
Un andamio cubre el grandioso fresco del Juicio Final en la Capilla Sixtina: en su interior, los restauradores se ponen cada día ante las figuras creadas por la mano genial de Miguel Ángel para limpiar una capa blancuzca que las ha ido opacado desde su última restauración, hace más de treinta años.
“Nos hemos visto obligados a colocar un andamio porque, aunque el fresco está en muy buen estado, necesitábamos retirar esta capa de sal. Es una operación facilísima”, explicó este sábado la directora de los Museos Vaticanos, Barbara Jatta, junto al altar de la capilla.
El público sigue entrando a esta preciosa estancia donde se celebran los cónclaves que eligen a los papas, pero una de sus grandes pinturas, el Juicio Final de su ábside, permanece ahora tapada por un andamio en el que se ha colocado una lona con una representación del mismo para no ocultarlo del todo.
Dentro de esta estructura, a lo largo de cinco semanas, hasta la Pascua, unos treinta restauradores se colocan ante la pintura para limpiarla, tres décadas después de una controvertida restauración en 1994, que rescató sus vivos colores pero que dividió a los historiadores.

Bajo una capa de sal
Con los años, sus figuras, el poderoso Jesucristo que juzga desde su epicentro a vivos y muertos, sus ángeles o las almas de salvados y condenados, habían perdido tonalidad bajo una capa blanquecina y, por eso, ha sido preciso limpiarlas.
Lo primero ha sido anclar el andamio, nada fácil ya que la capilla es un tesoro de la historia del arte, para después documentar fotográficamente el estado de la obra.
Luego ha llegado el momento de limpiar esa capa que, en realidad, es lactato de calcio, un tipo de sal que ha ido creándose en este espacio poco ventilado por la respiración de sus millones de visitantes.
“Esta capa no ha dañado la pintura, y la sal formada estaba en la superficie y se retira fácilmente. Pero había eclipsado los saltos cromáticos del Juicio Final”, afirma el responsable de Investigaciones Científicas de los Museos Vaticanos, Fabio Morresi.

Para limpiar el fresco los expertos del Vaticano recorren toda su enorme superficie aplicando agua desionizada con pinceles sobre una doble capa de papel japonés, que suele usarse para proteger los pigmentos. Y, poco a poco, la obra va renaciendo.
“Es como cuando te sacudes de la piel la sal del mar en la playa”, resume Jatta.
La tarea sigue en curso y, por eso, esta pátina es aún visible en algunas de las figuras del Juicio, aunque no impacta sobre la pintura. De hecho, si se acaricia una parte sucia y otra limpia, la textura es idéntica, como han podido comprobar un grupo de medios en una visita a estos trabajos organizada por el Vaticano.
Un ‘Catequismo’ artístico
La Capilla Sixtina es un receptáculo consagrado al arte en el que, allá donde uno mire, encontrará un tesoro. En sus paredes, maestros como Botticelli o Ghirlandaio pintaron escenas de la vida de Jesús y de Moisés, mientras que Miguel Ángel fue llamado en 1508 por el papa Julio II para recrear en su bóveda el Génesis, el origen del mundo.

Pero este no sería su único trabajo en este lugar sino que casi tres décadas después, Miguel Ángel, con 61 años y fama de Divino, fue contratado por otro pontífice, Pablo III, para que -esta vez- recreara el término de la vida en el mundo: el Juicio Final.
Tardó cinco años en completarlo, de 1536 a 1541, y el resultado fue estremecedor. Tanto, que se dice que, al descubrir el fresco, el propio papa cayó de rodillas para implorar el perdón divino ante la severidad de las escenas que el pintor había evocado.
En el centro, sobre un mundo con un cielo límpido y azul, Cristo es captado a punto de dictar sentencia, alzando el brazo derecho como queriendo calmar los ánimos del tumulto de almas que le rodea.
A su lado, decenas de santos, beatas y píos esperan tranquilos su veredicto. Están San Pedro con las llaves o un san Bartolomé con su propia piel desollada en el que los expertos creen ver un autorretrato del artista.

Abajo, las trombas de los ángeles despiertan a los muertos para someterles al juicio. Algunos son llevados al cielo; otros desgraciados son arrastrados por demonios al infierno.
El Juicio Final, todo un tratado de anatomía por los cuerpos de sus protagonistas, ‘vestidos’ después por la censura, pronto volverá a brillar con todo su esplendor y dramatismo para seguir sorprendiendo al mundo, desde el corazón mismo del Vaticano.
Fuente: EFE.
Fotos: AP/ Alessandra Tarantino.
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