
Ezequiel Hara Duck es artista, director de teatro y diseñador de experiencias inmersivas. Con una trayectoria vinculada a la creación de historias interactivas y proyectos que cruzan el teatro, la tecnología y la participación del público, Hara Duck acaba de publicar El libro de los olvidos. Entre página y página, invita a los lectores a personalizar sus ejemplares interviniendolos y a explorar la relación entre la memoria, el olvido y la creatividad.
En diálogo con Infobae, el autor detalla el proceso de desarrollo del libro, el enfoque detrás de sus consignas y el sentido de proponer una obra pensada para ser modificada por quien la adquiere. Durante la conversación se abordan también temas como las emociones asociadas al error, el trabajo colaborativo con su equipo y las influencias que lo llevaron a experimentar con formatos no convencionales.
El origen de “El libro de los olvidos”
La idea de El libro de los olvidos tiene raíces personales y filosóficas. Hara Duck contó que su vínculo con la memoria viene de largo, y que su primer libro, Colección de datos inútiles, surgió de una sección en el programa de radio Metro y Medio donde jugaba con su propia capacidad de recordar. Sin embargo, advirtió que se vive en una época donde todo debe ser registrado y archivado. “Cada día archivamos un montón de fotos, de audios, de mensajes, de pensamientos, de recuerdos, de audios de WhatsApp. Y todo eso tiene que quedar documentado. Nos enseñaron que recordar es bueno y que olvidar es una falla”, explicó.

Pero para Ezequiel el olvido no necesariamente significa pérdida. “A veces la mente se llena de cosas que ya no necesitamos, como si fuese un panal de abejas donde todos los agujeros tienen que estar completos y no hay lugar para nada”, reflexionó. Así, su libro propone reivindicar el olvido como un acto creativo que “olvidar también puede ser un espacio, puede ser aire. El olvido puede ser el inicio de algo nuevo”.
El proceso de creación de este libro fue, en sus palabras, “un laboratorio de memoria y un taller para liberar ideas”. Hara Duck se inspiró en su experiencia diseñando obras de teatro interactivas, muchas de ellas mediadas por la tecnología y pensadas para la participación activa del espectador. “Quería hacer un libro en el cual el lector tenga un rol activo, no un rol pasivo. Que pueda jugar, intervenir el libro y convertirlo en un autorretrato de su propia vida”, aseguró.
La construcción de las consignas y actividades fue minuciosa y colaborativa. “Iba anotando un montón de actividades en una agenda, un grupo de WhatsApp conmigo mismo y en Google Drive. Después las hacía yo para ver si eran entendibles. Y fue un trabajo conjunto con el diseñador gráfico Santiago Recart y mi editora Manuela Frers”.

El lector como protagonista: libro inacabado e intervención
Uno de los elementos más radicales de El libro de los olvidos es que invita al lector a intervenir físicamente el libro: romper, tachar, arrancar, enterrar páginas, tirarle agua, café o perfume, y hasta prenderle fuego a una hoja. “No es un libro que pretende dar un mensaje a la posterioridad, como esos reels que te tiran la posta. La posta la tiene que tirar cada uno”, sostuvo Hara Duck. El resultado final es siempre un ejemplar único, tan diferente como los recuerdos y olvidos de quien lo complete.
La consigna es clara: no hace falta ser artista, solo estar dispuesto a jugar y olvidar. “Las reglas de cómo hacer el libro están para romperlas. El libro va a terminar siendo cómo lo complete cada lector, es incompleto y lo completa el lector que lo interviene a su manera. Termina siendo una obra de arte constituida por los olvidos de cada lector”, enfatizó. Para muchos adultos, esa invitación al juego puede ser desafiante. “Lo lúdico está muy asociado a los jóvenes, pero los adultos tienen muy lejana la idea del juego. Les cuesta mucho empezar a agujerear una página, pero una vez que se animan se sienten más libres”, relató.
El libro también trabaja con emociones que suelen ser consideradas negativas, como la frustración y el perfeccionismo. “En las palabras preliminares digo: hacé lo tuyo, no lo hagas perfecto. El resultado no es una obra perfecta, sino una que te representa, con tus errores y tus olvidos”, explicó el autor, resaltando el valor de lo imperfecto como camino para la autenticidad.

Influencias y antecedentes: teatro inmersivo y libros interactivos
La trayectoria de Ezequiel está marcada por la exploración de formatos narrativos poco convencionales. Desde 2013, viene desarrollando experiencias teatrales inmersivas como Perfil Bajo, Paranoia, Clavemos el Visto y Vengan de a uno, muchas de ellas mediadas por WhatsApp o pensadas para un solo espectador. “Ahora le ponen la palabra inmersivo a todo, pero yo ya venía haciendo teatro interactivo hace años”, señaló con humor.
En el desarrollo de su nuevo libro, Hara Duck también se inspiró en referentes internacionales como Keri Smith, autora de Destroza este diario y La línea. “Me animé a jugar más cuando descubrí que no era el único loco que se metía en esto de hacer libros interactivos”, contó. Según aseguró el autor, su biblioteca personal de libros experimentales es “una de las más grandes del país”.
La fusión entre lo teatral, lo literario y lo lúdico es una constante en su obra. “Me motiva que las personas se reconecten con el juego y con la idea de que ellos terminen siendo artistas, que cada libro sea una pieza única”, afirmó. Incluso propone desafíos insólitos, como pesar el libro antes y después de completarlo para comprobar cuánto cambió, no solo físicamente sino también simbólicamente.
El motor creativo de Ezequiel Hara Duck es la posibilidad de romper moldes y habilitar nuevas formas de expresión. “Lo que me inspira es que cada persona pueda ser artista, que haga su propio libro. El resultado final es una obra de arte hecha por sí mismo, un autorretrato de sus recuerdos y olvidos”, repitió, convencido de que el proceso importa tanto como el producto.
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