
Mis cosas preferidas surge a partir de la visión de una mujer en un departamento hablando con personas que sólo ella puede ver, desde el punto de vista de una espectadora que la observa desde una ventana, al otro lado de la calle. Siempre, desde chica, me llamó la atención lo que pasaba en las ventanas de alrededor. Me detenía a mirar a una vecina o a una persona sentada en una silla en un balcón, tratando de dilucidar con quien hablaba, dónde estaba el interlocutor, si estaba fuera de mi campo visual, si en algún momento iba a aparecer, si su apariencia iba a coincidir con lo que yo me había imaginado o no, y cuando el personaje en cuestión tardaba mucho en dejarse ver, empezaban las sospechas de sí realmente existía.
También me pasa en la calle, en los bares, o ahora con los teléfonos celulares, los auriculares, esa curiosidad un poco morbosa de: ¿Con quién habla la gente? Y la necesidad de averiguarlo. Y me quedo parada, tratando de encontrar una respuesta a esa incógnita, hasta que algo en ese cuerpo, en ese gesto, en ese fragmento de diálogo incompleto me dé una pista de los hechos.
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El fuera de campo me entusiasma por la expectativa que genera, por el abanico de posibilidades que abre, en mi caso, de modo casi automático, siempre tendiente a lo macabro, a lo tenebroso. Como en La Paciencia que se presenta todos los sábados desde hace más de un año en el Camarín de las musas, donde tres enfermeras atienden a cuatro enfermos terminales que están en unos boxes detrás de las cortinas, siempre fuera de campo. También el humor negro está presente en todas mis obras, reírse de lo terrible, tomar distancia de la tragedia, salirse del centro de la misma y mirar desde lejos, mirar desde otro ángulo con una lupa deformante, desacralizar la muerte.

En 2013 estábamos en la preproducción de Sangre de mi sangre —que luego adaptamos a cine junto con Martín Blousson, en lo que es Piedra, papel y tijera (2019), mi ópera prima como codirectora—. Ensayábamos en el living del departamento de Valeria Giorcelli, con ella sola, que hablaba con los otros personajes, interpretados por actores ausentes en ese momento, con total naturalidad. Y no solo hablaba, reaccionaba a lo que estos le decían de forma tal que era posible dilucidar qué decía el resto de los personajes, y hasta establecer sus cualidades físicas y sus formas de ser.
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Lo qué se veía en ella interactuando era realmente inquietante, fantástico, cómico, esquizofrénico, lunático, paranormal y horroroso. Todos adjetivos que pueden englobarse en el género literario que más me atrajo desde la infancia: el terror psicológico. Los cuentos de locura, de horror y de muerte. Así surgió Mis cosas preferidas, que en su versión original llevó a Brenda a Madrid dos veces, a Barcelona, Costa Rica, y al Centro Cultural Niemeyer de Avilés. Toda una hazaña para esta mujer que no sale de su casa hace más de 24 años.
Ensayamos exhaustivamente, porque desde el principio teníamos claro que para que esos personajes pudieran estar presentes en escena, teníamos que verlas en todas sus capas, dimensiones y detalles, tanto exteriores como psíquicos. Y al igual que Brenda, nos obsesionamos con estas amigas.
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En esta reversión de Mis cosas preferidas, desarrollada diez años después de la original, nos preguntamos como punto de partida: ¿Qué fue de la vida de Brenda durante esta década? ¿Cómo se modifican aquellas fijaciones traumáticas a medida que pasa el tiempo, y la joven se convierte en una adulta mayor? ¿Cómo se encuentran estos conflictos con los que apareja la edad, en términos de cercanía de la vejez del entorno familiar, y el tener que hacerse cargo del paso del tiempo? A partir de estos (y muchos otros) interrogantes, trabajamos en la reescritura del texto dando lugar prácticamente a otro personaje.
Además, tuvimos en cuenta que la patología de Brenda la mantiene encerrada, sin prácticamente salir a la calle, por lo que su relación con lo real y la coyuntura es puramente mediática, y eso también modifica su entorno y su relación con la actualidad. Es por todas estas cuestiones que no lo consideramos un reestreno, sino una adaptación que la transformó en una obra nueva.
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Para potenciar esto, además de adaptar el texto y la puesta en escena original, nos vimos en la necesidad de replantear significativamente la ambientación, trabajamos con Duilio Della Pittima en una escenografía que sirviera a Brenda para su interacción con sus invitadas, pero se planteó una puesta mucho más intimista, los espectadores están en un verdadero salón (no es una sala de teatro) algunos a menos de un metro de la actriz, entre esos muebles del orden de la fantasía y quedados en el tiempo, que le aportan un clima fantasmagórico y “lyncheano” a la escena.

El diseño de luces de Julián Alerta Mujica, con asistencia de Mercedes Abraham, fue trabajada según los estados de ánimo que el personaje va atravesando vertiginosamente en su inestabilidad, los mini brotes que va teniendo el personaje, toda la luz surge del interior de Brenda, porque los estados a los que llega exceden su interior, invaden todo, la toman y no la sueltan, citándola textualmente. El vestuario de Paula Bianchini surge también de esta reescritura y replanteo del personaje y el texto diez años después, y trabaja sobre esa progresión, del papel de seda a la monstruosidad que se revela a cuenta gotas a medida que el relato avanza, hasta apoderarse de ella por completo. Como un pañuelo blanco que se va tiñendo gota a gota hasta quedar empapado en sangre.
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El título. Lo que da nombre. Porque lo que sucede es la búsqueda de un refugio ante la fragilidad del ser humano, ese asidero que tenemos en la memoria a largo plazo que nos lleva a un olor, a una caricia, una melodía o a una bella palabra que nos hizo sentir bien en el pasado, y rememoramos para volver a reconstruir instantes de felicidad. Esas cosas o fragmentos favoritos de cada uno, como el olor a flan de las abuelas en hornos de leña.
En su reciente encuentro con el público, a sala llena desde su estreno, Brenda y sus amigas les esperan cada viernes en la pequeña sala de arriba del Camarín de las Musas que se reinaugura después de años con la presentación de Mis cosas preferidas. Una alegría que nos trae esta reversión en tiempos más que difíciles para nuestra cultura y nuestro país.
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* Mis cosas preferidas se presenta todos los viernes a las 20.15 hs. en El Camarín de las Musas (Mario Bravo 960, C.A.B.A.)
[Fotos: Javier Diment]
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