser, por lo que el escenario tuvo que ser construido.
“Una batalla tras otra” llega a la 98ª gala de los Óscar como una de las favoritas a coronarse como la mejor película del año, tras una exitosa temporada de premios.
Podría además darle el primer Óscar a Paul Thomas Anderson, quien, con esta edición, suma 14 nominaciones en su carrera, con trabajos de guion, dirección y producción.
Para Glaser, cuyo trabajo no se encaja en ninguna de las categorías de la mayor fiesta de Hollywood, este reconocimiento es compartido.
“El ADN de todos está en la película”, comentó. “No la dirigimos, no estamos en frente de la cámara. Pero, sabes, hay un pedacito de nosotros en ella”.
Fuente: AFP. Fotos: SANDY HUFFAKER / AFP
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