El Museo Thyssen-Bornemisza ha presentado este lunes Proust y las artes, una gran exposición sobre el escritor Marcel Proust y su universo intelectual, social y literario integrada por decenas de obras y ni una sola magdalena.
“No queríamos hacer una exposición fetichista, sino una muestra sobre su mundo”, ha asegurado el comisario y exdirector del museo del Prado, Fernando Checa, quien ha explicado que a lo largo de las miles de páginas de En busca del tiempo perdido, la obra magna de Proust, hay otros muchos detalles que activan los recuerdos del narrador.
Sin embargo, en la pequeña tienda de libros y regalos a la salida de la exposición, el Museo sí que ha incluido pequeñas bolsitas de magdalenas.

La exposición es un gran recorrido “no biográfico, pero no antibiográfico” por la vida del gran escritor francés de finales del XIV y principios del XX, dividida en nueve apartados sobre sus pasiones e influencias: el Museo del Louvre, París y su entorno, Venecia o las catedrales góticas, para acabar con su muerte y una reflexión sobre los destrozos del tiempo en la creación artística y el cuerpo humano.
Incluye también sendos apartados sobre Por la parte de Swan y La parte de Guermantes para la que Checa y la comisaria técnica y conservadora de Pintura Antigua del Museo, Dolores Delgado, han logrado reunir una maravillosa selección de retratos de amigos, amantes y personajes de la época que sirvieron de modelo para los distintos personajes de la obra.
De hecho, una de las grandes dificultades y satisfacciones del proceso de creación de la exposición ha sido lograr reunir cuadros de artistas ya olvidados, pero que fueron amigos e inspiración de Proust.

“No nos valía cualquier cuadro de un artista, tenía que ser un cuadro preciso”, ha subrayado Checa, grandísimo conocedor y admirador de Proust y que, como ha dicho él mismo, ha “puesto muchísima pasión en esta exposición”.
Así, por ejemplo, un maravilloso retrato de la actriz Sarah Bernhardt, en la que se basó para crear el personaje de la Bern, presente a lo largo de la novela, o un retrato de la escultora Laure Hayman, amante de un tío-abuelo y del padre de Proust y que sirvió de modelo para el primer amor del narrador.

Esculturas, fotografías, telas, vestidos de la época y, por supuesto algún manuscrito y una colección de primeras ediciones de En busca del tiempo perdido completan una de las grandes exposiciones de la temporada que se podrá visitar hasta el 8 de junio.
Como ha explicado el director artístico del Thyssen, Guillermo Solana, “el objetivo de este recorrido es conocer la formación y la multiplicidad de la mirada de Proust” y mostrar que “no sólo son los historiadores del Arte los que determinan cómo vemos el arte; los artistas, escritores y filósofos también”.
Fuente: EFE
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