Finalmente... ¿para qué bostezamos? Lo explica el científico Diego Golombek

Se reedita “La ciencia es eso que nos pasa mientras estamos ocupados haciendo otras cosas”. Infobae Cultura publica un fragmento del libro publicado por Siglo Veintiuno

Diego Golombek
Se reedita “La ciencia es eso que nos pasa mientras estamos ocupados haciendo otras cosas”, de Diego Golombek
Guardar

Bostezar, ese misterio

Hagamos un ejercicio de lo más sencillo: imaginen a alguien bostezando. O lean varias veces el título de este artículo. ¿Qué, ya están contagiados? (Ah, no, si están tan aburridos pasen directamente a la página de los chistes.) Lo mismo ocurre frente al sonido de un bostezo (aun para individuos ciegos), y también con monos, perros o todo bicho que bostece (que se pueda contagiar de nosotros, y viceversa). Sí, es así de sencillo y de misterioso, algo tan cotidiano como el bostezo encierra profundas preguntas científicas: para qué sirve y, sobre todo, por qué es tan contagioso. Adelantemos la respuesta: no se sabe (que, convengamos, es la respuesta favorita de los científicos), lo que no quiere decir que no sea un tema de activa experimentación. Hasta hay una sociedad internacional de estudios del bostezo que –creer o bostezar– tuvo su primer congreso internacional en 2010, en París (dicen las malas lenguas que fue un plomo, pero no les crean). ¡Qué barbaridad!, las cosas que investiga esta gente. Y encima les pagan.

Comencemos por el principio: cuándo, cómo y por qué. Seguramente estén pensando que bostezar implica aburrimiento o cansancio, y no es necesariamente así (basta pensar que solemos bostezar al despertarnos, cuando se supone que estamos fresquitos para empezar el día). Bostezamos mucho, todo el tiempo y, según los experimentos, este gesto de unos seis segundos de duración (en promedio) puede repetirse de una a ¡veintiséis veces cada media hora! Si hacemos las cuentas, se estima que una persona bostezará unas doscientas cuarenta mil veces a lo largo de su vida. Y con todo lo que tengo para hacer…

La idea clásica (que viene dando vueltas desde el siglo XVIII) es que el bostezo ayuda a llevar oxígeno al cerebro y así mantenernos alerta. Pero la ciencia vino a romper con esto cuando se demostró que en un laboratorio en el que se cambian los niveles de oxígeno o dióxido de carbono, la frecuencia bosteceril no cambia significativamente. Que pase la hipótesis que sigue. Algo es cierto: bostezar no es sólo abrir la boca grandota para que entre aire. Ahora que seguramente les dan ganas, prueben bostezar sin desperezarse ni abrir bien la boca –eso no es un bostezo, es una porquería–. Los movimientos son tan parte del bostezo como el bostezo en sí, y puede que ayuden a dirigir el flujo sanguíneo hacia arriba. También sabemos que el bostezo se controla a través de las áreas más primitivas del cerebro, y que es de lo más inconsciente. Incluso se ha notado que la falta de bostezo (como se observa en algunas enfermedades neurológicas) indica que algo anda mal entre las dos orejas. Tal vez el bostezo prepare al cerebro para estar listo para lo que venga cuando no hay otros estímulos simpáticos dando vueltas (al fin y al cabo, los atletas muchas veces bostezan antes de una prueba, los violinistas antes de un concierto, los paracaidistas antes de saltar, y siguen las bocas abiertas).

El último grito de la ciencia es que el bostezo ayuda no sólo a llevar sangre al cerebro, sino, sobre todo, a enfriarlo –se bosteza menos al respirar por la nariz, que lleva aire más frío al cuerpo, o al tener un paquete frío sobre la cabeza–. De acá vendrá la famosa idea de tener la cabeza fría… lo que no ocurre en los encuentros sexuales que algunos investigadores también han relacionado con el bostezo, como lady Chatterley cuando se estiraba con el curioso bostezo del deseo. También hay enfermedades del bostezo, como el caso presentado por Charcot, en 1888, de una mujer que llegaba a hacerlo ocho veces por minuto y, como en esa época la norma era “serás lo que debas ser y si no serás histérica”, allí le quedó el rótulo a la pobre paciente (que seguramente tenía un tumor hipofisario). También hay bostezos inducidos por drogas, o el triste destino de la simple incapacidad de bostezar.

La Fórmula - Diego Golombek
Diego Golombek, doctor en Ciencias Biológicas y profesor universitario. Dirige un laboratorio especializado en cronobiología, el estudio de los ritmos y relojes biológicos. Es investigador superior del Conicet (Foto: Candela Teicheira)

Lo cierto es que todos bostezan: los peces, los leones, los bebés en la panza de la mamá. Y muchos de estos bichos también se contagian el bostezo (lo cual es, sin duda, el mayor de los misterios de esta ciencia). Alrededor del 50% de los humanos adultos son bostezadores contagiosos (y, para el caso, también lo es un tercio de los chimpancés adultos). Puede que la costumbre de taparse la boca venga de nuestros primos, que usan el bostezo como una señal jerárquica (y nada de mostrarle los dientes a papá mono). Algo de esto aprendió el Principito de Saint-Exupéry cuando el rey del asteroide 325 le prohibió bostezar en su presencia para luego ordenarle hacerlo. Quién entiende a los reyes.

Por otro lado, el contagio se puede dar de maneras sorprendentes, como ver una foto de un bostezador al que se le haya borrado la boca; sólo los ojitos y la expresión general del cuerpo ya nos darán esas ganitas tan especiales. Una posibilidad es que el contagio ayude a un grupo a estar sincronizado: imaginemos un grupo primitivo que se contagia del bostezo del centinela cuando ve llegar una manada de mamuts corriendo hacia su cueva; todos estarán boquiabiertos y, seguramente, un poco más despiertos. En esto pueden estar involucradas las famosas neuronas espejo, que se activan al imitar un movimiento, y hay quienes las acusan de ser responsables de la empatía entre humanos.

Así es la ciencia: nos lleva de paseo desde los orígenes del bostezo hasta la esencia misma de lo que nos hace humanos. A bostezar, que se acaba el mundo.

Últimas Noticias

"Oktubre" cumple 40 años: Rocambole convoca a presentar creaciones personales para una muestra que celebra el álbum que cambió el rock argentino

Las propuestas de tatuajes, banderas y murales podrán enviarse hasta el 2 de noviembre para integrar una muestra de diciembre en el Museo MAR, junto con piezas originales del artista y documentos históricos

"Oktubre" cumple 40 años: Rocambole convoca a presentar creaciones personales para una muestra que celebra el álbum que cambió el rock argentino

La actriz Sandra Hüller, de la Alemania de posguerra al presente: "Hay que ir contra el fascismo hasta que lo hayamos derrotado"

La alemana interpreta a la hija de Thomas Mann en ‘Tierra de mi padre’, la película de Paweł Pawlikowski sobre el regreso del escritor en 1949 a su país, que está dividido. Aquí, vincula aquella herida histórica con el ascenso actual de la ultraderecha

La actriz Sandra Hüller, de la Alemania de posguerra al presente: "Hay que ir contra el fascismo hasta que lo hayamos derrotado"

Flavia Costa: “El desarrollo de la IA aplicado a la guerra es peligrosísimo y no va a poder frenarse con una regulación”

La investigadora argentina, autora del libro ‘Vidas artificiales’, repasa el mapa de poder detrás de la inteligencia artificial, reflexiona sobre lo que llama “guerra cognitiva” y “guerra contra las instituciones” en nuestro hemisferio y advierte sobre el avance de una “IA agéntica” que, según los principales institutos de seguridad del mundo, ya no es posible controlar

Flavia Costa: “El desarrollo de la IA aplicado a la guerra es peligrosísimo y no va a poder frenarse con una regulación”

‘Slow Horses’ convierte a los peores espías de Gran Bretaña en protagonistas de la serie del momento

Con un notable Gary Oldman y el universo literario de Mick Herron como eje, la producción de Apple TV+ juega con la torpeza y el cinismo para lograr un fino relato de tensión y humor negro

‘Slow Horses’ convierte a los peores espías de Gran Bretaña en protagonistas de la serie del momento

La Pantera Rosa en las protestas de Francia: IA, viralización y la “memificación” de la política

En los últimos años, algún personaje de ficción irrumpe en las movilizaciones. Esta vez apareció uno generado con inteligencia artificial. ¿Retóricas pasivas en el simulacro de la batalla o nuevas posibilidades de “humanizar” el conflicto?

La Pantera Rosa en las protestas de Francia: IA, viralización y la “memificación” de la política