
El Museo del Prado, joya cultural de España y uno de los más reconocidos del mundo, alcanzó en 2024 un récord impresionante: 3.258.328 visitantes hasta el 7 de diciembre, una cifra que ya supera la marca de 2023 (3.241.263).
El director del museo, Miguel Falomir, señaló que el objetivo no es solo atraer más personas, sino también ampliar la diversidad de sus visitantes: “Queremos abrir la institución a nuevos públicos”, comentó en declaraciones a EFE.
Una de las iniciativas más aclamadas en este sentido es el Prado de noche, que permite acceder a los espacios expositivos en horario nocturno el primer sábado de cada mes, de 20:30 a 23:30, creando una experiencia única.
La audiencia del Prado en 2024 destaca además por su carácter global. Según el propio museo, el 60 % de los visitantes fueron turistas internacionales, en un contexto de auge del turismo en Madrid, con un incremento del 10,6% en los viajeros extranjeros respecto al año anterior, según el Instituto Nacional de Estadística.

Por otra parte, las políticas de accesibilidad también jugó un papel crucial: 44,78% de los visitantes accedieron de forma gratuita, aprovechando franjas horarias específicas y tarifas especiales dirigidas a estudiantes, niños y otros colectivos.
El pico de asistencia se registró en mayo, con más de 327.000 visitantes, coincidiendo con el Día y Noche de los Museos. El sábado 18 de mayo, en particular, rompió récords, recibiendo a 14.497 personas en un solo día, lo que reafirma la relevancia de este evento cultural.
Pero, ¿qué maravillas atrae a millones de personas al Prado? Su colección alberga algunas de las obras más relevantes de la historia del arte, como Las Meninas, de Velázquez o El Jardín de las Delicias, de El Bosco.

Las 10 obras más famosas del Museo del Prado
Las Meninas, Diego Velázquez
En la sala 012, este óleo sobre lienzo de 320,5 x 281,5 cm, pintado en 1656, es un ícono del Barroco.

La obra presenta a la infanta Margarita rodeada de sus damas de honor, con Velázquez retratándose en un ingenioso juego de perspectivas y reflejos. El cuadro no solo es una obra maestra técnica, sino también un enigma interpretativo que continúa fascinando a críticos y espectadores.
La maja desnuda, Francisco de Goya

Expuesta en la sala 038, esta pintura de 94,7 x 188 cm, realizada entre 1790 y 1800, pertenece al Romanticismo.
Representa a una mujer reclinada, con una mirada directa y desafiante. En su época, la obra fue objeto de controversia, pero hoy es aclamada por su audaz representación de la belleza femenina.
El Jardín de las Delicias, El Bosco

Este tríptico, ubicado en la sala 056A, mide 220 x 389 cm y es un referente del Renacimiento nórdico.
Creado entre 1490 y 1500, plasma un fascinante universo que va del paraíso al infierno, lleno de criaturas fantásticas y paisajes surrealistas. Se cree que fue encargado para meditar sobre temas morales y religiosos, aunque su propósito exacto sigue siendo un misterio.
Saturno devorando a su hijo, Francisco de Goya

Esta impactante pintura de 143,5 x 81,4 cm, que se encuentra en la sala 067, forma parte de las Pinturas Negras.
Goya la pintó entre 1820 y 1823 en las paredes de su casa, la Quinta del Sordo. Con un estilo sombrío y visceral, refleja el mito del dios Saturno y su acto de devorar a sus hijos, convirtiéndose en una metáfora de la desesperación y el paso del tiempo.
El caballero de la mano en el pecho, El Greco

En la sala 009B, este óleo sobre lienzo de 81,8 x 66,1 cm es un emblema del Renacimiento.
Pintado entre 1578 y 1580, destaca por la elegancia y solemnidad del retratado, cuya identidad sigue siendo objeto de especulación. Su mirada penetrante y gesto simbólico lo han convertido en una de las obras más icónicas del artista.
Chicos en la playa, Joaquín Sorolla

Este óleo sobre lienzo, de 118 x 185 cm, se exhibe en la sala 060A y pertenece al Impresionismo.
Pintado en 1909, retrata a tres niños jugando en la orilla del mar. Sorolla captura con maestría la luz mediterránea, haciendo brillar las figuras infantiles y el agua cristalina en una escena llena de vitalidad y energía.
La rendición de Breda, Diego Velázquez

Conocida como Las lanzas, esta obra monumental de 307,3 x 371,5 cm, situada en la sala 009A, es un referente del Barroco.
Representa la entrega de la ciudad de Breda en 1625, con un gesto de nobleza y respeto entre los generales Spínola y Nassau. La obra es un ejemplo magistral de la habilidad de Velázquez para plasmar la humanidad en momentos históricos.
Judit en el banquete de Holofernes, Rembrandt

En la sala 076, esta pintura de 143 x 154,7 cm, en óleo sobre lienzo, es un ejemplo del Barroco.
La obra retrata a Judit, quien con astucia y valentía planea su venganza. Rembrandt emplea contrastes de luz y sombra para transmitir la tensión emocional y resaltar la fuerza de la protagonista.
Las Tres Gracias, Peter Paul Rubens

Esta pintura de 220,5 x 182 cm, en la sala 029, es un ejemplo vibrante del Barroco.
Rubens presenta a las Cárites, hijas de Zeus, con un estilo que celebra las formas voluptuosas y la energía vital. La obra, realizada en óleo sobre madera, redefine los ideales clásicos de belleza.
Los fusilamientos del 3 de mayo, Francisco de Goya

Expuesta en la sala 064, esta obra de 268 x 347 cm fue creada en 1814 en óleo sobre lienzo.
Pertenece al Romanticismo y retrata un episodio de la resistencia española contra la ocupación napoleónica. La composición, con figuras iluminadas dramáticamente, transmite de manera desgarradora la brutalidad de la guerra y la dignidad de los condenados.
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