
Lectoras es el registro del proceso de gestación de una muestra de pinturas y cerámicas en la que trabajé durante nueve meses en mi casa taller hace dos años atrás y que llevó el mismo nombre. En tiempos de pandemia, la biblioteca cobró absoluta relevancia en mis días. Durante esos largos meses de encierro, la amplié, la reordené muchas veces, incorporé libros nuevos y pasé muchas horas frente a ella mirándola con detenimiento. En ese acto empezaron a aparecer una serie de preguntas que fui anotando en un cuaderno de tapa rosa. ¿Por qué leo? ¿qué significa la lectura para las mujeres? ¿cómo se transforma el espacio cuando leemos? ¿y el tiempo?
A partir de esos interrogantes, surgió la idea de retratar a mujeres leyendo en sus hogares, en esos espacios íntimos donde sucede la lectura. Así que abrí una convocatoria en las redes sociales para invitar a mujeres a participar de este proyecto y seleccioné a veintiuna de ellas. En algunos casos fui a bocetarlas en vivo, en otros, a través de fotos o videollamadas cuando vivían lejos. Primero las dibujaba, y en mi casa taller las pintaba y escribía sobre sus historias y sobre los libros que habían elegido.

Sylvia Plath, Ocean Voung, Sylvia Molloy, Terry Tempest Williams, Peter Orner, Marguerite Duras, Katherine Mansfield, Agota Kristof y Louise Bourgeois fueron algunos de los autores que eligieron. La elección de esas lecturas fue el primer modo de conocerlas, después mirarlas con atención y bocetarlas de cerca en sus espacios. Recuerdo a la artista Mariette Lydis cuando dice que una no conoce verdaderamente a las personas antes de pintarlas. Mientras iba retratándolas y escribiendo sobre ellas, sentía que entraba de algún modo en sus mundos. Me gustó la idea de sentir que pintar lectoras era un modo de retratar vínculos: entre esas mujeres y los libros, entre las palabras y las imágenes, entre nosotras.
En la serie también pinté mi autorretrato por primera vez en gran formato leyendo; y repliqué mi biblioteca en una pieza de cerámica con casi cien libros en miniatura.
En los meses que hice estas pinturas y cerámicas, fui tomando notas sobre el proceso y sobre las historias que me habían contado las lectoras. También fueron apareciendo preguntas: ¿Cuándo una obra deja de ser proceso? ¿Cuándo un proceso deja de ser proceso? ¿Qué es la belleza? ¿Por qué el azul cobalto me recuerda a mi infancia? ¿Voy a pintar toda la vida?

Además en ese cuaderno rosa, fui registrando los libros que leía y tenía desparramados por diferentes mesas, fui haciendo listas de lo que me faltaba pintar y de los asuntos pendientes, del tiempo que me faltaba, de los sueños recurrentes que tenía y de las memorias que fueron revelándose durante esos largos meses. Entre esos recuerdos, apareció mi abuela. Mi casa taller, donde estaba creando este proyecto, era la casa de mi abuela donde trabajaba y donde me crié.
Ella era modista, bordaba y cosía, y me di cuenta de que las dos compartíamos el trabajo con las manos y con las mujeres. Había algo de eso que seguía vivo y que estaba recuperando de algún modo.

Lectoras es el rejunte de todas esas anotaciones aisladas y reunidas donde me pregunto por qué leemos y me respondo pintando. Abro el interrogante con la misma insistencia con la que miro el lienzo blanco, la hoja vacía del cuaderno, o me miro al espejo para pintar mi autorretrato. A veces con confianza, otras veces con miedo. También descubro mis obsesiones, cito a otras mujeres artistas y escritoras que siento cerca, las convoco a modo de rezo. Hablo del duelo y de las contradicciones que implica el proceso creativo; de lo que irrumpe, de lo que no sale, de las frustraciones, de las veces que la pintura y la escritura no son suficientes, de lo que me va sosteniendo durante esas largas noches que paso sola intentando leer a otras mujeres y leerme a mí misma. Acrílicos, libros apilados, mate lavado, frutas sin terminar, pinceles sucios, servilletas, vasos para pintar y vasos para tomar mezclados, la computadora manchada, fotos, paletas, imágenes y palabras que se difuminan en hojas sueltas. Es en ese ecosistema donde se fue creando este proyecto que comenzó siendo una muestra y terminó siendo un libro. También una obra en proceso como lo titulé durante meses. Un retrato en movimiento, un diálogo abierto, el registro de cómo la pintura y la escritura siempre nos hablan del tiempo.
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