
“A las niñas y los niños que han crecido conteniendo la respiración”, dice la dedicatoria de Inermes (La Galera, 2023), del escritor Fernando Muller. Y pienso: ¿cuántas veces en la infancia y adolescencia tuvimos que contener la respiración? ¿Muchas? ¿Pocas? No estoy segura. Pero mejor volvamos a la lectura. El escritor nos habla de un niño muerto que podría estar vivo, de un viejo inmundo y de un padre que busca perderse en el engaño. Y de muchas otras cosas más. Pero, sobre todo, de las mujeres que luchan con todo eso y con la maldita vida que les tocó en suerte.
Muller le saca el velo al abuso (que viene de la mano del que menos te esperás), a la mentira, al engaño y a la manipulación, como un modus operandi de relacionarse con otros pero que no sirve para nada. Es un entramado familiar que estalla en mil pedazos, narrado por los 5 protagonistas de un relato desesperante que te deja sin aliento, pero seguís hasta el final. Al igual que los personajes. Al igual que todos. Siguen y seguimos y en cada paso deshilacharse un poco más hasta dejar de ser quienes somos. Y entonces, lo peor: la tragedia de lo inesperado, del descuido, del desamor. La tragedia de ser humanos y no poder lidiar con eso. Aunque lo intentan, lo intentamos, sí, pero sin suerte.
“Sin Mateo todo es distinto. Todo (…) ahora de qué mierda me sirve poder quedarme en la cama, de qué, de un carajo; aunque Pedro me traiga a las corridas el té a la cama para desayunar juntos. Él está distinto. Él y sus pacientes parecen un todo en el que yo no tengo cabida”. Los inermes son los indefensos, los que tienen sus vidas rotas por sucesivas tragedias, propias y ajenas. Son los que en 172 páginas confiesan sus cosas que te aseguro no querrás saber. Y creo que ellos tampoco, pero tienen que cargar con eso igual, a lo largo de todo el camino sinuoso -y de ripio- que propone el autor.
Con ilustración de tapa de Jorge Daffunchio, la ganadora del Premio de Novela Corta de La Galera presenta una familia destrozada por la muerte de un hijo, pero también un detrás de escena, un “run run”, que perturba, donde los personajes parecen estar en otro canal. En el suyo. No quieren saber ni hacerse cargo de nada. Se inventan vidas paralelas. Lugares donde esconderse. Pero no sirve, ¿o sí? La obra es un poco lo que no se hace, mezclado con lo que no tiene nombre y lo que mejor no se dice. Es como atravesar varias capas de piel y al final encontrarte con ese bicho inmundo al que querés extirpar para siempre. Y cuando pensaste que lo habías eliminado, regresa con más fuerza que antes.
“Cerrá la puerta, mi amorcito, y acercate. Dejá que tu mamá se ocupe de las compras y la limpieza, lo hace muy bien y para eso le pago. Ella nació para eso, pero vos, hermosa, naciste para vivir a lo grande, entre lobos y tigresas. Vení que este lobo se va a dejar comer por Caperucita.” Nauseabundo. ¡Pero, pará! ¿Nadie ve lo que está pasando? Es demasiado. Salteo ese capítulo, el 24. No puedo.

Como sea, la mayoría hace todo mal en esta historia del infierno, salvo un par que algo de amor, empatía y dignidad aún conservan a pesar del vendaval que se los lleva puestos. Y quizás sean esos personajes- los que enfrentan la situación y deciden dar batalla- los que logran que podamos continuar con la lectura porque de otro modo, imposible.
Me hizo acordar, y mucho, a Temporada de Huracanes de Fernanda Melchor y otro poco a Visceral de María Fernanda Ampuero. No por el estilo ni por la narrativa sino más bien por la temática y la manera brutal y descarnada en que cuentan las cosas. Con todas las letras. Con nombre y apellido. Es que la trama se anima con temas tan complejos y difíciles de soportar que la literatura desborda e inunda hasta los lugares más seguros del alma humana. Y cuando llegan hasta ahí, ya nunca más te sentirás a salvo.
Carola, Malena, Pedro, Quique y Sandro parecen hablarle a una cámara y dan una versión de la historia, Y es gracias a este “sincericidio” que la verdad es revelada y queda en nuestras manos para que hagamos con ella lo que podamos y así entender algo de lo siniestro que atraviesa a esta gente quebrada, a la cual terminaremos odiando o amando según corresponda. Sin duda la lectura de Muller abre, al menos, un interrogante: y vos, ¿de qué lado estás? Te la dejo picando.
<b>Quién es Fernando E. Müller</b>
Fernando E. Müller (1961) nació en Buenos Aires donde reside actualmente. Es ilustrador, diseñador gráfico y escritor. En 1993 publica su libro de caricaturas: Fito Paez, Homenaje (Crepé editores). En 2014 publica su primer libro de narrativa: Las Devoradoras (compuesto por cuatro cuentos y una nouvelle; Lossen Editora). En el año 2020 sale su novela corta: De entre casa (Moglia ediciones). En el año 2023, Inermes (La Galera), Ganadora del Primer Premio del Concurso de Novela Corta de Ediciones La Galera. Y en el año 2024 se publica su libro de ilustraciones: Parte de la pasión (Autores Argentinos, editora).
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