
La más completa exposición dedicada al colombiano Fernando Botero en España rinde homenaje a uno de los artistas más importantes del siglo XX a través de más de 110 piezas, muchas inéditas, que se podrán ver desde el viernes hasta el 20 de julio en el Palau Martorell de Barcelona.
A poco más de un año de su fallecimiento, la muestra curada por Lina Botero, hija del artista, y Cristina Carrillo de Albornoz, experta en su obra, explora tanto la prolífica producción de Botero como su experimentación con las diversas técnicas que dominó a lo largo de su carrera.
“Es la primera vez que hay una exposición de esta importancia en Barcelona, y la hemos centrado en la riqueza y diversidad de su obra y sus técnicas, con un enfoque diferente a otras exposiciones”, explicó la hija del artista durante la presentación.
La exposición, titulada Fernando Botero: Un maestro universal, homenajea la obra total del artista a través de diez secciones temáticas, que incluyen pinturas al óleo, esculturas, pasteles, acuarelas y dibujos a lápiz, sanguínea y carboncillo.

Destacan dos de las obras, inéditas hasta la fecha: La Menina, según Velázquez, una pieza que nunca se había expuesto al público, pues siempre estuvo colgada en el estudio de Botero en París, y Homenaje a Mantegna de 1958, un préstamo de una colección privada de Estados Unidos, cuya ubicación fue descubierta recientemente por Lina Botero después de décadas.
El recorrido presenta también obras de sus series más icónicas que abordan sus temas más queridos, como Latinoamérica, el circo, la religión y la naturaleza muerta.
Aunque estaba convencido de que “el arte debía producir placer”, durante su trayectoria se alejó brevemente de esta premisa para abordar temas de denuncia en dos series, una dedicada a la violencia en Colombia y otra a las torturas perpetradas por soldados estadounidenses en la cárcel de Abu Ghraib, en Irak, ambas presentes en la muestra.

“Mi ambición era ser pintor y solo pintor”
Autor de obras icónicas que forman parte del imaginario colectivo, Botero (Colombia, 1932) comenzó a pintar muy joven y logró un lugar en el panorama artístico internacional a partir de 1961, cuando el MOMA de Nueva York decidió adquirir su obra Mona Lisa a los doce años (1959), momento en el que comenzó a despegar su fama y su carrera a nivel internacional.
Para el colombiano, quien fue siempre autodidacta, sus grandes maestros fueron artistas como Velázquez, Goya o Tiziano, y fue en Italia, a principios de los años 50, mientras estudiaba las inmensas formas y los extraordinarios colores de la pintura del Quattrocento, donde llegó a comprender su propio interés, una fascinación innata por los volúmenes, y donde emprendió su transformación estilística.
Fuente: EFE
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