
El artista irlandés Francis Bacon mantuvo una relación turbulenta, pero artísticamente fecunda, con George Dyer, un presunto embaucador del que se enamoró y al que cristalizó en decenas de retratos, uno de los cuales –acaso el más significativo– saldrá a la venta en marzo a través de una subasta realizada por la casa Sotheby’s. La obra sólo fue exhibida al público en dos oportunidades
Bacon tenía 54 años cuando conoció a Dyer, por entonces de 29. Un rumor nunca confirmado –ni desmentido del todo– sostiene que el joven entró a robar en el departamento del artista y quedó encandilado con el éxito del pintor, que a su vez se enamoró de su vulnerabilidad.
El pintor tenía otra versión para el comienzo del romance: sostenía que se habían conocido en un bar del Soho, cuando Dyer se plantó ante Bacon y sus amigos con una ocurrencia: “Parece que todos ustedes lo están pasando bien. ¿Puedo invitarte a una copa?”, le dijo.

Desde entonces, compartieron un inestable vínculo atravesado por los excesos que terminó cuando Dyer se suicidó en 1971: en el transcurso, el artista aprovechó para dedicarle a su amante decenas de obras que no escapan a las señas particulares de sus retratos descarnados, ejecutados con pinceladas enérgicas, casi violentas.
Uno de ellos saldrá a la venta el mes que viene como parte de la subasta que Sotheby’s consagra al arte moderno y contemporáneo, según anuncia el periódico The Guardian. Titulado informalmente Estudio de George Dyer, podría considerarse una de sus obras más significativas más allá de sus cualidades pictóricas: el artista consideró que la pintura era tan importante que la seleccionó personalmente para aparecer en su primera gran retrospectiva en el Grand Palais de París en 1971, pero dos días antes de la inauguración su compañero murió de una sobredosis de pastillas para dormir en la habitación de hotel de la pareja.
El tríptico, integrado por tres retratos de Dyer pintados entre 1964 y 1970, fue adquirido por el propietario actual de la Galería Marlborough de Londres en 1970, el mismo año en que fue pintado, y desde entonces sólo se ha visto públicamente dos veces: primero en el Grand Palais y luego en una exposición en la Galería Marlborough en 1993. Ahora, cinco décadas después de su creación, se espera que alcance entre 5 y 7 millones de libras (equivalente a entre 6,32 y 8,83 millones de dólares) cuando salga a subasta el próximo mes.

“Cuadros espantosos” según Margareth Thatcher
El artista se basó en fotografías de Dyer capturadas por John Deakin en 1964, que luego fueron encontradas rasgadas, rotas y con pintura salpicada entre los escombros en el estudio del pintor. Ese detalle coincide con las apreciaciones sobre este creador obstinado, de los más originales que tuvo el siglo XX. “No se parecía a nadie –afirman quienes lo conocían–. Vivía en un gran estudio, todo estaba roto, todo estaba sucio, todo era maravilloso”.
En el cuadro que sale ahora a la venta, las franjas gestuales están enmarcadas por un fondo negro para ilustrar el manejo deformado y torcido de la pintura por parte del artista, que cristaliza de este modo un retrato toda la gama de su turbulenta y ardiente relación con su amante, pero también el componente sombrío de un estilo que motivó a la ex premier Margaret Thatcher a definir a Bacon como “el hombre que pinta esos cuadros espantosos”, y a sus cuadros como “asquerosa carne en descomposición”.
“George Dyer fue sin duda el mayor amor de Francis Bacon –aseguró el director senior de arte contemporáneo de Sotheby’s, Tom Eddison, en declaraciones a The Guardian–. Un encuentro casual pronto se convirtió en algo que en realidad sólo podría describirse como una historia de amor tempestuosa y apasionada, con Dyer ocupando rápidamente una posición de suma importancia en el gran teatro de la vida y obra de Bacon”, agregó.

La muerte de su amante le produjo un shock a Bacon. La prueba de ello es que el pintor realizó decenas de estudios sobre el rostro de su amante, al que retrata hasta en 40 ocasiones, pero solo dos veces lo hace con nombre y apellidos, lo que convierte a la pieza a subastarse ahora en “extraordinaria”, según la casa de remates.
Nacido en Dublín en 1909, Bacon y su familia se mudaron entre Irlanda e Inglaterra varias veces, lo que le provocó una sensación de desplazamiento que acompañó al artista durante toda su vida. Su familia se instaló en Gloucestershire poco después del establecimiento del Estado Libre de Irlanda. y él se sintió atraído por la pintura después de inspirarse en varias visitas a galerías de arte mientras vivía entre Berlín y París en 1926.
Dos años más tarde, regresó a Londres para trabajar como diseñador de interiores, un trabajo práctico para complementar sus deseos artísticos. Su primera pintura que atrajo la atención del público fue su Crucifixión de 1933 . Obsesionado con la anatomía y la forma humana, la religión, los retratos crudos y el brutalismo temático, estableció su estilo singular y desarrolló una carrera durante casi seis décadas hasta convertirse en uno de los artistas más influyentes del siglo XX. Murió en 1992, a los 82 años.
Fuente: Télam S. E.
[Fotos: Sotheby’s; Getty Images; Grosby Group; Christie’s Images / Bridgeman Images; Reuters]
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