
¿Cuándo empezar a leer con los niños? ¿Hay un momento para hacerlo? ¿Queda una marca si se hace desde la panza? ¿Qué recursos son válidos?
En las columnas Cómo se construye un lector, muchos de los especialistas, escritores, autores y gestores, coinciden en que cuanto antes, mejor. Raquel Franco señala que desde el nacimiento, y así, otros más. Por supuesto que siempre y cuando se tengan los recursos. Sin embargo, si no se tiene acceso a una biblioteca nutrida, se puede apelar a la propia imaginación.
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María Emilia López, pedagoga, escritora y especialista en educación temprana y literatura infantil, refuerza esa idea, subrayando la avidez que poseen los bebés por descubrir y descifrar “lo que los rodea, y los libros no son ajenos a ese impulso de conocer el mundo”. De modo que es una buena oportunidad para convidarles historias que los estimulen, que les permitan acercarse a un universo que, tal vez, luego se torne más complejo.
En este caso vale una alegoría alimenticia. La lectura es igual de nutritiva, cuanto más se demore, más chances hay de que cueste incorporar el hábito y de presentar un déficit. Los estímulos de otros consumos, al igual que la comida chatarra, se transformarán en una competencia difícil de combatir.
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En el presente, la variedad y diversidad de libros para bebés constituye un universo que excede la selección de esta entrega. Más allá de los conocidos libros en cartoné (tapas y páginas “duras”), se suman libros de tela, fundas de almohada y de goma para la bañadera. Pero todos con un objetivo común: dar de leer.
En la selección de hoy (que al igual que en la entrega pasada, hay mucho, mucho, también), se escogieron tres grupos de libros y una novedad que tiene una particularidad bastante original.
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Toto cocina y Toto juega con Minina (pípala, 2021, ambos), de Gunilla Wolde, traducido por María Paula Chazarreta. Esta serie de libros clásicos de la literatura sueca (que completan la serie con Toto se disfraza, Toto construye y Toto y Ema) tienen como protagonista a un niño que, se nota, está descubriendo el mundo.
En el primer caso, con ese ímpetu que tienen los pequeños de asumir responsabilidades, por ejemplo, cocinar, o ayudar en esa tarea. En el segundo, se ve cautivado por la presencia de la gata de su abuela. Es interesante cómo, en ambos casos, se perciben las sutiles marcas de la edad en el texto y en las ilustraciones.
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De esta selección son los únicos volúmenes que no son editados en cartoné, lo que sugiere, además, por el propio lenguaje, que sean recomendados para niños que tal vez se encuentren escolarizados.

Abrigame las huellas (Umacapiruá, 2022), de Pim Pau, con ilustraciones de Alejandra Acosta; La tortuga (Umacapiruá, 2023), de Pim Pau, con ilustraciones de Paloma Valdivia, y Corazón de maíz (Umacapiruá, 2023), de Pim Pau, con ilustraciones de Mariana Roldán. El grupo musical para las infancias Pim Pau (Cassio Carvalho, artista y educador; Eva Harvez, artista y educadora y Lucho Milocco, artista y educador), acercan estos tres ejemplares que son fieles a su estética y que saltan de las canciones al papel, para ofrecer otros recursos a las infancias.
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En estos tres libros despliegan toda su poesía para que niños y niñas se sumerjan en el mundo que conocen –una tortuga, los pochoclos y la ternura– desde una mirada lúdica, apelando a la imaginación.
Sin ser canciones se las imagina como tales. Son para cualquier momento, pero sus ilustraciones invitan a leerse de noche para convocar a los sueños más lindos.
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Buenas noches, La valija de doña María, Flor de nena y Un poquito de arco irís, (loqueleo - Santillana, 2017), de Graciela Montes, ilustrados por Nora Hilb, Clau Degliuomini, Ana Sanfelippo y Cynthia Orensztajn, respectivamente. Cuatro ejemplares clásicos de la icónica escritora para las infancias.
Todos tienen las pizcas exactas y necesarias de humor y ternura; cada uno toca una fibra íntima: por recordarnos nuestra propia infancia; porque tal personaje nos recuerda a alguien conocido, pero todos son valiosos justamente por ello, por su potencia y porque perduran.
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Estos cuatro ejemplares, de una colección mayor, tienen la característica de ser historias, con introducción, nudo y desenlace, y no poemas, como sucede con muchos libros para los más pequeños. Dos apelan al recurso de la acumulación (Buenas noches y La valija de doña María), que es bien recibido por los más chicos, mientras que los otros apelan a la emoción (Flor de nena y Un poquito de arco irís).
Como plus, las ilustraciones potencian las palabras de Montes, lo que se agradece por partida doble.

Conejo (pequeño editor, serie Mi árbol, mi casa - Los duraznos, 2024), de Canizales. A simple vista un libro más de animales para niños, pero no es así. Se sirve de esos recursos –las ventanas, textos breves e ilustraciones amigables– para adentrar a los niños más pequeños en el medio ambiente, en nuestra casa, que es el planeta, y como tal merece que nos detengamos a cuidarlo, conocerlo y respetarlo.
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Una excelente puerta a preguntas y charlas en familia, acerca de los animales y sus hábitats, y del nuestro y cómo conservarlo.
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Estas son solo algunas recomendaciones del maremágnum que existe en la literatura para chicos y chicas. Lo importante es descubrir cuáles pueden ser las lecturas preferidas. Lo importante es leer.
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