
El concepto de “más aquí”, formulado por Marta Traba en 1978, define la singularidad de Rogelio Polesello: una obra que, según la crítica, “no suscita ninguna pregunta, no produce expectativa y, por lo tanto, ninguna angustia, y crea un espectador que es en simultáneo productor, actividad que lo aleja de los lugares más predecibles del arte: de la contemplación a la reflexión”.
Esta idea, que da título a la exposición Más aquí. Polesello 1970–2000, se materializa en la nueva muestra antológica que el Centro Cultural Borges dedica al artista, en el marco del décimo aniversario de su muerte.
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La exhibición reúne así más de 150 obras creadas entre 1970 y 2000, tres décadas decisivas en su trayectoria. El recorrido incluye acrílicos tallados, monocopias, pinturas, obras sobre papel y piezas inéditas, todas ellas testimonio de su incesante exploración de la percepción, la luz, el color y la forma.
El visitante se enfrenta a una experiencia visual inmersiva, donde el juego óptico, la precisión técnica y el espíritu lúdico invitan a mirar y mirarse de otra manera. La selección abarca obras de la colección de Naná Gallardo, material de archivo del propio artista y piezas de colecciones privadas de toda Argentina.
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El texto curatorial de Santiago Villanueva subraya que la obra de Polesello (Buenos Aires, 1939-2014) es una presencia “no sólo indiscutible, sino también incómoda y generadora de nuevas preguntas” desde los años sesenta hasta la actualidad.
La muestra se centra en el período que comienza en 1970, cuando la proyección internacional del artista, especialmente en Venezuela, se intensifica, y concluye en el año 2000. En estas tres décadas, la selección de obras y materiales revela el carácter experimental, de prueba y error, y una abstracción que se aleja de los programas rígidos para difuminarse entre el diseño, la decoración, la publicidad, el muralismo y la manualidad.
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Desde sus inicios, Polesello experimentó con materiales industriales como el acrílico, desafiando los procesos tradicionales de la obra de arte. Esta actitud lo convirtió en objeto de debates en los años sesenta, desde el ensayo fundamental de Oscar Masotta en 1965 hasta la gran exposición en el Instituto Di Tella en 1969, organizada por Jorge Romero Brest.
Masotta observó en él una manera inédita de trabajar, desde su vestimenta hasta los materiales y la escenificación de su práctica. Según el crítico, Polesello “elimina algo del gesto, y se pregunta por el modo en el que estas superficies ‘anónimas’ pueden ser un modo de integrar el arte con la vida social”.
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Masotta lo describió como alguien que, vestido con overol y soplete en mano, “parece un obrero metalúrgico, pero que no lo es”. Esa apariencia, sostiene, es la superficie donde se sostiene la estructura de pensamiento de la obra de Polesello.

El “más aquí” de Polesello implica, según Traba, una eficacia y resolución de la imagen que salta los pasos impuestos por generaciones anteriores de artistas-intelectuales al arte no figurativo. Ese “más” representa tanto el exceso como el acortamiento de distancias, la disolución y la pérdida de rigidez, estableciendo un contacto “no comprometido”.
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En la obra de Polesello, el tiempo suspendido es también proceso: la referencia se diluye y la relación con el contexto se vuelve menos utilitaria y literal. Al acercarse el fin de siglo, esa proximidad se transforma en una aceleración hacia la pérdida de un sentido vanguardista de la imagen y una reorientación hacia la magia.
Figura central del arte óptico y cinético en América Latina, Polesello transitó el diseño, la pintura, la escultura y la gráfica. Integrante del grupo Arte Nuevo y exponente del Op Art internacional, desarrolló una estética propia basada en la distorsión visual, la geometría y el movimiento.
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Desde joven, se destacó por su búsqueda de movimiento en lo estático y por articular de manera innovadora las relaciones entre arte, diseño, industria y arquitectura. Su experimentación con materiales —en especial el acrílico— le otorgó una impronta distintiva. La combinación de orden y azar, junto con la audacia cromática, marcó toda su producción y dejó una huella inconfundible en el arte argentino.
Comenzó a trabajar en una agencia de publicidad a los quince años. Se formó en la Escuela Nacional de Bellas Artes Manuel Belgrano y se graduó en la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón en 1958. Durante su educación, descubrió la obra de Paul Klee, que influyó notablemente en su trabajo, y recibió enseñanzas de su padre, constructor, lo que inspiró la incorporación de materiales y métodos de construcción en sus obras.
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El artista recorrió diversas vertientes del abstraccionismo geométrico: su obra combina formas geométricas y efectos ópticos de color para generar la ilusión de movimiento. Sus primeras esculturas, de los años cincuenta, exploran el efecto de la luz en los objetos. Traspasó los límites de la pintura tradicional con el mural Eclipse en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza (Buenos Aires, 2001) y con intervenciones en automóviles, edificios y cuerpos humanos.

Participó en numerosas bienales y su obra integra colecciones nacionales e internacionales, incluyendo el MOMA, el Guggenheim de Nueva York, el Museo Nacional de Bellas Artes, el Moderno y el MACBA. Dentro de la comunidad artística, era conocido como “Pole”.
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Expuso en la 3ª Bienal de París en 1963, la 8ª Bienal de San Pablo en 1965, la muestra Plástica con Plásticos en el Museo Nacional de Bellas Artes en 1966, el Instituto Torcuato Di Tella en 1967 y 1968, el Center for Inter-American Relations de Nueva York en 1968, el Museo Nacional de Bellas Artes en 2000, el Centro Cultural Recoleta en 2005 y nuevamente en el Bellas Artes en 2012. En 2003, recibió el Gran Premio de Honor del Fondo Nacional de las Artes. Y ahora se puede disfrutar en el Borges.
*“Más aquí. Polesello 1970–2000″ hasta el 21 de diciembre, en el Centro Cultural Borges, Viamonte 525, CABA. De Miércoles a domingos, de 14 a 21 h. Entrada gratuita
Fotos: Cortesía Secretaria de Cultura
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