
Son las seis de la tarde de un viernes de la naciente primavera y en el Casco Viejo de Bilbao, la localidad más poblada del País Vasco, el sol se esconde y deja de iluminar la ría, para dar lugar a la mística tarde y posterior noche, de una ciudad que encuentra historias y culturas.
Atrás quedan el Guggenheim y el Ensanche. En la calle de la Tendería, una de las siete fundacionales de Bilbao, frente a la Catedral de Santiago, se escucha un tarareo de tango. Las estrofas provienen de esta misma intersección peatonal, específicamente de la voz de Ignacio Hernaiz, un porteño, educador y artista, que actualmente reside en el país vasco en donde ejerce como profesor y consultor para la internacionalización en la Universidad de Deusto, la más antigua de la comunidad autónoma.
País Vasco, o Euskal Herria como lo llaman los oriundos en euskera, es una de las zonas más destacadas de España y Europa. Su historia, su idioma, que lingüísticamente hablando es casi indescifrable por no poseer raíces latinas, y su matriz cultural en todas las vertientes posibles, es única y destacable. Lejos de ser una comunidad cerrada, de ellos se conoce y se sabe mucho a nivel mundial, no sólo por su identidad como pueblo, sino que en gran parte se debe a la diáspora vasca, que en Argentina resulta ser de las mayores a nivel internacional.
“¿Siempre con un tango en la garganta?”, asiente con la mirada y se ríe. Ignacio, o mejor dicho Iñaki como le dicen aquí, invita a su casa para hablar de Argentina, de historia, de lo que pasa en la actualidad del mundo, y de lo que va a ocurrir específicamente el viernes 4 de abril: junto al pianista Ander Marzana, subirá a cantar tangos en el escenario del teatro del Centro Municipal de la localidad de Begoña, Bilbao.
—Se nota que sos un porteño de ley, porque donde vas llevás la música rioplatense, ¿es algo que viene de familia?
—Hay algo previo al tango. Yo crecí en una casa donde se escuchaba música, donde se apreciaba todo tipo de música. Para darte un ejemplo, mi mamá -Maitena- todos los 31 de julio (día de San Ignacio de Loyola, patrono del pueblo vasco) nos despertaba tocando en el piano la marcha de San Ignacio. Y ella, incluso con su vida austera, siempre contaba con un abono en el Teatro Colón para llevarnos.
La familia Hernaiz es íntegramente vasca y como le gusta referenciarse, tiene los ocho apellidos vascos. Hablamos de una de las tantas familias migrantes que llegaron a la Argentina, en este caso desde Bilbao, Ondárroa y Logroño, hacia 1920. Y de ellos mantiene vivo el recuerdo: “hay amigos que me dicen que mi mejor virtud es la lealtad y el valor de la palabra, y eso es una característica inherente a los vascos”.

—¿Cómo llega el tango a tu vida? ¿Hay un encuentro entre tus abuelos vascos y el tango argentino?
—Todo lo contrario, mi abuela Casimira, por ejemplo, no escuchaba tango, y mis padres, amantes de todo tipo de música, no eran unos fanáticos en particular. El tango lo empecé a descubrir por Buenos Aires, por los amigos, y por las peñas, en la juventud, en las reuniones políticas y la vida de “cuadrilla” (este concepto lo aplica mucho, para los vascos hablar de una familia amplia es hablar de cuadrilla). Ya con el tiempo tuve la suerte de acercarme a Lidia Borda, Dolores Solá o Adriana Varela. Pero antes de eso, el tango me llegó por las calles de Buenos Aires.
—¿Te trae nostalgia?
—Hay a veces una idea que el tango es un género triste y melancólico, y es cierto que algo de eso encierra el Río de La Plata, sin embargo el tango de Discépolo, por ejemplo, tiene una conexión con la actualidad, empatiza con la realidad de hoy, son atemporales, como “Cambalache” o “Yira Yira”.
—Digamos que el tango, entonces, es un género que describe una sociedad, un modo de pensar y ver las cosas en la vida.
—El tango dice verdades.
—¿Por qué?
—El tango habla de solidaridad. ¿Un ejemplo? Bueno, pongamos “Cafetín de Buenos Aires”: “de chiquilín te miraba de afuera…” Y en un momento dice “yo aprendí filosofía, dados, timba y la poesía cruel, de no pensar más en mí…” Es decir, pensar en el otro. Claro, es una manifestación política. Bueno, yo creo que en este caso este tango es un fruto del vínculo de Discépolo con Evita.
—Pero el tango no es solamente eso.
—No, claro, hay una fuerza en la emoción gardeliana, con “Mi Buenos Aires querido”, o “Volver”. “El Día que me quieras” es un himno internacional, es bello a nivel melódico, el recitado es alucinante, demuestra un mundo de amor. Yo me enganché mucho con los tangos de amores, como “Cuesta abajo” también. Es una mezcla entre tristeza pero levantarse y seguir caminando.
Los padres de Iñaki fueron docentes, nacieron y crecieron en Buenos Aires, como es su caso y el de su hermano. En su juventud, luego de egresar del La Salle de Capital, se formó a nivel universitario y se especializó en Ciencias de la Educación, obteniendo el título de magister. Ha sido funcionario público a nivel nacional y diplomático en el ámbito de la cooperación internacional, con un arduo trabajo en educación, cultura y derechos humanos.
“Hice mi carrera profesional y nunca dejé el tango, y en el camino me encontré con gente que se sumó a esta pasión y con la que hemos armado grupos para cantar en eventos solidarios, fiestas de amigos, acciones por los derechos humanos, a nivel nacional y también por el mundo”.

—¿Y cómo llega el tango a la Ría de Bilbao?
—Hay un vínculo muy afectivo entre el País Vasco y el tango, aunque del euskera poco se encuentre en el lunfardo. Hace unos años, volviendo de un encuentro de vascos que se hizo en Buenos Aires, con Andoni Ortuzar (ex presidente del Partido Nacionalista Vasco) y artistas, comenzamos a cantar tangos y me di cuenta de la cantidad de canciones que ellos conocían. Recuerdo que al llegar al hotel donde ellos se hospedaban, nos dijimos que algún día íbamos a cantar y llevar el tango porteño al país vasco.
—Y eso va a ocurrir este viernes 4 de abril en el Teatro de Begoña.
—Exactamente, junto a Ander Marzana, y gracias al apoyo del Ministerio de Cultura local, llevaremos adelante el concierto Tangos de Buenos Aires a Bilbao. Allí el repertorio serán todos estos tangos de amor, de pensamiento filosófico y de humor.
—Será tu primera presentación en Bilbao, pero no tu primera vez en el escenario.
—Para nada, tuve la oportunidad de cantar en momentos muy especiales para amigos, para compañeros y personalidades de nuestro tiempo, desde mi juventud hasta hoy. De hecho, una de las primeras veces ocurrió en la primera peregrinación de la juventud a Luján.
—¿Cómo es eso?
—Claro, como jóvenes de acción católica y lasallanos, fuimos los primeros en organizar la peregrinación juvenil a Luján, allá por octubre del 75′, y en el móvil uno de la marcha estaba yo, con micrófono en mano arengando y cantando.
Cincuenta años han pasado desde el momento en que la caravana partió de San Cayetano. Medio siglo se cumplen desde aquella vez en la que con un micrófono en mano, arriba de un móvil de esa primera peregrinación juvenil a Luján, Iñaki juntó coraje y se animó a alegrar a los peregrinos. El escenario de hoy, este viernes 4 de abril, será distinto a aquel del que solamente se encuentran registros en blanco y negro. En esta oportunidad se podrá ver por streaming en vivo. También será en otro país, pero la ansiedad, la invocación y la pasión por cantar y hablar a través de la música será siempre la misma, en Buenos Aires o en Bilbao. El tango, el folklore, nuestra música, son nuestra identidad nacional. No son canciones de protesta, son más bien canciones de propuesta.
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