Día del Editor: la historia de Boris Spivacow, la quema de un millón y medio de libros y la importancia del oficio

Fundó Eudeba y el Centro Editor de América Latina, atravesó los momentos más dramáticos del siglo XX y murió en 1994. Por él, reivindicamos un trabajo central en la literatura

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Boris Spivacow, mito de la
Boris Spivacow, mito de la industria editorial en América Latina: por él celebramos el Día del Editor

Hoy se celebra el Día del Editor por Boris Spivacow. Desde luego, un editor, pero no cualquier editor: fue el primer gerente general de Eudeba (Editorial Universitaria de Buenos Aires) convirtiendo al sello en uno de los más importantes del mundo. También fundó el Centro Editor de América Latina. Por su trabajo ganó el Premio Sudamericana de Ciencias Sociales y el título de Profesor Honorario de la Universidad de Buenos Aires. Por él, celebramos el Día del Editor.

Su historia empieza antes de su nacimiento, con sus padres, inmigrantes rusos de origen judío. Activistas políticos que, además, rompieron con el mandato religioso de la familia y se hicieron ateos. Llegaron a la Argentina como suele decirse: con una mano adelante y otra atrás. “Mamá y papá eran gente revolucionaria. Mamá tenía pensamientos más intuitivos, papá era un intelectual, pero alimentado también por lazos afectivos”, recordó tiempo después Spivacow.

En Rusia, su madre estuvo presa por sus actividades revolucionarias. De eso, y de tanto más, le habló al pequeño Boris, nacido el 17 de junio de 1915. Ya adolescente, trabajó en un taller de artículos para la moda que su familia tenía en la Avenida Santa Fe de la Ciudad de Buenos Aires. Por entonces ya leía, y mucho. Le interesaba la literatura rusa y la francesa. ¿Su autor favorito? Balzac. Solía visitar seguido la biblioteca de la Casa del Pueblo y la Biblioteca del Maestro.

Boris Spivacow fue el primer
Boris Spivacow fue el primer gerente general de Eudeba, la Editorial Universitaria de Buenos Aires (Foto: Facebook Eudeba)

Luego de un paso breve por la carrera de Ingeniería Civil, en 1944 se recibió de Licenciado en Matemáticas en la Universidad de Buenos Aires. En esa época ingresó en la Federación Juvenil Comunista y fue sancionado durante la primera presidencia de Perón: “No estaba dispuesto a ponerme el crespón negro cuando murió Evita”. En ese momento se alejó de la universidad y comenzó a dar clases particulares, sobre todo a europeos que escapaban de la guerra y necesitaban aprender castellano.

Con los italianos Leone Amati y Manuel Diena fundó la Editorial Abril y más tarde, con la caída del gobierno de Perón en 1955, empezó a dar clases de Análisis Matemático en la Universidad de Buenos Aires. Fue entonces cuando creó la editorial Eudeba y más tarde, en 1966, dos meses después de la Noche de los Bastones Largos, el Centro Editor de América Latina: en total, hasta 1995 que cerró, publicaron 5000 títulos.

En diciembre de 1978 la dictadura allanó los depósitos que el Centro Editor alquilaba en Avellaneda y se llevaron detenidos a 14 trabajadores e incautaron un millón y medio de libros. Spivacow se presentó de inmediato ante las autoridades militares: logró la libertad de sus compañeros pero no de los libros, que terminaron en el fuego.

“Esta quema no fue un hecho aislado”, escribió Mariana Enriquez en un artículo publicado en Página/12 en el año 2000. “Sino más bien la culminación de una persecución que atacó muchas editoriales, entre ellas el allanamiento y clausura de Siglo XXI editores, y más tarde el encarcelamiento de los directivos, el cierre definitivo y la quema de libros de la editorial Constancio C. Vigil en Rosario y la desaparición de trabajadores editoriales como Graciela Mellibovsky (asistente de producción del CEAL), Pirí Lugones (correctora y traductora de Jorge Alvarez, Carlos Pérez Editor y Crisis) y tantos otros”.

(Foto: Facebook Eudeba)
(Foto: Facebook Eudeba)

Beatriz Sarlo trabajó en Eudeba. Ingresó en 1965, cuando vio un cartel en la Facultad de Filosofía y Letras que solicitaba “estudiante para trabajar en Eudeba”. “Sugerente, Boris Spivacow, un hombre de izquierda, judío, hijo de inmigrantes pobres, popularísimo profesor de la Facultad de Ciencias Exactas, ya era, cuando tenía poco más de cincuenta años, un mito de la industria editorial en América Latina. Fue Boris Spivacow quien me entrevistó y me dio el trabajo”, contó en un texto publicado en Clarín en 2017.

Durante varias décadas fue ese mito. Y lo siguió siendo, incluso después de que su vida se apague. Hacia 1991 sonó la alarma: le diagnosticaron apnea del sueño y si bien siguió trabajando, falleció tres años después, el 16 de julio de 1994, a los 79 años. Hoy, por él, celebramos el Día del Editor y reivindicamos un oficio central en ese universo gigante y necesario que llamamos literatura.

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