“Bueno. ¡Guau! Hermosa noche, ¿verdad? Y sí que lo es. Una hermosa noche para mí. Esta es una fantástica distinción. Me parece fantástico volver a premiar a los actores, a las actrices. Ha sido maravilloso y me parece una apertura inicial fantástica y ojalá que perdure por muchísimos años, como la televisión. Hemos hablado mucho esta noche. Todos. Cada uno pudo transmitir lo que ha sentido. Yo me sentí muy feliz. Cuando uno es reconocido, obviamente es gratificante y me encanta compartirlo con cada uno de ustedes. También siento que tomamos todas las palabras de Gracielita (Borges), esta tribu. Esta distinción me llena el alma. Un mimo al corazón”.
Con estas palabras, Guillermo Francella agradeció el Martín Fierro de Oro en la primera edición de los Martín Fierro de Cine y Series, celebrada en la Usina del Arte. El actor, elevado a la categoría de personaje popular y definitorio de la argentinidad en este siglo XXI. Su personaje en El secreto de sus ojos de alguna manera lo elevó a un status actoral aún mayor del que ya ostentaba como popularísimo actor de comedia en televisión. Ahora con este premio, llega una singular canonización que lo ubica, si es que se puede todavía, un escalón más arriba en el reconocimiento popular.

Eliseo, el encargado del coqueto edificio del barrio de Belgrano que juega a tener dos caras, lo terminó de consagrar como un intérprete versátil, capaz de generar ternura, desprecio, enojo, bronca y condescendencia. Así de amplio es el rango de su criatura, potenciada en la seca ironía de la serie que dirigen Cohn y Duprat. “Como intérprete no lo cuestiono, lo transito”, dijo. “Desde lo interpretativo es muy jugoso tener este tipo de personajes. Pueden ser empáticos y oscuros a la vez, pueden se angelados y diabólicos. Él tiene esta inteligencia que lo hace diferente. Tiene cierta cosa oscura con algunos propietarios, porque también lo discriminan. Ejercen poder sobre él, y él, a su vez, resuelve. Los tiene en un puño”.
Estas frases definitorias de su personaje conforman el extracto de la entrevista que brindó a Infobae en julio de este año, antes del estreno de la tercera temporada de El encargado.
—Al interpretar a Eliseo, ¿saliste de la zona de confort como actor?
—En los últimos años, traté de hacer personajes lo más heterogéneos posible. Me gustó tener cierto antagonismo y que fueran bien heterogéneos entre sí los contenidos llevados a cabo. Entonces no hubo una zona de confort. Sentí que todos fueron un desafío porque tuve hasta directores distintos, como Armando (Bo), como (Ariel) Winograd, Marquitos Carnevale en Granizo, Cohn y Duprat en El Encargado. Hice cosas bien antagónicas entre sí que a mí, como actor, más que salir de la zona de confort, me hicieron salir de lo que venía haciendo y eso me permitió componer algo distinto con la ayuda de ellos.

—¿Alguna vez te cruzaste con algún portero como Eliseo?
—A veces hay porteros que son más poderosos que los propietarios. No sé si tanto como él, pero yo los he vivido. Como también viví otro tipo de encargados, que fueron amorosos conmigo toda la vida.
—¿Qué desarrollo imaginas que puede tener el personaje? No tiene techo...
—Eso es un poco la zanahoria. La tercera temporada tiene un arco que estoy convencido de que al público le va a atraer mucho. En esta temporada Eliseo vuelve del congreso de encargados en Río de Janeiro con una idea, se da cuenta de lo que les está faltando y arma su propia estrategia para crecer, para formar sus sindicatos, para ayudar a los demás colegas a tener una mejora salarial, una mejor calidad de vida, un mejor todo y todo lo que conlleva para lograr eso. Logra objetivos inalcanzables para cualquier portero. Él tiene algo muy singular que lo lleva a que sea fuente de consulta de personas muy importantes.

—Con Eliseo, ¿qué descubriste de vos mismo como actor y como persona?
—Él es muy muy diferente a mí. Es un hombre solitario, sin familia, con una historia atrás que todavía no hemos descubierto bien. Como actor me permitió ponerme capas para mostrar algo diferente, para tener una interpretación distinta a la cotidianeidad que la gente tal vez haya conocido de mí en algún otro personaje y donde puedo verme de otro modo. Pero no he aprendido yo como persona, sí adquiriendo cada vez más oficio. Tengo una madurez por edad, y por tantos años en la profesión, que me permite hacerlo con más intensidad. Estoy muy seguro, en mí desaparece la posible inseguridad de un nuevo personaje. Intento trabajarlo, y con la experiencia de los años y la ayuda de los directores que tengo me permiten armar esa arcilla, convertirla en algo como lo que se pudo ver después. Ese fue mi aprendizaje.
—El público comparte tus escenas o frases en alusión a distintos temas. ¿Qué te genera eso?
—Es muy emocionante y movilizante para mí esta empatía que tengo con el público, con mis dichos, con mis frases. Soy un meme caminando, todo el tiempo me exponen en un partido, en un resultado, en un tema político. Siempre hay una frase mía con una foto agarrándome la cabeza, o estando contento, serio, riéndome o diciendo: “Hermosa mañana, ¿verdad?”. Me da mucho amor y mucha ternura lo que pasa conmigo, con mi personaje de Eliseo también. Ha tomado un vuelo gigantesco que me emociona.
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