“Más allá de las creencias, somos diversos por esencia y no hay que pedir permiso a nadie por esa diversidad”, afirma el realizador argentino Daniel Burman, que ha estrenado en el Festival de Cannes “Transmitzvah”, una comedia sobre el regreso y los lazos familiares de una diva trans de la canción yidis.
“Estoy muy honrado, muy emocionado. Este es el festival de festivales”, cuenta Burman sobre su primer paso por la Croisette con un proyecto propio, aunque sea fuera de competición, después de haber formado parte del jurado de la sección Una cierta mirada en 2021.
‘Transmitzvah’, que se estrenó anoche bajo las estrellas, en el denominado Cine de la Playa del festival (las únicas sesiones abiertas a todo el público), cuenta inicialmente la historia de Rubén, el hijo menor de la familia Singman, que desafía las normas al pedir un Bat Mitzvah, en lugar de un Bar Mitzvah, como le tocaría a los varones.
Dos décadas después, regresa a su Buenos Aires natal como Mumy Singer (interpretada por la española Penélope Guerrero), una diva de la canción yidis que, pese a su estatus de estrella, pierde su voz tras una mala noticia y busca completar aquel ritual postergado del paso a la vida adulta con la ayuda de su hermano Eduardo (Juan Minujín).

“Una de las frases que más me gustan de esa película es cuando ella dice que no necesita ser tolerada, porque no es ni gluten ni lactosa. Tenemos que dejar de pedir que las religiones nos toleren”, argumenta el realizador del filme, en cuyo currículum destacaban ya títulos como El rey del Once o El abrazo partido.
La idea de este proyecto se remonta a una preocupación de Burman, padre de cinco hijos, por la focalización que aprecia hoy de la identidad -especialmente durante la adolescencia- en la cuestión del género (entendido, por supuesto, como el género que al que uno se siente pertenecer).
“El camino de la identidad tiene mil facetas. Es un camino largo en el cual uno no llega nunca, porque antes lo interrumpe la muerte”, razona el cineasta.

Las minorías más allá de sus tragedias
‘Transmitzvah’ también se revela contra la dictadura de representar a los colectivos minoritarios exclusivamente a partir de los problemas propios de su diversidad. “Si hay una mujer trans -ejemplifica Burman- tiene que haber un conflicto de una mujer trans, lo que es totalmente absurdo y reduccionista”.
Para lograr afinar la mirada, a la vez que mantener una postura respetuosa con una comunidad que ha sufrido muchas violencias y las sigue sufriendo, Burman trabajó mucho el guion con su protagonista, Penélope Guerrero.
De la historia, a él le interesaba, en realidad, contar “la mayor transición que viven todos los seres humanos”, sin importar dónde viven, que es “de la niñez a la adultez”. Por eso, el hecho de que la protagonista, además, haya hecho su propia transición de género es un elemento más de ‘Transmitzvah’, pero no el tema principal de la película.

El verdadero dilema al que se enfrenta Mumy Singer es el de afrontar que, “cuando nos convertimos en aquello que soñamos”, en palabras de Burman, también vamos dejando de lado piezas de lo que éramos y del legado que nuestra familia y nuestra comunidad proyectaron sobre nosotros.
Aparece entonces la necesidad de “religar” con el pasado, que es el sentido de la religión que a Burman, que es judío pero huye de una concepción dogmática de la fe, más le interesa.
Tristeza por la crisis del cine argentino
Aunque sí que hay representación argentina en las secciones paralelas, la de Burman es la única embajadora del cine de ese lado del Río de la Plata en la selección oficial de esta 77 edición del Festival de Cannes.
Es una participación que llega en un momento de grave crisis para el séptimo arte en el país latinoamericano, debido al incierto futuro de la industria por los recortes del Gobierno del ultraliberal Javier Milei.

“Veo con muchísima tristeza que, seguramente, en uno o dos años no va a haber cine argentino, que los últimos 70 años de la construcción de una cinematografía realmente puedan desaparecer”, lamentó Burman. Pero el realizador también hace hincapié en que la industria del cine no es “el ombligo del mundo”.
“Vivimos parte de una tragedia mucho mayor, que es que cada dos personas, una llega a la noche a la casa y no puede llenar la mesa de comida para su familia”, recordó.
Fuente: EFE
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