
Lo primero que hay que decir de Onetti es que su segundo apellido era Borges: su madre, Honoria Borges, era descendiente de una familia aristocrática brasileña de Río Grande do Sul. Lo segundo, que el apellido original de su familia paterna no era Onetti, sino O’Nety, de origen irlandés o escocés. Como sea, Juan Carlos Onetti, que nació en Montevideo en 1909 y construyó una obra inquietante, vibrante, singular, hoy está de efemérides: se cumplen treinta años de su muerte.
Tenía 84 años el día en que dio su último suspiro. Fue en una clínica madrileña. Causa de muerte: infarto agudo de miocardio, problemas hepáticos. Sus restos fueron cremados en el Cementerio de La Almudena, en Madrid. Tras su muerte, en Uruguay, la Intendencia de Montevideo rebautizó al Concurso Literario Municipal como Concurso Literario Juan Carlos Onetti. Poco a poco, su nombre a sonar fuerte entre quienes aún no lo habían leído. Los esperaba la fascinación.
¿Cómo adentrarse en la obra de Onetti, ganador del Cervantes en 1980 y del Gran Premio Nacional de Literatura de Uruguay en 1985? ¿Qué libros tienen lo mejor de su prosa, de su imaginario, de su visión del mundo? Para conocer mejor a “uno de los pocos existencialistas en lengua castellana”, según Cristina Peri Rossi, y a “uno de los grandes escritores modernos, y no sólo de América Latina”, según Mario Vargas Llosa, lo mejor es empezar por acá:
El pozo
El pozo, su novela debut, tiene 110 páginas. Se publicó en 1939. Escrita durante un fin de semana en el que el narrador se quedó sin tabaco, la novela es un monólogo en el que su protagonista, Eladio Linacero, vuelca su escepticismo por la existencia y la vida en general, y la evade a partir de diversos sueños que acuden a su mente, y en especial uno, nacido a partir de un hecho real ocurrido en la adolescencia.

Tierra de nadie
Su segunda novela, Tierra de nadie, publicada en 1941, relata las andanzas de un grupo de marginados, cuyo único deseo es huir de la capital rioplatense desgastada y sucia que ya no los atrae, divaga en torno a una isla polinesia cuyo nombre es Faruru, el único lugar del mundo en el que se puede no hacer nada sin hacerle mal a nadie y sin que nadie se interese. Un paraíso para los sueños que acaba sucumbiendo ante la cruda realidad.

La vida breve
Quizás su novela más famosa, publicada en 1950, sea La vida breve. El protagonista llamado Brausen escucha a través de una pared una conversación entre un hombre y una mujer. Imagina sus gestos, sus sentimientos. Brausen vive con su mujer, mutilada tras una complicada operación, y para compensar ese vacío físico que detendrá sus caricias, él imagina historias: la de Santa María, y la de un médico llamado Díaz Grey. Pero no solo desea imaginar que es otro, también quiere serlo.

El astillero
El protagonista de este libro, publicado en 1961, regresa después de un tiempo a la ciudad de Santa María para emplearse en un astillero donde se reparan los buques. Allí se enamorará de la hija del dueño y ella representará para él la última oportunidad que tiene de encontrarle un sentido a su vida. Su nombre es Larsen, y pese a que está convencido de que fluirán las cosas, pronto descubre que quizá su única salida sea la locura.

Juntacadáveres
En 1964 publicó Juntacadáveres, una historia extraña y a la vez apasionante donde un tal Larsen —le título de la novela responde a su sobrenombre—llega a Santa María junto a tres prostitutas entradas en años (Irene, Nelly y María Bonita) con las que monta un burdel. No se trata de un lugar cualquiera, dedicado al simple desahogo sexual, o al menos eso es lo que pretende Larsen. Allí, gracias al saber hacer de las viejas meretrices, los hombres conocerán algo más.

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