Las canciones clandestinas que las prisioneras españolas entonaron en el campo de concentración de Ravensbrück han recuperado actualidad con el disco Olvidadas, impulsado por el cuarteto vocal español Ensemble Cantaderas. La presentación del álbum, en el mismo campo y en foros españoles, coincidió con el homenaje oficial celebrado en julio de 2024 y simboliza la resistencia femenina frente al nazismo. La iniciativa responde a la urgencia de recuperar la memoria de estas mujeres hasta ahora silenciadas.
La grabación de Olvidadas tuvo lugar en septiembre de 2024, en la antigua fábrica textil de Ravensbrück, donde las mujeres soportaron trabajos forzados. June Telletxea, integrante del grupo, explicó al diario español El País que ese escenario aportó a las canciones “un significado conmovedor”. El disco incluye 29 piezas, algunas extraídas de testimonios y otras procedentes del repertorio popular español de la época.
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El proyecto surgió por encargo del Estado de Brandeburgo, que cada tres años dedica un homenaje a las víctimas de Ravensbrück. En 2023, la atención se centró en las españolas, una comunidad que, de acuerdo con Telletxea, había permanecido invisible en la memoria colectiva. Las integrantes de Ensemble Cantaderas interpretaron los cantos acompañadas por percusiones hechas con piedras, dedales y cucharas, evocando los recursos que las cautivas empleaban en prisión. “Para aquellas mujeres, cantar era un arma contra el embrutecimiento”, sintetizó Telletxea, citada por El País.

La cifra de presas españolas en Ravensbrück no puede establecerse con precisión. Según Gutmaro Gómez Bravo, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad Complutense de Madrid, los listados nazis y los estudios recientes sitúan el número alrededor de 210, aunque podría ser mayor, ya que muchas ocultaron su identidad o fueron inscritas como francesas. Esta dificultad subraya, según los especialistas, el grado de invisibilidad de las deportadas españolas, tanto en su país como fuera de él.
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La brutalidad del cautiverio quedó registrada en investigaciones y testimonios recopilados por Amalia Rosado Orquín, autora de Españolas en los campos nazis. Rosado Orquín detalló que las prisioneras sufrieron torturas, violaciones y esclavitud sexual. Los nazis les administraban inyecciones para suprimir la menstruación y maximizar la explotación laboral; cuando no funcionaban, las hacían desfilar desnudas como forma de humillación. El libreto del disco añade que, tras la liberación, España las declaró apátridas, forzando su exilio a Francia y el abandono por parte de sus familias.

La música y los cuidados emergieron como formas de resistencia y consuelo. Alfonsina Bueno Vela relató cómo las canciones apaciguaban a prisioneras como Josefina González, “La Maña”, tras sufrir violencia: “Teníamos que mecerla y cantarla para sosegarla”, contó en los testimonios. Ángeles Martínez, citada en Morir por la libertad de Eduardo Pons Prades, recordó el consejo de María Dolores García Echevarrieta: “Cuanto te sientas triste, canta. ¡Canta y vivirás!”.
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El perfil de las deportadas españolas era diverso: la mayoría provenía de ambientes humildes, aunque algunas ocuparon cargos en la II República. Según contó una de ellas, Mercedes Núñez Targa, en El valor de la Memoria, muchas compartían compromiso político y, tras la derrota republicana, participaron en la Resistencia francesa. “Por el camino vemos casitas muy cucas con cortinas almidonadas, con flores, con niños rubios de mofletes como manzanas rojas [...] Aquellas casitas felices son los hogares de nuestros verdugos, los SS del campo; aquellos niños, los hijos de los monstruos”.

El testimonio sobre Constanza, reconocida por su “voz fresca y bien timbrada”, citado por Núñez Targa, resume la calidad coral del grupo y la unión con presas de otras nacionalidades.
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En los últimos años, el homenaje y las investigaciones han contribuido a la recuperación de esta memoria. Olvidadas se ha presentado tanto en la Institución Libre de Enseñanza de Madrid como en el propio campo de Ravensbrück. En julio de 2024, se inauguró una placa conmemorativa dedicada a las prisioneras españolas. Ensemble Cantaderas continúa su labor para devolverles el espacio que la historia les negó.
El paso del tiempo no logró borrar su recuerdo: la memoria persistente devuelve la voz a quienes la historia quiso relegar.
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